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Por qué me canso tanto si no he hecho nada: el agotamiento invisible del TDAH

No has salido de casa ni hecho ejercicio, pero estás destrozado. No es pereza. Tu cerebro lleva todo el día corriendo sin que lo sepas.

tdah

Son las 7 de la tarde. No has salido de casa. No has hecho ejercicio. No has cargado cajas, ni corrido un sprint, ni montado un mueble de IKEA. Pero estás tan agotado como si hubieras corrido una maratón.

Tu cerebro sí la ha corrido.

Y no una maratón normal. Una maratón sin ruta, sin agua, sin público animando. Una maratón mental donde cada kilómetro es una decisión que no has tomado, un pensamiento que no has terminado y una preocupación que llevas arrastrando desde las 9 de la mañana.

¿Por qué estoy agotado si no he hecho nada productivo?

Porque tu cerebro no distingue entre "hacer cosas" y "pensar en hacer cosas". Para él, las dos queman el mismo combustible.

Te explico. Cuando te levantas por la mañana y piensas "debería contestar ese email", tu cerebro ya ha empezado a gastar energía. Cuando abres el email, lo lees, decides que es complicado, lo cierras y piensas "luego lo contesto", tu cerebro ha gastado más. Cuando una hora después vuelves a pensar "hostia, el email", y sientes esa punzada de culpa, tu cerebro ha gastado todavía más.

Y el email sigue sin contestar.

Pero la energía ya se ha ido. Se ha ido en el bucle. En abrir y cerrar la misma tarea mentalmente diez veces sin ejecutarla. En la fatiga de decisión que se acumula como una deuda que nunca pagas.

Un cerebro con TDAH no tiene filtro. O mejor dicho: tiene un filtro roto. Todo entra. Todo parece igual de urgente. El email del trabajo y el ruido del vecino y la idea de un proyecto nuevo y el hambre y esa canción que llevas tarareando desde las 11. Todo compite por atención al mismo nivel.

Y procesar todo eso, sin parar, durante horas, agota.

El mito de "no has hecho nada"

Aquí está la trampa. Cuando llegas a las 7 de la tarde y miras tu lista de tareas, ves que no has tachado casi nada. Y tu conclusión es: "No he hecho nada, no debería estar cansado. Soy un vago."

Pero eso es como decir que un coche no ha gastado gasolina porque no se ha movido. Si has tenido el motor encendido todo el día, el depósito está vacío igual. Da igual que no hayas ido a ningún sitio.

Tu cerebro es ese coche. Motor al ralentí, todo el santo día. Procesando, rumiando, saltando de una cosa a otra, intentando frenar y acelerando de nuevo. Sin llegar a ningún destino concreto, pero quemando combustible sin parar.

Y luego encima te machacas por estar cansado.

La hostia.

Lo invisible no es lo mismo que lo inexistente

Hay un tipo de agotamiento que la gente entiende. Te has mudado, has corrido 10 kilómetros, has trabajado 12 horas. Estás reventado y nadie te cuestiona.

Pero hay otro tipo que nadie ve. El agotamiento de tomar 300 microdecisiones al día. El de intentar concentrarte en algo mientras tu cerebro te grita que mires el móvil. El de mantener una conversación mientras internamente estás en tres sitios a la vez.

Ese agotamiento es real. Consume glucosa, consume capacidad cognitiva, consume tu paciencia. Pero como no tiene sudor ni músculo dolorido, ni tú mismo te lo crees.

Y cuando alguien te pregunta "¿qué tal el día?" y dices "bien, no he hecho mucho", lo que realmente ha pasado es que has peleado una guerra silenciosa dentro de tu cabeza. Y has perdido. Otra vez.

¿Qué puedes hacer con esto?

Lo primero: dejar de culparte. En serio. No eres vago. No te falta disciplina. Tu cerebro funciona de una forma que consume más energía en las tareas básicas que el cerebro de alguien sin TDAH. Eso no es una excusa. Es un dato.

Lo segundo: entender que el descanso productivo no es tumbarte en el sofá a mirar el móvil durante tres horas. Eso no descansa tu cerebro. Lo sigue estimulando. Descansar de verdad es reducir la entrada de estímulos. Silencio. Paseo sin podcast. Mirar por la ventana. Aburrirte cinco minutos.

Lo tercero: reducir las decisiones. Cada decisión que eliminas es energía que no gastas. Ropa preparada la noche anterior. Comida planificada. Rutinas que no requieran pensar. Parece una tontería, pero para un cerebro con TDAH, automatizar lo pequeño libera espacio para lo importante.

Y lo cuarto: aceptar que vas a tener días así. Días en los que el tanque se vacía antes de mediodía y no hay forma de rellenarlo. Días donde lo mejor que puedes hacer es parar, aceptar que tu cerebro ha corrido su maratón invisible, y dejarlo descansar.

No todos los días tienes que ser productivo. Algunos días, sobrevivir al ruido mental ya es bastante.

El [burnout](/blog/burnout-tdah-agotamiento) silencioso

Si este patrón se repite semana tras semana, meses enteros sintiéndote agotado sin motivo aparente, presta atención. Porque el agotamiento crónico del TDAH es la antesala del burnout. Y cuando llegas ahí, no es cansancio lo que sientes. Es vacío.

No esperes a ese punto. Si ya te reconoces en todo esto, si llevas tiempo pensando "algo no cuadra", escúchate. No eres débil. Tu cerebro simplemente consume más combustible del que crees.

Y saberlo ya es el primer paso para dejar de quemarte por dentro.

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