No puedo mantener el coche limpio ni una semana
Lo lavas el sábado. El viernes tu coche parece un contenedor de reciclaje con ruedas. Cada semana. Sin excepción.
Lo lavas el sábado. El domingo ya tiene un envoltorio de chicle en el hueco del freno de mano. El lunes una botella vacía en el asiento del copiloto. El miércoles tres recibos arrugados y una bolsa de plástico que no sabes de dónde ha salido. El viernes tu coche parece un contenedor de reciclaje con ruedas.
Y tú mirándolo pensando: "Pero si lo lavé hace cinco días."
Pues sí. Y da igual. Porque el problema no es lavar el coche. El problema es lo que pasa entre lavado y lavado.
¿Por qué tu coche vuelve al caos si lo acabas de limpiar?
A ver, vamos a lo importante.
Tu coche no se ensucia solo. O sea, sí, técnicamente sí, pero no hablo del polvo. Hablo de las cosas que tú dejas dentro. El vaso del café que vas a tirar "cuando salga". La sudadera que te quitaste porque hacía calor. El cable del cargador que no volviste a enrollar. Las gafas de sol que cambiaste de sitio tres veces y al final quedaron en el suelo del asiento trasero.
Cada una de esas cosas es una micro-decisión que no tomaste en el momento.
Y no la tomaste porque tu cerebro estaba en otra cosa. Llegaste a casa pensando en la cena. O en el email que no contestaste. O en nada concreto, que es lo peor, porque ni siquiera puedes señalar qué te distrajo. Simplemente saliste del coche, cerraste la puerta, y todo lo que había dentro dejó de existir para ti.
Hasta que un día abres la puerta y parece que vives ahí dentro.
Esto no es dejadez. Es que mantener un espacio limpio requiere algo que se llama mantenimiento pasivo. Pequeñas acciones automáticas que la mayoría de la gente hace sin pensarlas. Coger el vaso al salir. Guardar las gafas en la guantera. Llevarse la bolsa. Cosas que duran 4 segundos pero que tu cerebro no prioriza porque no tienen ninguna urgencia.
Y si tu sistema de atención funciona por urgencia en vez de por hábito, esos 4 segundos no existen. No porque no puedas. Porque tu cerebro ya estaba en otra parte antes de que cerraras la puerta.
No es solo el coche. Es todo lo que necesita mantenimiento constante.
Piénsalo un momento.
¿Tu escritorio? Igual. Lo ordenas un día y a la semana hay tres tazas, papeles sueltos y un cable que no sabes de qué es. ¿Tu habitación? Igual. ¿Tu mochila? Ni te cuento.
Es el mismo patrón que cuando no puedes mantener nada ordenado más de dos días. Da igual el espacio. Da igual el tamaño. Da igual si es un coche, un armario o una mesa. Lo que falla no es el orden. Lo que falla es el sistema de mantenimiento.
Porque ordenar es un evento. Mantener es un proceso. Y los procesos requieren atención sostenida en tareas de baja estimulación. Que es exactamente lo que peor se le da a un cerebro que funciona como el tuyo.
Es como tener una mesa donde solo caben dos cosas: cada vez que pones una nueva, se cae otra. Y el coche es esa mesa. Cada día entran cosas nuevas y las viejas ni las ves.
La trampa del "es que soy un desastre"
Y aquí viene lo que me jode más de este tema.
Que te miras el coche y piensas que eres un desastre. Que la gente normal no vive así. Que es una cuestión de actitud, de ganas, de ser más limpio o más responsable.
Pero no. No es eso.
Te lo digo por experiencia: yo he tenido épocas en las que mi coche era un vertedero ambulante. Y no era porque me diera igual. Era porque cada vez que salía del coche, mi cerebro ya había saltado a lo siguiente. El coche quedaba atrás, literalmente y mentalmente.
Y cuando alguien se subía y decía "tío, menudo panorama", la vergüenza era real. Porque sabías que no tenía sentido. Que limpiar el coche lleva 10 minutos. Que no hay excusa. Pero la excusa no es la que piensas. La excusa es que te cuesta todo más que a los demás y no sabes por qué.
Y cuando no sabes por qué, la explicación más fácil es "soy vago". Que no es verdad. Pero es la que más rápido llega.
Lo que funciona (un poco) para que tu coche no parezca un contenedor
No te voy a engañar: no tengo una solución mágica. Si la tuviera, mi coche estaría impecable y no estaría escribiendo esto.
Pero hay cosas que ayudan.
La primera: no salgas del coche con las manos vacías. Cada vez que abras la puerta, coge una cosa. Una. No cinco. No "voy a limpiar todo ahora". Una cosa. El vaso. La bolsa. Lo que sea. Es un truco estúpidamente simple, pero reduce la acumulación lo suficiente como para que no llegues al viernes con un ecosistema dentro del coche.
La segunda: acepta que vas a tener que limpiar el coche más seguido que la mayoría de la gente. No porque seas peor. Porque tu sistema de mantenimiento pasivo no funciona igual. Y eso no es un defecto moral. Es una característica de cómo procesas la atención.
La tercera: deja de compararte con la persona que tiene el coche perfecto. Esa persona no tiene mérito. Su cerebro lo hace automático. El tuyo no. Tú necesitas más estructura para el mismo resultado. Y eso está bien. Es lo que hay.
Porque al final, el coche desordenado no es el problema. Es el síntoma. El problema es que tu cerebro necesita que las cosas tengan urgencia para actuar, y recoger un envoltorio de chicle nunca va a tener urgencia. Y saber eso ya es la mitad de la batalla. La otra mitad es entender por qué eres tan desorganizado y dejar de castigarte por ello.
Esto no lo digo como diagnóstico, que no soy médico. Si esto te suena demasiado familiar, si no es solo el coche sino todo en tu vida, lo que toca es consultarlo con un profesional de verdad.
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