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¿Es TDAH o altas capacidades? Cuando ser listo confunde a todos

Sacabas buenas notas sin esfuerzo y nadie sospechó nada. Pero TDAH y altas capacidades pueden coexistir. Y eso lo cambia todo.

tdah

Sacabas buenas notas sin estudiar. Te aburrías en clase. Ibas más rápido que los demás. Y todo el mundo asumió que eras brillante.

Nadie pensó que a lo mejor, debajo del brillo, había un cerebro pidiendo socorro.

Porque cuando eres "el listo de la clase", nadie busca nada más. Los profesores están contentos. Tus padres están tranquilos. Y tú, por dentro, sientes que algo no cuadra pero no sabes explicar qué.

Sacar un 8 sin abrir un libro suena a regalo. Hasta que llegas a la universidad, al trabajo, a la vida adulta. Y de repente ese piloto automático deja de funcionar. Y no entiendes por qué.

¿Qué tienen en común TDAH y altas capacidades?

Más de lo que parece. Y ahí está el problema.

Las dos cosas comparten síntomas que, desde fuera, son indistinguibles. Mira esta lista:

  • Te aburres con facilidad.
  • Saltas de un tema a otro.
  • Necesitas estimulación constante.
  • Empiezas muchas cosas y terminas pocas.
  • Tu cabeza va más rápido que tu boca.
  • Te frustras cuando el mundo va lento.

¿TDAH o altas capacidades?

Sí. Las dos. Cualquiera de las dos. Depende de quién te evalúe, de qué test te hagan, y de si el profesional sabe que estas dos cosas pueden ir juntas.

Es como intentar saber si un coche va rápido porque tiene un motor potente o porque le han quitado los frenos. Desde fuera, los dos van a toda hostia. Pero por dentro, son situaciones completamente distintas.

¿Cuál es la diferencia real?

Las altas capacidades son un cerebro que procesa más rápido, más profundo y con más conexiones de lo habitual. Ves patrones donde otros ven ruido. Aprendes sin que te expliquen las cosas dos veces. Haces saltos lógicos que a tu alrededor nadie entiende.

El TDAH es un cerebro que no regula. No filtra estímulos, no gestiona la dopamina, no frena cuando debería frenar. Salta de idea en idea no porque sea brillante, sino porque no puede quedarse quieto.

La persona con altas capacidades se aburre porque va por delante. La persona con TDAH se aburre porque su cerebro necesita más estímulo del que recibe.

La persona con altas capacidades deja cosas a medias porque pierde interés al entenderlas. La persona con TDAH deja cosas a medias porque su cerebro se ha ido a otra parte y no sabe cómo volver.

Parecido por fuera. Motor completamente distinto por dentro.

¿Se puede tener TDAH y altas capacidades a la vez?

Sí. Se llama doble excepcionalidad. Y es más común de lo que cualquiera pensaría.

Lo que pasa con la doble excepcionalidad es perverso: una condición enmascara a la otra. Tu inteligencia compensa los síntomas del TDAH. Desarrollas estrategias sin darte cuenta. Memorizas cosas a última hora. Sacas adelante los exámenes con ese sprint final que otros no pueden hacer. Y como los resultados son "buenos", nadie mira más allá.

Pero por dentro, la guerra es constante.

Porque tu cerebro puede entender cualquier cosa en cinco minutos, pero no puede sentarse a hacerla en cinco horas. Puedes resolver un problema complejo en la ducha, pero no puedes rellenar un formulario sin querer arrancarte los ojos. La nota que sacas no refleja cómo funciona tu cabeza. Refleja lo bueno que eres compensando.

Y esa compensación tiene un coste. Un coste enorme que se paga en silencio.

Agotamiento. Frustración crónica. La sensación permanente de que podrías hacer mucho más si tu cerebro te dejara. De que el potencial está ahí, pero algo lo frena, algo que nadie ve porque tus resultados son "aceptables".

¿Por qué no se diagnostica antes?

Porque el sistema está diseñado para detectar problemas. Y si no hay problema visible, no hay diagnóstico.

El niño que saca un 4 y no para quieto va al orientador. El niño que saca un 7 y se aburre en silencio no va a ningún sitio. Se queda ahí, acumulando años de "podrías dar más de ti" y "es que no te esfuerzas lo suficiente".

Y cuando ese niño crece y llega a los 30, a los 35, a los 40, y por fin alguien le dice "oye, esto podría ser TDAH", la reacción es siempre la misma:

"Pero si yo sacaba buenas notas."

Como si sacar buenas notas y tener TDAH fueran incompatibles. Como si tu cerebro no pudiera ser brillante y caótico a la vez. Como si una cosa anulara la otra.

No la anula. La esconde. Y cuanto más inteligente eres, mejor la escondes. Hasta que un día dejas de poder. Y todo se desmorona sin que nadie entienda por qué, porque desde fuera siempre habías funcionado "bien".

¿Qué pasa cuando por fin se entiende?

Alivio. Enorme.

Porque de repente entiendes por qué podías aprender cualquier cosa pero no podías organizarte. Por qué leías libros enteros en una noche pero no podías mantener una rutina dos semanas seguidas. Por qué tu cabeza iba a mil pero tu vida iba a pedazos.

No eras vago. No eras un desperdicio de potencial. Eras un cerebro con dos particularidades funcionando a la vez, y nadie te lo había explicado.

La frustración de sentir que todo se te escapa

Entender la doble excepcionalidad no es ponerte dos etiquetas. Es entender por fin cómo funciona tu cabeza para dejar de pelear contra ella.

Esto no es un diagnóstico

Que quede claro: ningún post sustituye a un profesional. Ni este, ni ninguno, ni ningún vídeo de YouTube, ni ningún test online.

Pero si te has pasado la vida escuchando "eres muy listo, no sé por qué no rindes más", si siempre has sentido que había una desconexión entre lo que tu cerebro puede hacer y lo que realmente haces, quizá la respuesta no sea esforzarte más. Quizá la respuesta sea entender que tu cerebro funciona diferente. Dos veces diferente.

Y eso no es un defecto. Es información.

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