¿Tengo TDAH o es que soy distraído? La pregunta que te persigue
Todo el mundo se distrae. Pero no todo el mundo pierde trabajos, relaciones y años por ello. Esto no es cuestión de grado.
Todo el mundo se distrae.
Tu compañero de trabajo se distrae con el móvil. Tu madre se distrae viendo la tele. Tu amigo se distrae en mitad de una conversación porque ha pasado un perro bonito.
Eso es ser humano. Normal. Esperable.
Pero no todo el mundo se distrae tanto que pierde trabajos, relaciones y oportunidades. No todo el mundo se distrae tanto que llega tarde a todo, olvida citas importantes y empieza quince proyectos sin terminar ninguno.
La diferencia entre ser distraído y tener TDAH no es de grado.
Es de vida.
¿Cómo sé si tengo TDAH o solo soy distraído?
Esta es la pregunta que me hacen más que cualquier otra. En comentarios, en emails, en mensajes a las once de la noche de un martes. "Rubén, es que yo también soy muy despistado, ¿eso es TDAH?"
Y la respuesta corta es: depende.
Pero la respuesta útil es otra.
Una persona distraída se olvida de algo y dice "vaya, se me ha olvidado". Una persona con TDAH se olvida de algo y pierde una oportunidad laboral, o se carga una relación, o se pasa tres meses sin abrir una carta del banco que resulta ser una multa que ahora cuesta el doble.
El distraído se distrae en momentos puntuales. El cerebro con TDAH se distrae como modo de funcionamiento por defecto. No es que a veces pierdas el foco. Es que mantener el foco te cuesta un esfuerzo que los demás ni se imaginan.
Es como comparar a alguien que tropieza de vez en cuando con alguien que camina por un suelo de hielo las 24 horas del día. Los dos tropiezan, sí. Pero uno lo hace porque ha pisado mal, y el otro porque su suelo es así.
¿Por qué todo el mundo cree que es "solo ser distraído"?
Porque la distracción está normalizada.
Vivimos en la era de las notificaciones, del scroll infinito, de los vídeos de 15 segundos. "Es que con el móvil nadie se concentra ya." Y vale, es verdad. La tecnología nos ha destrozado la atención a todos.
Pero hay una diferencia brutal entre una atención dañada por el entorno y un cerebro que nació sin el regulador de la atención bien calibrado.
Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina
El distraído puede forzar la concentración cuando le importa de verdad. Aprieta los dientes, cierra las pestañas del navegador, y lo saca adelante.
El cerebro con TDAH no funciona así. Puedes querer con todas tus fuerzas terminar ese informe, ese correo, esa tarea que llevas posponiendo tres semanas. Y tu cabeza dice "no" y se va a buscar qué cenan los astronautas en la Estación Espacial Internacional. A las dos de la tarde de un miércoles. Con una deadline en cuatro horas.
No es falta de voluntad. Es neurología.
¿Y si me concentro muy bien en lo que me gusta?
Esta es la trampa que confunde a todo el mundo. Incluidos los profesionales.
"No puede tener TDAH porque se pasa cinco horas jugando a videojuegos sin moverse."
Error.
Eso se llama hiperfoco, y es uno de los síntomas más paradójicos del TDAH. Tu cerebro no es que no pueda prestar atención. Es que no puede regular a qué le presta atención. Cuando algo le genera suficiente dopamina, se engancha como una garrapata. Y cuando no, se desconecta como si le hubieran cortado la luz.
El distraído se distrae de todo un poco por igual. El cerebro con TDAH se distrae de lo aburrido y se hiperengancha a lo interesante. Son los dos extremos del mismo problema: una regulación que no funciona.
Las señales que van más allá de "ser despistado"
Si solo fuera distracción, no pasaría nada. Todo el mundo olvida dónde ha dejado las llaves.
Pero el TDAH viene con un paquete completo que la gente no ve desde fuera:
Impulsividad. Dices cosas sin pensar. Compras cosas que no necesitas. Tomas decisiones en caliente que luego lamentas en frío.
Desregulación emocional. Pasas de cero a cien en un segundo. Una crítica menor te hunde el día entero. Una buena noticia te pone eufórico durante tres horas y luego te da el bajón.
Problemas con el tiempo. No es que llegues tarde porque no te importa. Es que tu cerebro percibe el tiempo de forma diferente. Cinco minutos pueden ser treinta. Una hora puede pasar como si fueran diez minutos.
Fatiga mental constante. Porque mantener la concentración en un cerebro sin regulador es agotador. Terminas el día hecho polvo aunque no hayas "hecho nada". Y encima te sientes culpable por estar cansado.
Eso no es ser distraído. Eso es un cerebro funcionando en un modo que nadie te explicó.
¿Qué hago con esta información?
No autodiagnosticarte. Eso seguro.
Pero sí hacerte la pregunta honesta: ¿esto me pasa desde siempre? ¿Me pasa en todos los contextos, no solo en el trabajo o en una época de estrés? ¿Me ha costado cosas importantes, cosas que no recupero?
Porque el distraído tiene días malos. El cerebro con TDAH tiene una vida entera de días que no salen como quiere, sin entender por qué.
Si la respuesta a esas preguntas es "sí, toda mi vida", el siguiente paso no es leer otro artículo. Es hablar con alguien que sepa de esto. Un profesional que entienda cómo funciona el diagnóstico de TDAH en España y que no te despache con un "eso es estrés" y una receta de tila.
El TDAH no se inventó ayer. Tiene una historia larga de investigación, de confusión, de avances y de malentendidos. Y uno de los mayores malentendidos es precisamente este: creer que solo eres distraído cuando en realidad tu cerebro funciona con un sistema operativo diferente al que te dijeron que tenías.
No eres vago. No eres despistado. No te falta motivación.
Puede que simplemente necesites entender cómo funciona tu cabeza.
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