Organizo mi semana el domingo y el lunes ya está todo roto
Planificas el domingo con colores y todo. Lunes a las 10 ya nada tiene sentido. Si tu planificación semanal muere el primer día, no es tu culpa.
Domingo por la noche. Abres la agenda. Pones colores. Bloques de tiempo. Prioridades. Hasta le pones estrellitas a las tareas importantes. Te vas a dormir sintiéndote como un CEO de Silicon Valley.
Lunes a las 10 de la mañana, la semana ya no se parece en nada a lo que planificaste.
Te ha surgido algo urgente. Has dormido mal. No te apetece hacer lo primero de la lista. Y de repente el planning perfecto del domingo es un documento decorativo que te mira desde la pantalla juzgándote.
¿Por qué mi planificación nunca sobrevive al lunes?
Porque planificar y ejecutar son dos cosas completamente diferentes. Y tu cerebro es muy bueno en una y muy malo en la otra.
El domingo por la noche, tu cerebro está en modo imaginación. Puede ver la semana entera como un mapa perfecto. Puede organizar tareas, priorizar, decidir. Porque no tiene que hacer nada de eso ahora mismo. Solo tiene que imaginarlo. Y la imaginación no tiene fricción.
Pero el lunes a las 8, ya no estás imaginando. Estás ejecutando. Y ejecutar requiere algo que el domingo por la noche no necesitabas: tomar decisiones en tiempo real. Cambiar de tarea. Adaptarte. Gestionar interrupciones. Y tu cerebro del domingo no planificó para eso. Planificó para un mundo perfecto que no existe.
Es como dibujar un mapa de una ciudad que nunca has visitado. Puede quedar muy bonito. Pero cuando llegas y hay obras en la calle principal, el mapa no te sirve de nada.
El problema de planificar para tu yo perfecto
Esto es algo que me costó años entender.
Cuando planificas el domingo, no estás planificando para ti. Estás planificando para una versión idealizada de ti que duerme 8 horas, se levanta motivado, no se distrae con el móvil y tiene una capacidad de concentración de astronauta.
Esa persona no existe.
Pero cada domingo te convences de que esta semana sí va a existir. Y el lunes te encuentras con la misma persona de siempre. La que necesita 40 minutos para arrancar. La que se pierde en YouTube a las 11. La que tiene hambre a las 12 y pierde la mañana entera.
Y no es que seas un desastre. Es que la diferencia entre el tú que planifica y el tú que ejecuta es brutal. Por eso sientes que todo te cuesta más que a los demás. Porque estás comparando tu ejecución real con la planificación de alguien que no existe.
¿Y si el problema no es la planificación?
Mira, no te voy a decir que dejes de planificar. Planificar está bien. El problema es cómo planificas.
Si planificas la semana como si fueras una máquina, va a fallar. Siempre. Porque no eres una máquina. Eres una persona que tiene días malos, días buenos, días que no duerme bien y días que se levanta a comerse el mundo.
Lo que a mí me funciona es planificar para el peor día. No para el mejor. Si mi plan funciona el día que he dormido 5 horas y no tengo ganas de nada, entonces funciona siempre. Si solo funciona cuando estoy al 100%, no es un plan. Es una fantasía.
Pues mira, otro truco: deja de planificar la semana entera. Planifica solo mañana. Una o dos cosas que vas a hacer sí o sí. No ocho. No quince. Una o dos. Porque no puedes ser constante aunque quieras, pero sí puedes hacer una cosa hoy. Y mañana otra. Y al final de la semana has hecho más que con el planning de colores del domingo.
Las estrellitas no te van a salvar
Ya te digo, esto de los sistemas bonitos me los conozco de memoria. He tenido Notion con 87 bases de datos. He tenido Trello con columnas de colores. He tenido bullet journal con pegatinas japonesas. Y ninguno de esos sistemas sobrevivió más de un mes.
Porque los 21 días para crear un hábito no funcionan si tu cerebro no está diseñado para la constancia automática. Y no hay agenda en el mundo que arregle eso.
Lo que sí funciona es entender cómo funciona tu cerebro de verdad. No el cerebro del domingo por la noche. El cerebro del lunes a las 10. Ese es el que necesitas conocer.
Y si cada domingo repites el mismo ciclo - planificas, fallas el lunes, te frustras, y el siguiente domingo vuelves a planificar como si nada - a lo mejor no es un problema de organización. A lo mejor es un patrón que tiene una explicación.
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