¿Es TDAH o depresión? Cuando la apatía lo enmaraña todo
No tienes ganas de nada, no puedes concentrarte y te cuesta levantarte. ¿TDAH, depresión o los dos? Distinguirlos cambia el tratamiento.
No tienes ganas de nada.
No es que estés cansado. Es que te da igual. El proyecto que te ilusionaba la semana pasada ahora te parece irrelevante. La bandeja de entrada tiene 47 emails sin leer y ni siquiera sientes culpa. Te levantas, te sientas delante del ordenador, y miras la pantalla como quien mira un acuario. Pasan cosas ahí dentro, pero ninguna tiene que ver contigo.
Tu pareja te pregunta qué te pasa. "Nada", dices. Y lo peor es que es verdad. No te pasa nada concreto. Es más como si te hubieran quitado la palanca de cambios y el coche sigue encendido pero no se mueve.
¿Es TDAH? ¿Es depresión? ¿Son los dos dándose la mano por debajo de la mesa?
¿Por qué TDAH y depresión se parecen tanto?
Porque comparten la lista de síntomas como si hubieran copiado en el examen.
Mira esto:
- No puedes concentrarte.
- No tienes motivación.
- Duermes fatal (demasiado o demasiado poco).
- Te cuesta tomar decisiones.
- Estás irritable sin motivo claro.
- Las cosas que antes te gustaban ya no te interesan.
¿TDAH o depresión?
Exacto. Podrían ser los dos. Podría ser uno disfrazado del otro. Podría ser uno alimentando al otro. Y la persona que lo vive no tiene forma de saberlo sin ayuda, porque desde dentro todo se siente igual: una niebla espesa donde nada importa lo suficiente.
Es como intentar distinguir dos canciones que suenan a la vez con los mismos instrumentos. Sabes que hay dos melodías, pero solo escuchas ruido.
¿Cómo distinguir entre TDAH y depresión cuando los síntomas se solapan?
El origen es distinto. Completamente distinto.
La depresión nace de un apagón emocional. Tu cerebro decide que el mundo es gris, que no merece la pena, que da igual. No es que no quieras hacer cosas. Es que no puedes querer. La motivación desaparece, la energía se evapora, y todo se vuelve plano. Como si alguien hubiera bajado el volumen de la vida al mínimo.
El TDAH nace de un cerebro que no regula. No es que no quieras concentrarte. Es que tu cerebro necesita estímulo para funcionar y, cuando la tarea no lo proporciona, se va. Se va a buscar algo más interesante. Cuando tu cerebro se rinde y la depresión aparece encima del TDAH, el resultado es una apatía que parece idéntica desde fuera pero que funciona de forma muy diferente por dentro.
La persona con depresión no empieza el proyecto porque no siente nada. La persona con TDAH no empieza el proyecto porque su cerebro no encuentra la puerta de entrada.
La persona con depresión pierde interés en sus hobbies porque todo le da igual. La persona con TDAH pierde interés en sus hobbies porque ya no le dan suficiente dopamina y necesita algo nuevo.
Parecido en la superficie. Mundos distintos debajo.
¿Se pueden tener los dos a la vez?
Sí. Y pasa más de lo que imaginas.
Los estudios hablan de que hasta un 30-40% de adultos con TDAH experimentan depresión en algún momento. No es casualidad. Es consecuencia.
Piénsalo así: llevas años sin saber que tienes TDAH. Empiezas cosas y no las terminas. Prometes que esta vez sí y vuelves a fallar. La gente te dice que eres vago, que no te esfuerzas, que "si realmente quisieras, podrías". Y tú te lo crees.
Años así.
Años creyendo que el problema eres tú.
¿Qué pasa cuando tu cerebro lleva décadas recibiendo el mensaje de que no vale? Que se rinde. Se apaga. Deja de intentarlo. Y eso tiene un nombre: depresión.
No es que seas depresivo de nacimiento. Es que el TDAH sin diagnosticar te ha ido erosionando la autoestima como el agua erosiona la piedra. Gota a gota, sin que lo notes, hasta que un día te miras y no te reconoces.
A veces usas el humor como escudo para que nadie vea lo que hay debajo. Y funciona. Hasta que deja de funcionar.
¿Cómo sé cuál va primero?
Hay una pregunta que ayuda bastante. No es un diagnóstico, pero ilumina:
¿Siempre has sido así, o esto es nuevo?
El TDAH lleva contigo toda la vida. Desde el colegio. Desde antes de que tuvieras palabras para describirlo. Si siempre has tenido problemas para concentrarte, organizarte, mantener el interés, y encima ahora estás apático y sin energía, probablemente el TDAH estaba debajo y la depresión llegó después.
La depresión suele tener un punto de inflexión. Un antes y un después. Algo cambió. Puede que no sepas exactamente qué, pero si piensas en ti hace dos años, eras distinto. Tenías más energía, más ganas. Algo se apagó.
Si siempre has funcionado "raro" y ahora encima estás hundido, hay muchas probabilidades de que estés viviendo una depresión construida sobre TDAH. Y tratar solo la depresión es como quitar las malas hierbas sin tocar la raíz. Volverán.
¿Por qué importa saber cuál es cuál?
Porque el tratamiento va en direcciones opuestas.
La depresión se trata devolviendo la energía emocional. Terapia, a veces antidepresivos, hábitos, conexión social. Le dices a tu cerebro "sí merece la pena, sí puedes sentir, aquí hay cosas buenas".
El TDAH se trata dándole al cerebro lo que necesita para funcionar. Estructura, estrategias, a veces medicación estimulante. Le das herramientas para que pueda hacer lo que ya quiere hacer pero no consigue.
Si tienes TDAH y solo te tratan la depresión, mejorarás un poco. Quizá vuelvas a sentir cosas. Pero seguirás sin poder concentrarte, sin terminar lo que empiezas, sin organizarte. Porque el motor de base sigue sin arreglar.
Y encima entra un bucle: como sigues fallando en las cosas del día a día, la depresión vuelve. Porque la fuente sigue ahí. Intacta.
Por eso muchos adultos pasan años entrando y saliendo de depresiones sin que nadie les pregunte "oye, ¿y si hay algo más debajo?". Y cuando alguien se lo pregunta, cuando por fin les evalúan TDAH, es como encontrar el interruptor de la luz en una habitación donde llevaban años a oscuras.
No todo se arregla de golpe. Pero al menos sabes dónde están los muebles.
El aislamiento como pista silenciosa
Hay algo que poca gente menciona: el aislamiento social.
En la depresión, te aíslas porque no tienes energía. No quieres ver a nadie. Todo contacto humano se siente como un esfuerzo enorme.
En el TDAH, te aíslas por otra razón. Porque llevas tantos años metiendo la pata socialmente, olvidando cumpleaños, llegando tarde, cancelando planes, que la ansiedad social se instala sin que te des cuenta. No es que no quieras ver a la gente. Es que te da miedo volver a fallar.
El resultado es el mismo: estás solo. Pero la causa es diferente. Y la solución, también.
Esto no es un diagnóstico
Nada de lo que leas aquí sustituye a un profesional. Ni este post ni ningún otro. Ni un vídeo. Ni un hilo en redes.
Pero si te has visto reflejado en algo de esto, si llevas tiempo con esa niebla y los tratamientos no terminan de funcionar, puede que merezca la pena explorar si hay algo más. Un profesional que entienda que TDAH y depresión se solapan, que no te despache con un "eso es estrés" y una palmadita en la espalda.
Tu cerebro no está roto. Pero puede que lleve mucho tiempo funcionando en un modo que nadie le explicó. Y entender eso no lo arregla todo, pero cambia la forma en que te miras.
Y eso ya es bastante.
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