Volver al blog

Dostoievski: el escritor que apostaba hasta las páginas de sus novelas

Dostoievski escribía obras maestras mientras huía de acreedores y apostaba todo. Su cerebro solo funcionaba en el extremo. ¿Rasgos TDAH?

tdahfamosos

Dostoievski escribía obras maestras mientras huía de sus acreedores. Apostaba todo lo que ganaba. Tenía epilepsia. Y aun así, produjo algunas de las novelas más profundas de la historia de la literatura.

Un cerebro que solo funcionaba en el extremo.

El hombre que escribió una novela entera en 26 días por una apuesta

A mediados de 1866, Dostoievski tenía un problema. Bueno, tenía varios. Debía dinero a medio San Petersburgo, su editor le tenía cogido por el cuello con un contrato leonino, y su cabeza no paraba de generar ideas para novelas que aún no había terminado.

El contrato decía algo así: si no entregas una novela nueva antes de noviembre, pierdes los derechos de todas tus obras. Todas. Incluidas las que ya había publicado.

Cualquier persona con un mínimo de sentido común habría dejado todo lo demás y se habría puesto a escribir esa novela con meses de antelación.

Dostoievski no.

Dostoievski estaba escribiendo Crimen y castigo al mismo tiempo. Porque su cerebro no sabía hacer una sola cosa. Y cuando quedaba un mes para el deadline, con cero páginas de la novela prometida, hizo lo que haría cualquier persona razonable.

Contrató a una taquígrafa de veintiún años, le dictó una novela entera en veintiséis días, y la entregó justo a tiempo.

Esa novela fue El Jugador. Literalmente una historia sobre la adicción al juego. Escrita por un hombre adicto al juego. Dictada a toda velocidad porque se jugaba su carrera entera.

No sé tú, pero eso me suena a un cerebro que solo se enciende cuando el edificio está en llamas.

¿Cómo se ven los posibles rasgos TDAH en Dostoievski?

Vamos a dejar algo claro antes de seguir: Dostoievski no fue diagnosticado de TDAH. Nació en 1821. El TDAH como concepto no existía ni de lejos. Lo que podemos hacer es mirar su vida, sus patrones, su forma de funcionar, y preguntarnos si lo que vemos encaja con un cerebro que procesa diferente.

Y vaya si encaja.

La impulsividad llevada al extremo. Dostoievski era ludópata. Apostaba compulsivamente en las ruletas de toda Europa. Ganaba, perdía, volvía a apostar. Empeñaba su ropa, la de su mujer, los anillos de boda. Pedía dinero prestado para pagar deudas y apostaba el dinero del préstamo. Un patrón que cualquiera que entienda la búsqueda de dopamina reconocerá al instante.

La producción bajo presión de deadline. Es uno de los patrones más reconocibles del TDAH. No puedes empezar algo hasta que la urgencia te pone una pistola en la sien. Y entonces produces a una velocidad que asusta. Muchos escritores con posibles rasgos TDAH comparten exactamente este patrón: parálisis absoluta seguida de hiperfoco brutal cuando el tiempo se acaba.

La intensidad emocional desbordante. Lee cualquier novela de Dostoievski. Los hermanos Karamázov. El idiota. Memorias del subsuelo. Sus personajes sienten todo al máximo. No hay emociones tibias. No hay medias tintas. Todo es angustia existencial, amor obsesivo, culpa que te come las entrañas. Eso no sale de un cerebro que funciona en modo normal. Eso sale de un cerebro que vive cada emoción como si fuera la última.

Una vida caótica que no sabía cómo ordenar. Siberia. Cárcel. Deudas constantes. Huidas a Europa para escapar de los acreedores. Matrimonios intensos. La incapacidad absoluta de gestionar dinero. Su segunda mujer, Anna, básicamente se convirtió en su sistema de organización humano. Gestionaba sus contratos, sus finanzas, sus plazos. Sin ella, probablemente habría perdido los derechos de toda su obra.

Eso también suena familiar. Muchas personas con cerebros que funcionan diferente necesitan a alguien que les ancle. No porque no puedan, sino porque su cabeza está demasiado ocupada creando mundos como para recordar pagar el alquiler.

La epilepsia y el cerebro en el extremo

Dostoievski tenía epilepsia. Y esto es relevante porque la epilepsia aparece con frecuencia en cerebros con funcionamiento atípico. No es lo mismo que TDAH, no son lo mismo ni de lejos. Pero la comorbilidad existe. Un cerebro que ya procesa de forma diferente tiene más probabilidades de presentar otras particularidades neurológicas.

Lo interesante es que Dostoievski describía sus ataques epilépticos como experiencias casi místicas. Momentos de claridad absoluta antes de la convulsión. Segundos en los que sentía que entendía todo, que veía el universo entero de golpe. Y luego la caída.

Eso se parece peligrosamente a lo que muchas personas con TDAH describen del hiperfoco. Ese momento en el que el mundo desaparece y solo existe lo que tienes delante. Total claridad. Total conexión. Y después, el vacío.

Virginia Woolf vivía algo parecido

Lo que escribió desde el fondo del pozo

La mayoría de las grandes novelas de Dostoievski fueron escritas en las peores condiciones posibles. Crimen y castigo, con acreedores llamando a la puerta. El Jugador, en veintiséis días con un deadline imposible. Los hermanos Karamázov, con la salud rota y la sombra de la muerte encima.

F. Scott Fitzgerald funcionaba igual

No es que Dostoievski eligiera el caos. Es que el caos era lo único que generaba suficiente urgencia, suficiente presión, suficiente adrenalina para que su cerebro se pusiera a funcionar a toda máquina. Sin esa presión, había parálisis. Con ella, había obras maestras.

Eso no es disciplina. Eso no es talento en estado puro. Eso es un cerebro que necesita que el edificio esté ardiendo para decidir que es buen momento para pintar el cuadro más bonito que ha pintado en su vida.

Lo que Dostoievski nos deja sin pretenderlo

Que los cerebros que funcionan diferente a veces producen cosas que los cerebros "normales" no pueden ni imaginar. Pero el precio es alto. Deudas. Adicciones. Relaciones rotas. Una vida que desde fuera parece un desastre y desde dentro es la única forma que conoces de existir.

Que la impulsividad no es solo un defecto clínico. A veces es la chispa que enciende algo que de otra forma nunca se habría escrito. Dostoievski no habría creado El Jugador sin su adicción al juego. Ni Crimen y castigo sin la presión de sus deudas. El sufrimiento no lo justifica, pero el cerebro que lo generaba también generó literatura que sigue sacudiendo a la gente doscientos años después.

Y que nadie te va a dar un diagnóstico póstumo con certeza. Pero cuando miras la vida de Dostoievski y ves la impulsividad, la intensidad emocional, el caos, la producción bajo presión extrema, la incapacidad de gestionar lo cotidiano mientras creaba mundos enteros dentro de su cabeza, es difícil no preguntarte qué habría pasado si alguien le hubiera dicho: "Fiódor, tu cerebro funciona diferente. Y no está roto."

Probablemente habría apostado esa información en una ruleta.

Pero al menos habría sabido por qué.

Si alguna vez te has preguntado si tu cerebro funciona de forma diferente al resto, si la intensidad y el caos son tu modo por defecto, puede que merezca la pena averiguarlo.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo