Tengo cursos comprados que nunca voy a ver y sigo comprando
Tu carpeta de cursos online es un cementerio. Compras con ilusión, ves el módulo 1 y desaparecen. El problema no es el curso.
Acabo de comprar otro curso.
No te voy a decir cuánto me he gastado en cursos online este año porque me da vergüenza. Pero te doy una pista: es más de lo que gasto en comida. Y vivo en Polonia, donde la comida es barata. O sea, haz cuentas.
El patrón es siempre el mismo. Veo un anuncio o una recomendación. El curso promete exactamente lo que necesito. Lo compro. Abro el primer módulo con una emoción que no soy capaz de explicar. Tomo apuntes del módulo 1 como si me fuera la vida en ello. El módulo 2 lo veo por encima. El módulo 3 lo empiezo y no lo termino. Y del módulo 4 en adelante, el curso se une al cementerio.
Tengo una carpeta en mi ordenador que se llama "Cursos". Dentro hay 23 cursos. Terminados: dos. Dos de veintitrés.
¿Por qué seguimos comprando si sabemos que no los vamos a terminar?
Esta es la pregunta del millón.
Porque saberlo no sirve de nada. Lo sé perfectamente. Cada vez que compro un curso nuevo, hay una vocecita que me dice "no lo vas a terminar". Y cada vez le contesto "esta vez es diferente". Y cada vez me equivoco.
Pero la compra se siente increíble. Ese momento en el que le das a "Comprar ahora" y te imaginas quién serás cuando termines el curso. Ya no eres tú. Eres la versión mejorada de ti. La versión que sabe diseño gráfico, que domina el SEO, que habla italiano, que entiende de inversiones.
La compra es la parte fácil. La dopamina del "voy a aprender esto" es la recompensa. El aprendizaje real, que es lento, aburrido y repetitivo, es la parte que tu cerebro rechaza.
Es como si comprar el curso fuera el hobby. No hacer el curso. Comprarlo.
El módulo 1 es siempre el mejor
¿Sabes por qué? Porque el módulo 1 es pura novedad.
Todo es nuevo. La plataforma, el profesor, la introducción, las promesas de lo que viene. Tu cerebro está absorbiendo información nueva a toda velocidad y liberando dopamina como si no hubiera mañana.
Pero el módulo 3 ya no es nuevo. Ya conoces al profesor. Ya sabes cómo funciona la plataforma. El contenido empieza a ser más denso, más técnico, más repetitivo. Y tu cerebro, que estaba de fiesta, se va a dormir.
Y justo cuando el módulo 3 se pone cuesta arriba, aparece otro curso nuevo. Con otra promesa. Otra portada bonita. Otro módulo 1 que será pura dopamina.
Y vuelta a empezar.
Es el ciclo de empezar fuerte y abandonar pronto, aplicado a la formación online. Y no tiene nada que ver con la calidad del curso ni con tus ganas de aprender. Si esto te suena, probablemente también reconozcas la biblioteca de cursos que compras y que se convierten en vergüenza.
La culpa del "he desperdiciado dinero"
Lo peor no es no terminar los cursos. Lo peor es la culpa.
Porque cada curso sin terminar es un recordatorio silencioso de que "no fuiste capaz". Está ahí, en tu plataforma, con la barra de progreso al 15%, juzgándote. Y cada vez que lo ves piensas "debería terminarlo". Pero no lo haces. Porque la sola idea de volver a un curso a medias se siente como masticar cartón.
Y entonces te dices cosas como "soy un desastre con el dinero", "no me comprometo con nada", "no tengo disciplina". Frases que llevas repitiéndote tanto tiempo que ya te las crees.
Pero déjame que te cuente algo. Lo que te pasa con los cursos no es una cuestión de compromiso. Porque el módulo 1 lo hiciste con un compromiso espectacular. Las primeras horas estuviste concentrado como un cirujano. El problema no es el compromiso. Es que tu cerebro no puede mantenerlo cuando la novedad desaparece.
¿Y si el problema fuera el cerebro, no la voluntad?
A ver, esto es lo que me tardé años en entender.
Hay cerebros que regulan la dopamina de forma diferente. Cerebros que funcionan a tope con lo nuevo pero se apagan con lo familiar. Es lo que se llama el bajón post-hiperfoco, ese vacío que aparece cuando la novedad se acaba. Que pueden pasar horas hiperfocalizados en algo que les interesa pero no aguantan 20 minutos con algo que ya conocen.
Esos cerebros no tienen menos disciplina. Tienen un sistema de recompensa que funciona con reglas distintas. Y cuando alguien con ese tipo de cerebro intenta terminar 23 cursos usando la estrategia de "simplemente ponte a hacerlo", fracasa. No por falta de esfuerzo. Porque la estrategia no está diseñada para su cerebro.
El TDAH. Ahí está. Otra vez la misma explicación que conecta patrones que parecían no tener nada que ver entre sí. Los cursos, los libros a medias, los 30 proyectos empezados y ninguno terminado.
Todo es lo mismo. Todo es el mismo cerebro haciendo lo mismo con cosas diferentes.
¿Qué hago con los 23 cursos que tengo acumulados?
Mira, lo que a mí me funciona es aceptar que no los voy a terminar todos. Ya está. Sin culpa. Si los compré y saqué algo del módulo 1, no es dinero tirado. Es un módulo 1 que me enseñó algo.
Pero para los nuevos, tengo una regla: antes de comprar un curso, tengo que terminar (o descartar oficialmente) uno que ya tenga. Lo llamo "la regla del uno". No compro nada nuevo hasta que no cierre algo viejo.
¿Funciona siempre? No te voy a engañar. A veces mi cerebro me convence de que "este es urgente y no puede esperar". Pero funciona bastante más que no tener ninguna regla.
Y la clave no es forzarte a terminar cursos que ya no te interesan. Es entender por qué te pasa. Porque cuando entiendes el mecanismo, dejas de culparte. Y cuando dejas de culparte, puedes tomar mejores decisiones sobre qué compras y qué no.
Si esto te suena, si tu carpeta de cursos es más grande que tu lista de logros, hay algo que vale la pena explorar.
Tengo un test gratuito de 43 preguntas que te ayuda a entender cómo funciona tu cerebro con la novedad y la constancia. 10 minutos. No diagnostica, pero pone nombre a lo que llevas sintiendo mucho tiempo. Hacer el test
---
Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que hay algo detrás de estos patrones, habla con un psicólogo o psiquiatra.
Sigue leyendo
Me cuesta delegar porque necesito controlarlo todo
No delegas porque si no lo haces tú, te da la sensación de que saldrá mal. Pero el problema no es confianza. Es cómo funciona tu cabeza.
Me siento culpable por todo, incluso lo que no es culpa mía
Sientes culpa por cosas que no has hecho. Por descansar. Por decir que no. Por existir mal. No eres raro. Tu cerebro tiene el modo culpa activado.
Mi humor puede cambiar completamente por una canción
Vas bien y de repente suena una canción y tu humor cambia de golpe. No eres inestable. Es un cerebro sin filtro emocional.
Organizo mi semana el domingo y el lunes ya está todo roto
Planificas el domingo con colores y todo. Lunes a las 10 ya nada tiene sentido. Si tu planificación semanal muere el primer día, no es tu culpa.