Fui al supermercado a por leche y volví con todo menos leche
Lista de la compra: leche. Solo leche. Volví con hummus, una vela y cero leche. Así funciona ir al supermercado con TDAH.
Lista de la compra: leche. Solo leche. Nada más.
Volví con hummus, una vela con olor a pino, unos calcetines que estaban de oferta, dos paquetes de galletas que no necesitaba, un queso que tenía buena pinta, y cero leche.
Cero.
Me quedé mirando la bolsa encima de la encimera intentando reconstruir qué había pasado. Porque yo entré al supermercado con una misión clara. Una palabra. Cuatro letras. L-E-C-H-E. No era un encargo complicado. No había ambigüedad. No hacía falta un máster en logística.
Y aun así, mi cerebro decidió que lo mejor que podía hacer era recorrer todos los pasillos menos el de los lácteos.
¿Cómo es posible ir a por una cosa y volver sin ella?
Pues mira, te lo explico paso a paso, porque tiene su proceso.
Entras al supermercado pensando en leche. Pero justo al entrar ves las ofertas de la semana. Tu cerebro dice "voy a echar un vistazo rápido". Y ese vistazo rápido es el principio del fin.
Porque tu atención funciona como un perro que acaba de entrar en un parque. Todo es nuevo, todo brilla, todo huele interesante. Y la leche, que estaba ahí hace diez segundos en tu cabeza, desaparece. No es que la olvides conscientemente. Es que tu cerebro la sustituye por lo que tiene delante.
Ves el hummus. "Uy, hummus, hacía tiempo que no compraba hummus." Te lo llevas. Pasas por la sección de hogar. Hay una vela de oferta. "Esto para el salón queda bien." Al carro. Los calcetines. "Necesito calcetines? No lo sé. Pero están a dos euros." Al carro.
Cada cosa nueva que ves desplaza lo anterior. Tu memoria de trabajo tiene la capacidad de un post-it mojado. Y cada estímulo del supermercado es una mano que arruga ese post-it un poco más.
Cuando llegas a la caja, tu cerebro está convencido de que has hecho una compra productiva. Has llenado la bolsa. Misión cumplida. Hasta que llegas a casa, abres la nevera, y recuerdas que la misión era leche.
Solo leche.
El supermercado es una trampa diseñada para tu cerebro
Esto no te lo cuentan, pero es verdad.
Los supermercados están diseñados para captar tu atención. Los productos esenciales están al fondo para que tengas que recorrer todo el local. Las ofertas están en las cabeceras de los pasillos. Los dulces están en la caja. Cada metro cuadrado del supermercado está pensado para que compres cosas que no necesitas.
Y eso funciona con todo el mundo. Pero con un cerebro que tiene TDAH, la efectividad se multiplica por mil. Porque tu cerebro no filtra estímulos como los demás. Donde otra persona ve un pasillo y lo ignora, tú ves cuarenta opciones nuevas que tu cerebro quiere explorar todas a la vez.
Es como ir a una feria con un niño de cinco años. Todo le llama la atención. Todo quiere tocarlo. Y tú eres el adulto que va detrás intentando que no se pierda. Excepto que el niño de cinco años es tu cerebro. Y el adulto que va detrás también.
Las compras impulsivas no son un vicio, son un síntoma
Aquí viene lo que nadie entiende.
Cuando compras la vela con olor a pino que no necesitas, no es porque seas un desastre con el dinero. No es porque no tengas control. Es porque tu cerebro busca dopamina constantemente, y encontrar algo nuevo que te gusta le da un chute inmediato.
El hummus es dopamina. La oferta de calcetines es dopamina. La vela es dopamina. Cada cosa que metes al carro genera un pequeño pico de satisfacción que tu cerebro persigue sin que te des cuenta. Y esas compras impulsivas que haces a las once de la noche por internet son exactamente lo mismo, pero en versión pijama.
No eres impulsivo porque quieras. Lo eres porque tu cerebro funciona así. Y saberlo no lo soluciona mágicamente, pero al menos dejas de sentirte culpable por una bolsa con seis cosas que no necesitabas y ninguna que sí.
Lo de la lista tampoco funciona (o sí, pero no como crees)
"Pues hazte una lista."
Gracias. Gran consejo. Nunca se me habría ocurrido.
El problema no es no tener lista. El problema es que la lista compite contra todo lo que ves en el supermercado. Y pierde. Porque la lista es una hoja con palabras que no emiten ningún estímulo. Y el supermercado es un festival de luces, colores, ofertas y novedades que tu cerebro procesa en tiempo real.
La lista funciona cuando la conviertes en lo único que miras. Cuando la usas como ancla para tu memoria, no como sugerencia. Eso significa ir al supermercado con la lista en la mano, leer solo el siguiente ítem, ir directo a por él, tacharlo, y leer el siguiente. Sin explorar. Sin pasear. Sin "a ver qué hay por aquí".
Aburrido, sí. Pero es la diferencia entre volver con leche y volver con un cargamento de cosas aleatorias y la nevera igual de vacía.
El truco que a mí me funciona
No es revolucionario. No es ningún hack. Es simplemente ser honesto con cómo funciona mi cerebro.
Voy al supermercado con la lista en el móvil. Abro la nota y solo miro eso. Cada vez que mi cerebro dice "uy, mira eso", le contesto "luego". No me prohíbo comprarlo. Le digo luego. Al final, cuando ya tengo todo lo de la lista, repaso el carro, compruebo que está todo, y entonces decido si quiero volver a por la vela.
El noventa por ciento de las veces, no vuelvo.
Porque el impulso ya ha pasado. La dopamina del descubrimiento se ha disipado. Y la vela con olor a pino, vista desde la perspectiva de alguien que ya tiene lo que necesita, no parece tan imprescindible.
El truco no es tener más fuerza de voluntad. Es dejar la decisión para después del impulso. Porque tu cerebro en medio de un impulso es como un juez decidiendo un caso después de tres cervezas. No está en condiciones.
Entonces, ¿soy un desastre o es el TDAH?
Las dos cosas. Pero no en el sentido que piensas.
Sí, eres un desastre en el supermercado. Pero no porque seas irresponsable, vago o despistado por elección. Lo eres porque tu cerebro procesa el mundo de manera diferente. Porque tu memoria de trabajo no retiene una lista de cuatro cosas mientras 500 estímulos nuevos compiten por su atención. Porque tu sistema de dopamina prioriza lo nuevo y brillante sobre lo necesario y aburrido.
No eres la única persona que ha ido a por leche y ha vuelto sin leche. Es un clásico con TDAH. Tan clásico que si preguntas en cualquier grupo, la mitad te va a contar una historia idéntica y la otra mitad va a contar una peor.
El truco está en dejar de pelearte con tu cerebro y empezar a trabajar con él. Lista en mano. Un ítem cada vez. Sin explorar. Y si al final quieres la vela, te la compras. Pero después de la leche.
Siempre después de la leche.
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Si ir al supermercado a por una cosa y volver con doce es tu día a día, igual no es que seas despistado. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender qué le pasa a tu cerebro cuando entra en un supermercado.
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