Me cuesta delegar porque necesito controlarlo todo

No delegas porque si no lo haces tú, te da la sensación de que saldrá mal. Pero el problema no es confianza. Es cómo funciona tu cabeza.

"Si lo hago yo, sé que está bien hecho."

Esa frase. Esa puñetera frase que te has dicho mil veces y que suena a responsabilidad pero en realidad es una cárcel.

Porque lo que realmente estás diciendo es: "Si lo hace otro, pierdo el control. Y si pierdo el control, me entra una ansiedad que no puedo gestionar."

Y al final haces tú todo. Y te quemas. Y te quejas de que nadie te ayuda. Pero tampoco dejas que te ayuden.

¿Por qué no puedes soltar el control?

Porque soltar el control implica tolerar la incertidumbre. Y hay cerebros que no toleran la incertidumbre ni con tres cafés y una meditación guiada.

Mira, cuando delegas, pierdes la visibilidad sobre cómo se hace algo. No sabes si la otra persona lo va a hacer como tú lo harías. No sabes si va a cumplir los plazos. No sabes si el resultado será lo que esperas.

Y para un cerebro que necesita previsibilidad para funcionar, eso es insoportable.

No es que no confíes en los demás. Es que tu sistema nervioso se dispara cuando no controla las variables. Y la única forma de controlar las variables es hacerlo todo tú.

Que es insostenible. Pero al menos te da una falsa sensación de seguridad.

¿Es perfeccionismo o es otra cosa?

A ver, el perfeccionismo juega un papel. Pero no es solo eso.

El perfeccionismo dice "quiero que esté perfecto". Lo que te pasa a ti dice "si no lo controlo yo, me entra un malestar físico que no puedo explicar".

Es distinto.

Es como la diferencia entre querer ganar una carrera y no poder dejar de correr. Lo primero es ambición. Lo segundo es que algo en tu cerebro no te deja parar.

Y esto pasa mucho en personas con TDAH. Porque el TDAH no es solo distracción. Una de las cosas que menos se hablan es la necesidad de control como mecanismo compensatorio. Llevas años olvidando cosas, dejando tareas a medias, llegando tarde. Y has aprendido que la única forma de que las cosas salgan bien es tenerlas todas bajo tu radar.

Delegar significa renunciar a ese radar. Y tu cerebro, que sabe lo que pasa cuando las cosas se salen del radar, se niega.

No es capricho. Es supervivencia aprendida.

El precio de no delegar

Voy a ser directo. El precio es alto.

Primero, te quemas. Porque hacer el trabajo de tres personas no es sostenible ni aunque te guste tu trabajo.

Segundo, te conviertes en cuello de botella. Todo pasa por ti. Todo depende de ti. Y cuando tú fallas - que vas a fallar, porque eres humano - se cae todo.

Y tercero, la gente a tu alrededor deja de intentarlo. Porque para qué van a hacer algo si tú lo vas a rehacer de todas formas. Y entonces te confirmas en la idea de que nadie hace nada bien. Cuando en realidad, les has quitado la oportunidad de aprender.

Es un patrón que te hace sentir que todo depende de ti y que nadie entiende la presión. Y cuanto más tiempo lo mantienes, más difícil es salir.

¿Cómo empiezas a soltar?

Pues con cosas pequeñas. Que ya sé que suena a consejo de libro de autoayuda, pero es que funciona.

No empieces delegando lo importante. Empieza delegando algo que, si sale mal, no pasa nada grave. Algo que puedas tolerar que salga al 80% en vez de al 100%.

Porque la realidad es que el 80% de otra persona es suficiente en el 90% de los casos. Y el 20% que falta no justifica que tú hagas todo.

Otra cosa que me ayuda: definir el resultado, no el proceso. En vez de decirle a alguien "hazlo así, paso por paso", dile "necesito que el resultado sea este" y déjale encontrar su camino. Porque parte del agobio de delegar viene de imaginar que lo van a hacer "mal", cuando en realidad lo van a hacer "diferente". Que no es lo mismo.

Y si nada de esto te funciona, si la necesidad de control es tan fuerte que acabas dedicando más tiempo a supervisar que a trabajar de verdad, quizá merece la pena mirar más allá del perfeccionismo.

Porque a veces lo que parece un rasgo de personalidad es un síntoma. Y a veces lo que parece una virtud - "soy muy responsable", "soy muy detallista" - es un mecanismo de defensa que tu cerebro montó para compensar algo que no funciona como debería.

No lo digo como diagnóstico. Lo digo como alguien que pasó por ahí. Si esto te resuena, hablar con un profesional no es de débiles. Es de listos.

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