Historia del TDAH: de niños vagos a condición neurológica
En 1902 los llamaron moralmente defectuosos. En 2024 seguimos discutiendo si el TDAH existe. La historia completa de cómo llegamos hasta aquí.
En 1902, un pediatra británico llamado George Still se plantó delante de la Royal College of Physicians de Londres y describió a un grupo de niños que no podían estarse quietos ni prestar atención.
Los llamó "moralmente defectuosos".
Así empezó todo.
No con un estudio de neuroimagen. No con una resonancia magnética. No con un debate serio sobre neurotransmisores y dopamina. Empezó con un señor en bata diciéndole al mundo que esos niños tenían un problema moral. Que si no se portaban bien era porque no querían, no porque no pudieran.
Y lo gracioso es que 120 años después, hay gente que sigue pensando lo mismo.
¿De dónde sale el TDAH?
La historia del TDAH no empieza con un diagnóstico limpio. Empieza con un montón de etiquetas que ahora dan vergüenza ajena.
George Still, el pediatra de 1902, observó a 20 niños que tenían inteligencia normal pero que no podían controlar su comportamiento. Eran impulsivos, no mantenían la atención, y no respondían a los castigos. En lugar de pensar "quizá su cerebro funciona diferente", pensó "quizá son moralmente inferiores".
Era 1902, tampoco vamos a pedirle que tuviera un escáner PET en el bolsillo. Pero ahí estaba la semilla: niños que funcionaban diferente, y adultos que asumían que era un defecto de carácter.
A partir de ahí, el TDAH fue pasando de etiqueta en etiqueta como un paquete que nadie sabe dónde poner.
En los años 60, lo llamaron "reacción hipercinética de la infancia". Suena a diagnóstico sacado de una serie B de ciencia ficción. Pero era el nombre oficial. El problema se reducía al movimiento. Si no parabas quieto, tenías esto. Si parabas quieto, estabas bien. Fin.
En los 80, el DSM-III (la biblia de los psiquiatras) por fin lo rebautizó como "Trastorno por Déficit de Atención", con o sin hiperactividad. Aquí fue cuando empezó a entenderse que no todo era moverse como una peonza. Que había niños quietos en su silla pero con la cabeza en Marte. Que la atención era el tema, no las piernas.
Y en los 90, llegó el nombre que conocemos ahora: TDAH. Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Con sus tres presentaciones: inatento, hiperactivo-impulsivo, y combinado.
Pero aquí viene lo importante.
¿Por qué tardamos un siglo en tomarnos esto en serio?
Porque durante la mayor parte de esa historia, el TDAH solo existía en niños.
Literalmente. Hasta los años 90, la postura oficial era que el TDAH desaparecía en la adolescencia. Que los niños lo "superaban". Que era una fase, como los berrinches o coleccionar cromos.
Imagina eso. Millones de adultos con un cerebro que funciona diferente, y la ciencia diciéndoles que su problema había caducado a los 15 años. Que si seguían siendo desorganizados, impulsivos, o incapaces de sostener la atención más de 10 minutos, era cosa suya. Pereza. Falta de voluntad. Falta de carácter.
Suena a lo que te decían en el colegio, ¿verdad? "Es que no se esfuerza." "Es que si quisiera, podría." "Es listo pero vago."
Esas frases no salieron de la nada. Salieron de un siglo de ciencia diciendo que lo tuyo no existía o, peor, que era culpa tuya.
Hoy sabemos que el TDAH no es lo que la mayoría piensa. No es ser vago. No es falta de disciplina. Es una diferencia neurológica en cómo tu cerebro gestiona la dopamina, la atención y las funciones ejecutivas. Y no desaparece a los 15. Te acompaña toda la vida.
Pero han hecho falta décadas para llegar a eso.
Los mitos que dejó la historia
Cada etapa de esta historia dejó un mito que sigue vivo hoy.
De la época de Still nos quedó el mito del defecto moral. La idea de que si no te portas bien, es porque no quieres. Que la solución es más disciplina, más castigo, más echarle ganas. Como si tu cerebro fuera un empleado vago al que puedes gritar hasta que rinda.
De la época hipercinética nos quedó el mito de que el TDAH es solo hiperactividad. Que si no estás botando en la silla, no lo tienes. Esto hizo que generaciones enteras de personas con TDAH inatento pasaran completamente desapercibidas. Especialmente mujeres, que estadísticamente presentan más el tipo inatento y menos el hiperactivo. Ahí sentadas, calladas, "portándose bien", con la cabeza en cualquier sitio menos en la clase.
De la época del "se les pasa" nos quedó el mito de que los adultos no tienen TDAH. Que si llegas a los 30 y sigues disperso, desordenado, incapaz de mantener una rutina, es que eres así y punto. No hay condición. No hay diagnóstico. Solo hay tú y tu supuesta vagancia.
Los mitos sobre el TDAH son más resistentes que los hechos
¿Y ahora qué?
Ahora estamos en un punto curioso de la historia.
Por un lado, la ciencia tiene más claro que nunca qué es el TDAH. Hay neuroimágenes. Hay estudios genéticos. Hay evidencia de que es una de las condiciones neurológicas más heredables que existen. La base biológica está ahí, documentada, replicada y revisada.
Por otro lado, hay un debate en redes sociales sobre si el TDAH está "de moda". Si "ahora todo el mundo tiene TDAH". Si es una excusa generacional para no esforzarse.
Es como si descubriéramos que la miopía es real y alguien dijera "bah, ahora todos necesitan gafas, qué casualidad". No, lo que pasa es que antes no se diagnosticaba. Antes los miopes se sentaban al fondo de la clase y suspendían. Ahora les ponen gafas y ven la pizarra. No es que haya más miopes. Es que hay más diagnósticos.
Con el TDAH pasa lo mismo. No es que haya más personas con TDAH. Es que hay más personas que por fin saben que lo tienen. Adultos que pasaron 20, 30, 40 años pensando que eran vagos y que ahora descubren que su cerebro simplemente funciona diferente.
Y eso no es una moda. Es justicia diagnóstica.
De "moralmente defectuoso" a "neurológicamente diferente"
Si miras la línea temporal entera, la historia del TDAH es la historia de una lenta rectificación.
Pasamos de "niños malos" a "niños hiperactivos" a "niños con déficit de atención" a "adultos y niños con una condición neurológica real". Cada paso costó décadas. Cada paso dejó a millones de personas sin diagnóstico, sin tratamiento, sin entender por qué su vida era tan absurdamente difícil cuando para los demás parecía tan fácil.
George Still no era malvado. Era un producto de su época. Vio algo real, niños que funcionaban diferente, y lo explicó con las herramientas que tenía: moral y carácter. Hoy tenemos mejores herramientas. Tenemos neurociencia. Tenemos datos. Tenemos un nombre.
Lo que no tenemos todavía es que todo el mundo se entere.
Porque el TDAH lleva 120 años existiendo. Solo lleva 30 siendo tomado en serio. Y para muchos adultos que crecieron antes de ese cambio, la historia es personal. Es haber escuchado "eres vago" cuando tenías 8 años y haberlo creído hasta los 35. Es haber compensado toda tu vida sin saber de qué te estabas protegiendo.
Así que la próxima vez que alguien te diga que el TDAH es un invento moderno, cuéntale la historia. Empieza por 1902. Por un pediatra en Londres. Por unos niños que no podían estarse quietos.
Y explícale que tardamos un siglo en dejar de llamarlos vagos.
Si esta historia te suena demasiado familiar, quizá no es casualidad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero puede ser el primer paso para dejar de dar vueltas. 10 minutos.
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