El humor como escudo: por qué con TDAH somos tan graciosos (y tan tristes)
Ser el gracioso del grupo no es un don. Es una armadura. El humor como mecanismo de defensa en el TDAH y la tristeza que esconde.
Tengo un repertorio de chistes sobre mí mismo que podría llenar un especial de comedia de una hora.
Que si llego tarde a mi propio cumpleaños. Que si empiezo 14 proyectos y termino medio. Que si me levanté a por agua y acabé reorganizando el cajón de los cables a las 3 de la madrugada. Todo el mundo se ríe. Yo también me río.
Y luego llego a casa, me siento en el sofá, y pienso: "¿Por qué tengo que convertir todo lo que me jode en un chiste para que sea soportable?"
Pero eso no lo cuento. Eso no tiene gracia.
¿Por qué las personas con TDAH somos tan graciosas?
Porque aprendimos pronto.
Aprendimos que si te ríes de ti mismo antes de que se rían los demás, duele menos. Que si conviertes tu despiste en un monólogo, la gente se ríe contigo y no de ti. Que si eres el gracioso del grupo, nadie se fija en que has vuelto a olvidar algo, que has llegado tarde otra vez, que no has entregado lo que dijiste que ibas a entregar.
El humor es un escudo. Y los que tenemos TDAH lo afilamos como una espada.
Desde pequeño me di cuenta de que había dos opciones. Ser el raro que no se entera de nada, o ser el gracioso que no se entera de nada pero al menos te hace reír. La segunda opción dolía menos. Así que me especialicé.
Cada despiste, una broma. Cada olvido, una anécdota exagerada. Cada suspendido, un monólogo. Y la gente pensaba "qué tío más majo, se lo toma todo con humor". Sin saber que el humor era lo único que me quedaba para no derrumbarme.
¿Reírte de ti mismo es sano o es masking?
Las dos cosas. Y ahí está el problema.
Un poco de humor autocrítico es sano. Todos nos reímos de nuestras meteduras de pata. Pero cuando tu humor es siempre sobre lo mismo, siempre sobre tus fallos, siempre sobre lo mucho que la cagas, ya no es humor. Es una estrategia de supervivencia.
Es masking. Puro y duro.
Porque lo que estás haciendo no es reírte de ti. Es adelantarte al golpe. Si yo ya me he llamado desastre, tú no puedes hacerme daño con eso. Si yo ya he dicho que soy un caos andante, tu opinión sobre mi caos me resbala. O eso me cuento.
El problema es que tu cerebro no distingue entre una broma que haces y una verdad que sientes. Cuando te llamas inútil con una sonrisa, sigues llamándote inútil. El chiste cambia el envoltorio, no el mensaje.
Y después de años repitiéndote lo mismo en formato comedia, te lo crees. "Soy un desastre" deja de ser un chiste y se convierte en tu identidad.
¿Por qué el gracioso del grupo suele ser el más triste?
Porque nadie le pregunta cómo está.
Es así de simple. Si siempre estás bien, si siempre tienes un chiste, si siempre restas importancia a todo, la gente asume que no necesitas nada. Que va todo genial. Que lo llevas fenomenal.
Y tú no corriges. Porque corregir significaría quitarte la armadura. Y sin la armadura, estás desnudo. Y desnudo, la gente vería lo que hay debajo del humor: frustración, vergüenza, y la sensación constante de que no eres suficiente.
Eso da mucho más miedo que hacer otro chiste.
He tenido días horribles en los que he hecho reír a toda una mesa durante una cena. Días en los que por dentro pensaba "no sé qué hago aquí, no sé por qué soy así, no sé cuánto más puedo seguir compensando". Y por fuera, monólogo. Risas. Aplausos.
Eso es el cerebro sin regulador de volumen emocional. Sientes todo al máximo, pero aprendiste a empaquetar esas emociones en formato comedia para que nadie se asuste. Ni siquiera tú.
¿Es malo usar el humor como escudo?
No siempre. El humor es una herramienta legítima. Te ayuda a procesar cosas difíciles, a conectar con otros, a hacer que situaciones incómodas sean más llevaderas.
El problema es cuando es la única herramienta.
Cuando no sabes decir "esto me duele" sin convertirlo en broma. Cuando alguien te pregunta cómo estás de verdad y respondes con un chiste porque no sabes contestar en serio. Cuando tu pareja te dice "oye, ¿estás bien?" y dices "sí, tranqui" con una sonrisa, y los dos sabéis que es mentira, pero es más fácil que abrir esa puerta.
Si tu humor funciona como un muro, no como una ventana, algo no va bien.
La diferencia es sutil. Un humor sano te permite hablar de tus problemas con ligereza. Un humor escudo te impide hablar de tus problemas en absoluto. Uno abre la conversación. El otro la cierra antes de que empiece.
¿Y si dejo de ser gracioso, quién soy?
Esta es la pregunta que da verdadero pánico.
Porque cuando llevas años siendo el gracioso, el humor se funde con tu identidad. No sabes dónde acaba Rubén y dónde empieza el personaje. No sabes si a la gente le gustas tú o le gusta tu show. Y eso da un miedo que no tiene gracia ninguna.
He tenido épocas en las que estaba agotado de ser el entretenimiento de todo el mundo. Pero no paraba. Porque pensaba: si dejo de hacer reír, ¿qué aporto? Si no soy el gracioso, ¿soy el raro que llega tarde, olvida cosas y no termina nada? Sin el humor, solo queda la versión de mí que me da vergüenza.
Y ahí está la trampa. El humor como escudo te protege del mundo, pero te encierra contigo mismo. Te conviertes en tu propio guardia de seguridad. Nadie entra, pero tú tampoco sales.
El "me dejaron en visto" ya es el fin del mundo
No tienes que dejar de ser gracioso
Esto no va de dejar el humor. Va de que el humor deje de ser lo único.
Puedes ser gracioso y también decir "hoy estoy jodido". Puedes hacer reír a la gente y también pedir ayuda cuando la necesitas. Puedes tener el mejor repertorio de chistes sobre ti mismo y también reconocer que algunos de esos chistes son heridas que no has curado.
No se trata de elegir entre ser el gracioso o ser vulnerable. Se trata de poder ser las dos cosas sin que una anule a la otra.
El humor está bien. El humor como única forma de expresión emocional, no.
Y si llevas años haciendo reír a todo el mundo mientras por dentro piensas "ojalá alguien viera que esto no es tan divertido como parece", no eres el único. Somos un montón. Un montón de personas con TDAH que aprendimos a convertir el dolor en comedia porque era la única manera de sobrevivir al colegio, al trabajo, a las reuniones familiares, a la vida.
Pero ya no estamos en el colegio. Y quizá ya no necesitamos el escudo para todo.
Solo para cuando de verdad haga falta.
Si te has pasado la vida siendo el gracioso para que nadie vea lo que hay detrás, quizá tu cerebro lleva tiempo intentando decirte algo. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero puede ser el primer paso para entenderte sin necesitar un chiste de por medio. 10 minutos.
Sigue leyendo
Lo que la retirada de Nadal enseña cuando el hiperfoco se apaga
Nadal se retiró tras 23 años de tenis. Pero cuando el hiperfoco de tu vida desaparece, tu cerebro no sabe qué hacer. Suena familiar.
Hamilton vs Franklin: dos padres fundadores con cerebros que no paraban
Hamilton escribía sin parar, Franklin inventaba sin parar. Dos cerebros que fundaron un país porque no sabían estarse quietos.
Walt Disney: despedido por falta de imaginación
Le dijeron que no tenía imaginación. Quebró su primera empresa. Llegó a Hollywood con 40 dólares. Luego creó Mickey Mouse y Disneyland.
Ledger vs Cobain: cuando el hiperfoco consume en vez de crear
Dos genios con hiperfoco sin freno. Ledger y Cobain muestran que la línea entre crear hasta quemarte y consumirte es casi invisible. TDAH y el precio del.