¿Es TDAH o adicción a las pantallas? La línea que nadie sabe trazar
Tu hijo lleva horas con la tablet. ¿Adicción o cerebro TDAH buscando dopamina? La diferencia importa más de lo que crees.
Tu hijo lleva 4 horas con la tablet. ¿Es adicción o es su cerebro TDAH buscando dopamina? La línea entre los dos es más fina de lo que crees. Y la mayoría de profesionales no la sabe trazar.
Yo he estado en los dos lados de esta conversación.
Como persona con TDAH diagnosticado que ha pasado noches enteras enganchado a una pantalla sin saber por qué. Y como alguien que ha escuchado mil veces "es que estás enganchado, déjalo y ya". Como si fuera así de fácil. Como si pudieras decirle a tu cerebro "oye, para" y tu cerebro te hiciera caso.
Spoiler: no funciona así.
¿Por qué un cerebro con TDAH parece adicto a las pantallas?
Porque las pantallas son el buffet libre de dopamina más accesible del planeta.
Tu cerebro necesita dopamina para funcionar. Para prestar atención, para motivarse, para terminar cosas. Un cerebro neurotípico la produce en cantidades razonables ante estímulos normales. Leer un libro, cocinar, mantener una conversación.
Un cerebro con TDAH no. Un cerebro con TDAH tiene el grifo de la dopamina medio atascado. Necesita estímulos más potentes, más rápidos, más constantes para llegar al mismo nivel de activación.
¿Y qué hay más potente, más rápido y más constante que una pantalla?
Cada notificación es un chute. Cada vídeo nuevo en el feed es un chute. Cada nivel del juego es un chute. El scroll infinito está diseñado exactamente para esto: para darte dopamina en microdosis que tu cerebro no puede rechazar.
No es que la persona con TDAH tenga menos fuerza de voluntad. Es que su cerebro está literalmente más hambriento de lo que la pantalla ofrece.
¿Cómo distinguir el TDAH de la adicción a las pantallas?
Esta es la pregunta del millón. Y la respuesta corta es: mira qué pasa cuando la pantalla desaparece.
Una persona con adicción a las pantallas sin TDAH, cuando le quitas el móvil, eventualmente se regula. Le cuesta, pasa un periodo de abstinencia, pero poco a poco encuentra otras cosas que le interesan. Su cerebro recalibra. Vuelve a funcionar con estímulos normales.
Una persona con TDAH, cuando le quitas el móvil, no se regula. Se aburre. Se desespera. Se dispersa. Busca otro estímulo igual de intenso. O simplemente se queda ahí, paralizada, incapaz de arrancar con nada porque ninguna alternativa genera suficiente dopamina para activar el motor.
¿Ves la diferencia?
En la adicción, el problema es la pantalla. Quita la pantalla y el problema mejora.
En el TDAH, el problema es el cerebro. Quita la pantalla y el problema sigue. Solo cambia de forma.
Otra pista: la historia. La adicción a las pantallas suele tener un inicio más o menos identificable. Hubo un "antes" en el que la persona funcionaba sin pantallas y un "después" en el que dejó de funcionar. El TDAH no. El TDAH siempre ha estado ahí. Si rebuscas en la infancia, encuentras señales: el crío que no podía estarse quieto, la niña que soñaba despierta en clase, el adolescente que solo rendía en lo que le apasionaba.
Y hay otra pista más sutil: la hiperfocalización.
La persona adicta a las pantallas las usa para evadirse. La persona con TDAH a veces las usa para hiperfocalizarse. Se mete en un tema y no puede salir. No por vicio. Porque su cerebro ha encontrado algo que le genera suficiente dopamina y se agarra a ello como si le fuera la vida. Puedes pasarte 6 horas leyendo sobre la historia de los vikingos y no ser capaz de dedicar 10 minutos a contestar un email.
Eso no es adicción. Eso es un cerebro con TDAH que ha encontrado su chute y no lo suelta.
¿Y si son los dos a la vez?
Aquí viene la parte divertida. Porque sí, puede ser los dos. Y es más común de lo que piensas.
El TDAH aumenta el riesgo de desarrollar adicciones. De todo tipo. Y las pantallas son la adicción más fácil de desarrollar porque están en todas partes, son gratuitas y están diseñadas por equipos de ingenieros que cobran millones por hacer que no puedas dejar de mirar.
O sea que tienes un cerebro que ya de por sí necesita más estimulación. Y le pones delante un dispositivo que genera estimulación infinita. La ecuación se hace sola.
El TDAH puede ser la gasolina. Las pantallas, la cerilla. Y una vez que el fuego prende, ya no sabes qué empezó qué.
Por eso "quítale la tablet" no es una solución. Es como decirle a alguien con hambre que deje de pensar en comida. Si no entiendes por qué su cerebro busca la pantalla con esa intensidad, quitarla solo genera frustración, rabia y culpa.
¿Qué haces entonces?
No soy psicólogo. No voy a darte un protocolo clínico. Pero sí te digo lo que he aprendido viviendo con esto.
Primero: investiga. Si sospechas que hay TDAH debajo del enganche a las pantallas, busca un profesional que sepa de TDAH en adultos o en niños, según el caso. No uno que te diga "todos los niños están enganchados al móvil hoy en día" y te mande a casa. Uno que entienda que a veces el móvil no es el problema, es el síntoma.
Segundo: no culpes. Ni te culpes a ti ni culpes a tu hijo. Si hay un cerebro con TDAH de por medio, la relación con las pantallas no es una cuestión de voluntad. Es una cuestión de neurología. Y la neurología no se arregla con castigos ni con sermones.
Tercero: busca sustitutos de dopamina. El cerebro con TDAH necesita estimulación. Si le quitas una fuente, necesitas darle otra. Deporte, música, proyectos creativos, cualquier cosa que genere ese nivel de activación sin los efectos secundarios del scroll infinito a las 3 de la madrugada.
Y cuarto: no te conformes con la primera respuesta. Si alguien te dice "es adicción" sin explorar nada más, pide una segunda opinión. Si alguien te dice "es TDAH" sin explorar la relación con las pantallas, también. La realidad casi nunca es una sola cosa.
Esto no es blanco o negro
Lo más peligroso de este tema es pensar que es una cosa o la otra. TDAH o adicción. Cerebro o vicio. Biología o comportamiento.
La mayoría de las veces es un poco de todo. Y la línea entre uno y otro es tan fina que hasta los profesionales buenos necesitan tiempo para trazarla.
Lo importante no es ponerle la etiqueta correcta mañana. Lo importante es dejar de asumir que ya sabes la respuesta. Porque "está enganchado al móvil" es una descripción, no un diagnóstico. Y la diferencia entre las dos puede cambiar completamente cómo abordas el problema.
Tu cerebro no está roto. Pero puede que funcione con un manual que nadie te ha dado todavía.
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