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Divorciarse con TDAH: el caos emocional y burocrático al cuadrado

Un divorcio ya es un infierno logístico. Con TDAH, cada trámite, cada emoción y cada decisión se multiplica por diez.

tdah

Un divorcio ya es complicado para cualquiera.

Ahora añádele un cerebro que no puede hacer papeleos, gestionar emociones ni mantener una rutina estable. Bienvenido al divorcio con TDAH.

Yo no me he divorciado (todavía, toquemos madera), pero he visto a gente cercana pasar por ello. Y lo que más me llamó la atención no fue la tristeza. Fue la logística. La cantidad absurda de decisiones, formularios, plazos y llamadas que hay que hacer mientras tu vida se desmonta. Y pensé: si yo tuviera que hacer todo eso con mi cerebro, estaría perdido antes de firmar el primer papel.

Porque un divorcio no es solo una ruptura emocional. Es un proyecto de gestión. De los gordos. De los que tienen subtareas, plazos legales, documentos que firmar en notaría, cuentas bancarias que dividir, custodia que negociar. Es un máster en administración que nadie ha pedido y que encima tienes que cursar mientras lloras en el coche al salir del abogado.

Para alguien sin TDAH, eso ya es un infierno.

Para alguien con TDAH, es el infierno al cuadrado.

¿Por qué un divorcio golpea diferente cuando tienes TDAH?

Porque un divorcio activa todos tus puntos débiles a la vez.

Pensemos en lo que necesitas para gestionar un divorcio: organización, constancia en los plazos, regulación emocional, capacidad de tomar decisiones importantes bajo presión, y aguantar papeleos eternos sin que tu cerebro se vaya a buscar vídeos de gatos.

Ahora pensemos en lo que el TDAH te quita: organización, constancia en los plazos, regulación emocional, capacidad de tomar decisiones importantes bajo presión, y aguantar papeleos eternos sin que tu cerebro se vaya a buscar vídeos de gatos.

Es la misma lista. Exactamente la misma.

Es como pedirle a alguien que no sabe nadar que cruce un río. En invierno. De noche. Con la ropa puesta. Y encima le dices "tranquilo, solo tienes que llegar al otro lado".

La montaña de papeles que tu cerebro no puede procesar

Si alguna vez has sentido el horror administrativo del TDAH, multiplícalo por mil. Un divorcio es burocracia en estado puro. Convenio regulador, liquidación de bienes, régimen de visitas, pensiones, cambios en el registro civil, actualizar el padrón, separar seguros, cancelar cuentas conjuntas.

Cada uno de esos trámites tiene su propio plazo. Su propio formulario. Su propia ventanilla. Y tu cerebro, que ya se bloquea cuando tiene que renovar el DNI, ahora tiene que gestionar quince procesos administrativos simultáneos, cada uno con consecuencias legales reales si se te pasa la fecha.

Y no es solo que se te olvide. Es que tu cerebro te sabotea de formas creativas. Guardas el documento importante "en un sitio seguro" y luego no recuerdas cuál era ese sitio. Empiezas a rellenar un formulario y a la mitad te quedas mirando la pared quince minutos. Pierdes la carta del juzgado entre facturas de la luz y folletos de pizza. Y cada error, cada olvido, tiene consecuencias reales. No es olvidarte de comprar leche. Es olvidarte de una fecha en el juzgado.

Las emociones sin filtro

La parte burocrática es mala. Pero la emocional es peor.

El TDAH no solo afecta a la atención. Afecta a cómo sientes. Todo lo sientes más fuerte, más rápido, más tiempo. La tristeza no es tristeza, es un pozo. La rabia no es rabia, es una erupción. Y la culpa. La culpa es lo peor. Porque el cerebro con TDAH es experto en bucles de culpa.

"¿Y si hubiera sido mejor pareja?" "¿Y si el TDAH fue lo que lo rompió todo?" "¿Y si hubiera hecho más?"

Esos pensamientos no vienen una vez. Vienen en bucle. Vienen a las tres de la madrugada. Vienen cuando estás en el supermercado comprando para uno en vez de para dos.

Y mientras tu cabeza está en ese bucle, tienes que tomar decisiones importantes. Decisiones sobre custodia, sobre dinero, sobre dónde vas a vivir. Decisiones que requieren un cerebro frío y racional. Justo lo que no tienes.

Si alguna vez has vivido una ruptura con TDAH, sabes de lo que hablo. El duelo con TDAH no es lineal. Es un pinball emocional donde un día estás bien y al siguiente no puedes levantarte del sofá.

Los conflictos que se multiplican

Otro problema: las discusiones.

Un divorcio implica negociar. Y negociar con la persona con la que te estás separando es ya de por sí un campo de minas. Ahora añade impulsividad. Añade que dices cosas sin pensar. Añade que los conflictos se convierten en bucle porque tu cerebro no suelta, rumiando la misma discusión durante días.

Cada reunión con abogados se convierte en un desgaste triple. Primero, el desgaste de prepararte (que con TDAH ya es un milagro). Segundo, el desgaste de contenerte durante la reunión para no decir algo impulsivo que te joda legalmente. Tercero, el desgaste de los tres días siguientes repasando mentalmente todo lo que dijiste, lo que no dijiste y lo que deberías haber dicho.

¿Y ahora qué hago con mi rutina?

Un divorcio desmonta tu estructura. Y si tienes TDAH, tu estructura era lo único que te mantenía funcionando.

Piénsalo. Muchas personas con TDAH dependen de rutinas externas para funcionar. Tu pareja te recordaba las citas. Teníais horarios compartidos para cenar, dormir, hacer la compra. Había una estructura invisible que sostenía tu día a día sin que te dieras cuenta.

Cuando eso desaparece, tu cerebro entra en caída libre.

De repente tienes que crear rutinas desde cero. Solo. Mientras estás emocionalmente destrozado. Mientras gestionas una montaña de papeleo. Mientras intentas no perder también el trabajo porque llevas tres semanas sin poder concentrarte.

Es mucho. Es demasiado para un cerebro que ya tenía problemas para gestionar lo básico.

Esto no es para hundirse, es para prepararse

Si estás leyendo esto y estás pasando por un divorcio con TDAH, o crees que vas a pasar por uno, que sepas que no estás loco ni eres más débil que nadie. Tu cerebro simplemente tiene que pelear en más frentes a la vez que el de otras personas.

Algunas cosas que ayudan de verdad:

Delega la burocracia todo lo que puedas. Un buen abogado no es un lujo, es supervivencia. Si alguien puede encargarse de los plazos, los papeles y las fechas, déjale. Tu cerebro no está para eso ahora mismo.

Pide ayuda sin vergüenza. Amigos, familia, terapeuta. Da igual. El cerebro con TDAH en modo crisis necesita apoyos externos. No es debilidad, es estrategia.

No tomes decisiones importantes en caliente. Tu impulsividad, que ya es complicada en un día normal, en un divorcio puede costarte caro. Literalmente. Dale 48 horas a cualquier decisión grande. Si puedes, consúltala con alguien que no esté emocionalmente implicado.

Y sobre todo: no te culpes por lo que tu cerebro no puede hacer ahora. Estás pasando por una de las situaciones más estresantes que existen. Con un cerebro que tiene funciones ejecutivas reducidas. Que te cueste no significa que seas un desastre. Significa que tu hardware tiene unas especificaciones distintas y que esta situación exige más de lo que nadie debería gestionar solo.

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