Empezar a limpiar un cajón y acabar leyendo cartas de 2005 con TDAH
Ibas a ordenar el cajón. 10 minutos. 2 horas después estás en el suelo leyendo postales del 2008 y llorando. Así funciona limpiar con TDAH.
Ibas a ordenar el cajón de la entrada. 10 minutos. Meter bolis, tirar folletos, cerrar cajón. Pan comido.
2 horas después estás sentado en el suelo del pasillo rodeado de papeles, con una postal del 2008 en la mano, leyendo lo que te escribió tu abuela cuando cumpliste 15. Y llorando un poco. Sin saber cómo has llegado ahí.
Bienvenido a limpiar con TDAH.
El cajón trampa
Cada cajón de tu casa es una cápsula del tiempo con trampa. Un cajón normal para una persona normal es eso: un sitio donde guardar cosas. Lo abres, ordenas, cierras. Cinco minutos. Pero para un cerebro con TDAH, cada objeto dentro de ese cajón es un portal. Un detonador. Un "ah, mira, esto" que activa una cadena de pensamientos imposible de frenar.
Coges un boli. Este boli es del hotel de Benidorm. Benidorm fue en 2012. Fuiste con tus padres. En ese viaje tu padre se quemó la espalda como un langostino. Te acuerdas de que le comprasteis aloe vera en una farmacia que olía raro. Y de repente estás buscando en Google Maps si esa farmacia sigue existiendo.
El cajón sigue abierto. Los bolis siguen ahí. Tú estás en Benidorm mentalmente.
¿Por qué tu cerebro secuestra la limpieza y la convierte en otra cosa?
Porque tu cerebro no procesa objetos. Procesa conexiones.
Un cerebro neurotípico ve un boli y piensa "boli, cajón, siguiente". Tu cerebro ve un boli y piensa "boli, hotel, viaje, padre, quemadura, farmacia, olor, verano, 2012, qué fue de aquel chiringuito donde comimos paella". Y cada nodo de esa cadena tiene la misma prioridad que el anterior. No hay filtro. No hay jerarquía. Todo es igualmente interesante, igualmente urgente, igualmente digno de tu atención.
Es lo que en TDAH se llama tangenciación. Tu cerebro salta de rama en rama como un mono al que le han dado Red Bull. No es que no quieras limpiar. Es que limpiar implica tocar objetos, y tocar objetos implica activar memorias, y activar memorias implica que el hiperfoco te secuestre hacia algo completamente distinto. La limpieza es un campo minado de distracciones para un cerebro que no sabe ignorar estímulos.
Y lo peor: a nadie le parece grave. "Es que eres desordenado." "Es que no te concentras." "Es que te pones a hacer de todo menos lo que toca." Como si fuera una elección. Como si tú decidieras sentarte en el suelo a leer cartas de hace 20 años en vez de ordenar un cajón.
La escalera de las tangentes
Esto es lo que pasa en tu cabeza cuando abres un cajón. No es un paso. Es una escalera:
1. Abres el cajón para ordenar. 2. Ves una foto antigua. La miras "un segundo". 3. La foto te recuerda a alguien. Piensas en esa persona. 4. Te preguntas qué fue de ella. Abres Instagram. 5. En Instagram ves un reel. Lo ves entero. 6. El reel te recuerda algo que querías comprar. Abres Amazon. 7. En Amazon ves una oferta. Añades algo al carrito. 8. Vuelves al pasillo. El cajón sigue abierto. Llevas 45 minutos. 9. Coges otro objeto. Empieza otra escalera.
Y así hasta que son las 7 de la tarde, el cajón sigue igual, y tú tienes tres pestañas abiertas en el móvil, un artículo a medio leer, y un paquete de Amazon en camino que no necesitabas.
¿Te suena? Claro que te suena.
Por eso tu casa nunca está del todo limpia
No es dejadez. No es pereza. Es que cada sesión de limpieza se convierte en una aventura no planificada.
Empiezas por la cocina. Pero al recoger la encimera encuentras un papel con un teléfono apuntado. ¿De quién era? Ahora estás intentando descifrar la letra. Luego vas al salón, pero de camino ves que la planta necesita agua. Riegas la planta. De camino a dejar la regadera ves los libros desordenados. Empiezas a ordenar libros. Abres uno. Lees una página. Lees tres. Te sientas.
La cocina sigue igual.
Si sientes que acumulas cosas y no sabes por qué, esto es parte de la respuesta. No es que quieras acumular. Es que cada vez que intentas deshacerte de algo, tu cerebro te obliga a revisarlo, recordar su historia, y evaluar su importancia emocional. Y como todo tiene importancia emocional cuando tienes TDAH, no tiras nada. Y el cajón se vuelve a llenar.
La trampa de las cartas viejas
Pero hay un nivel más. Un nivel que solo conocemos los que hemos acabado en el suelo llorando con una carta en la mano.
Porque cuando encuentras esas cartas, esas fotos, esos recuerdos, tu cerebro no solo los recuerda. Los revive. Con la misma intensidad que la primera vez. La postal de tu abuela no es un papel viejo. Es su voz. Su letra. Su olor. Y de repente estás llorando en el pasillo y no sabes si es por la postal, por tu abuela, por el paso del tiempo, o por las tres cosas a la vez.
La regulación emocional en TDAH es esto. Sentir todo a volumen máximo, sin filtro, sin dimmer. Y cuando una limpieza rutinaria te pone delante de un objeto con carga emocional, no puedes simplemente dejarlo y seguir. Tu cerebro no tiene esa opción. Te obliga a sentirlo todo. Ahora. Entero.
Así que sí. Ibas a limpiar el cajón. Y has acabado procesando duelo en el pasillo a las 4 de la tarde. Normal. Para tu cerebro, completamente normal.
¿Qué puedes hacer con esto?
No voy a decirte "pon un temporizador" como si eso solucionara algo. Pero hay dos cosas que a mí me han servido.
La caja de "después". Cuando estés limpiando y encuentres algo que tira de ti (una carta, una foto, un objeto con historia), no lo explores en ese momento. Mételo en una caja. Una caja literal. Y dite: "Esto lo miro después, cuando haya terminado". No siempre funciona. Pero las veces que funciona te ahorras una hora en el suelo del pasillo.
Limpiar sin tocar. Suena raro, pero funciona. Coge una bolsa de basura y tira cosas sin mirarlas. Sin abrir sobres. Sin leer papeles. Si no lo has necesitado en un año, fuera. La clave es no darle a tu cerebro la oportunidad de engancharse. Porque si le das un segundo, se engancha. Y ya sabes cómo acaba eso.
Y si nada de esto funciona, al menos sabe que no eres tú. Es tu cerebro haciendo lo que sabe hacer: convertir una tarea de 10 minutos en una experiencia inmersiva de arqueología emocional. Que suena bonito cuando lo escribes, pero es agotador cuando lo vives.
Tu cajón seguirá ahí mañana
No pasa nada. No eres perezoso. No eres incapaz. Eres una persona cuyo cerebro convierte la tarea más simple en una odisea porque no sabe ignorar lo que no importa.
El cajón puede esperar. Las cartas de tu abuela, en el fondo, merecían ser leídas. Y si has acabado llorando un poco en el pasillo, al menos has sentido algo real. Que es más de lo que puede decir la mayoría de la gente que sí limpió su cajón en 10 minutos.
Ellos tienen un cajón limpio. Tú tienes una tarde llena de emociones que no esperabas.
No sé quién ha ganado, pero sé quién ha vivido más.
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Si una limpieza de cajón puede secuestrarte 2 horas, imagina lo que pasa con el resto de tu día. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro convierte cada tarea en una aventura que nadie pidió.
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