Volver al blog

Cómo prepararte para tu diagnóstico de TDAH: lo que deberías llevar

Tienes la cita para el diagnóstico de TDAH. Si llegas sin preparar nada, perderás media hora intentando recordar tu infancia. Esto es lo que necesitas.

tdah

Tienes la cita. Después de meses de espera, por fin vas a ver al profesional. Te sientas, te mira, y te suelta: "Cuéntame cómo era tu infancia".

Y te quedas en blanco.

No porque no tengas nada que contar. Sino porque tu cerebro acaba de decidir que este es el momento perfecto para olvidar los últimos 30 años de tu vida. Recuerdas la cara de tu profesora de tercero, el nombre del perro de tu vecino y la melodía de un anuncio de los 90. Pero lo importante, lo que te ha traído hasta esa silla, se ha evaporado.

Bienvenido al TDAH haciendo de las suyas en el peor momento posible.

Yo pasé por esto. Mi primera cita con el psiquiatra fue un festival de "no me acuerdo", "creo que sí" y "depende de lo que entiendas por normal". Salí pensando que había suspendido mi propio diagnóstico. Que había fallado en explicar lo que me pasaba porque, irónicamente, lo que me pasa es que no puedo organizar mis pensamientos bajo presión.

Si tú todavía no has ido, tienes ventaja. Puedes prepararte. Y no, no es trampa. Es sentido común.

¿Qué deberías llevar a tu primera cita de diagnóstico de TDAH?

No hace falta que lleves un dosier de 40 páginas. Pero sí algo más que buenas intenciones y una cara de "a ver qué me dicen".

1. Una lista de síntomas concretos con ejemplos.

No "me cuesta concentrarme". Eso lo dice todo el mundo. Lo que necesitas es: "El jueves pasado me senté a hacer un informe del trabajo, abrí el documento, y 45 minutos después estaba viendo un documental sobre cómo se fabrican los bolígrafos. Sin saber cómo llegué ahí."

Ejemplos reales, situaciones concretas, con fechas si puedes. El profesional necesita saber cómo se manifiesta esto en TU vida, no la definición de Wikipedia.

2. Información de tu infancia.

Esto es lo más complicado, porque probablemente no te acuerdes de la mitad. Y la otra mitad la has normalizado.

Si puedes, habla con tu madre, tu padre, algún hermano, un amigo de la infancia. Pregúntales cosas como:

  • ¿Era yo el típico que no paraba quieto?
  • ¿Perdía cosas constantemente?
  • ¿Mis notas eran un tobogán? Buenas en lo que me gustaba, desastrosas en lo demás.
  • ¿Los profesores decían que "podía pero no quería"?

Si tienes notas del colegio, llévalas. En serio. Esos comentarios de "es muy listo pero no se aplica" son oro para un diagnóstico.

3. Tu historial médico y de salud mental.

Si has ido al psicólogo antes, si te han tratado por ansiedad, por depresión, si tomas medicación. Todo. Porque muchas veces el TDAH lleva años camuflado detrás de otros diagnósticos. Años en los que ibas a terapia y mejorabas un poco, pero nunca del todo.

Conseguir un diagnóstico de TDAH en España

4. Una lista de lo que te afecta en el día a día.

No solo en el trabajo o los estudios. También en casa, en las relaciones, en las cosas del día a día que todo el mundo parece gestionar sin problema y tú no.

¿Pierdes las llaves tres veces por semana? Apúntalo. ¿Llegas tarde a todo aunque salgas con tiempo? Apúntalo. ¿Te han echado la bronca en el trabajo porque entregas todo a última hora? Apúntalo.

5. Tus preguntas.

Porque cuando llegues a la consulta, el profesional te va a soltar información y tú vas a asentir con la cabeza como si entendieras todo. Y al salir no vas a recordar ni la mitad.

Lleva las preguntas escritas. Las que se te ocurran. Las básicas: ¿qué pruebas me van a hacer? ¿Cuántas citas son? ¿La medicación es obligatoria? ¿Puedo pedir una segunda opinión?

¿Y si me da vergüenza llevar todo eso apuntado?

No debería. Pero entiendo que la dé.

Hay algo profundamente absurdo en ir al médico con deberes hechos, como si fueras al examen con chuleta. Pero piensa en esto: tú vas a una cita que dura entre 30 y 60 minutos. En ese rato, el profesional tiene que entender cómo funciona tu cerebro. Toda tu vida condensada en una hora.

Si llegas sin nada, esa hora se convierte en un interrogatorio donde tú sudas intentando recordar cosas que tu cerebro ha archivado en la carpeta de "ya lo buscaré luego". Esa carpeta que no existe.

Si llegas preparado, esa hora se convierte en una conversación útil donde el profesional tiene datos reales con los que trabajar.

No es trampa. Es que tu cerebro necesita apoyos externos para funcionar. Y eso, precisamente, es parte de lo que vas a explicar en esa cita.

¿Y el día de la cita?

Un par de cosas prácticas que ojalá alguien me hubiera dicho a mí:

Llega con tiempo. Sé que suena a broma para alguien con TDAH, pero inténtalo. La sala de espera del médico con TDAH ya es bastante tortura como para encima llegar con el corazón a mil porque casi no llegas.

No intentes ser el paciente perfecto. No exageres los síntomas, pero tampoco los minimices. Tu cerebro va a intentar convencerte de que "tampoco es para tanto" justo cuando estés sentado delante del profesional. Es lo que hace. Ignóralo.

Y si te bloqueas, si se te olvida algo, si te lías explicando, saca la lista. Para eso la llevas.

Prepararte no es hacer trampas

Hay gente que tiene miedo de ir demasiado preparada. Como si eso invalidara el diagnóstico. "Si llevo todo apuntado, va a pensar que me lo estoy inventando."

No. Va a pensar que te lo has tomado en serio. Que te importa. Que has hecho un esfuerzo real por entender qué te pasa.

Un buen profesional agradece que lleves información. Le facilita el trabajo. Le permite ir más profundo en vez de perder media sesión sacándote datos básicos con sacacorchos.

Y un mal profesional que te juzgue por ir preparado probablemente no sea el profesional que necesitas.

Tu cerebro ya te la juega suficiente. No dejes que también te la juegue en la cita que podría cambiarlo todo.

---

Si todavía no tienes cita pero sospechas que algo pasa, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da un mapa bastante claro de cómo funciona tu cabeza. 10 minutos, gratis, y sin email obligatorio.

Relacionado

Sigue leyendo