Volver al blog

Ser fotógrafo con TDAH: disparar 2.000 fotos, editar 3

Disparas 2.000 fotos y editas 3. El shooting fue genial. La entrega lleva semanas. Así funciona un fotógrafo con TDAH.

tdah

2.000 fotos en la tarjeta. 3 editadas. El shooting fue increíble. La entrega es otra historia.

Conozco a un fotógrafo que puede tirarse tres horas disparando sin parar. Cambios de luz, ángulos imposibles, "espera, ponte ahí, que he visto algo". Creatividad pura. La sesión fluye como si su cerebro estuviera enchufado a un generador de ideas infinito.

Y luego llega a casa.

Se sienta delante del ordenador. Abre Lightroom. Ve 2.347 fotos. Y algo dentro de él se apaga como una bombilla fundida.

"Mañana selecciono."

Mañana se convierte en pasado mañana. Pasado mañana se convierte en "esta semana seguro". Esta semana se convierte en un mensaje del cliente preguntando si va todo bien. Y ese mensaje se convierte en un nudo en el estómago que hace que abrir Lightroom sea todavía más difícil.

No es pereza. Es un cerebro que funciona con dopamina, y disparar fotos da dopamina a chorros. Editar 2.347 fotos, una por una, ajustando exposición y balance de blancos, no da ni una gota.

¿Por qué un fotógrafo con TDAH dispara genial pero edita fatal?

Porque la fotografía tiene dos fases que para un cerebro con TDAH son planetas distintos.

La primera fase es pura estimulación. Estás en movimiento. Cada encuadre es nuevo. Hay presión creativa, hay adrenalina, hay un resultado inmediato cuando miras la pantallita y dices "esa, esa está brutal". Tu cerebro está en su salsa. Hiperfoco total. Podrías seguir disparando hasta que se te acabara la batería de la cámara y la tuya propia.

La segunda fase es puro proceso. Seleccionar, descartar, retocar, exportar, organizar, entregar. No hay novedad. No hay adrenalina. No hay recompensa inmediata. Solo una barra de progreso que avanza despacito mientras tú piensas en las quince cosas que podrías estar haciendo en vez de esto.

Es exactamente lo mismo que le pasa a cualquier creativo con TDAH. Si eres diseñador gráfico, sabes de qué hablo: crear es la parte fácil, entregar es otra historia. El problema nunca es el talento. El problema es la parte de después.

Y aquí viene lo cruel: cuanto mejor eres disparando, más fotos tienes que editar. Tu propio talento se convierte en tu trampa.

¿Por qué acabas con 2.000 fotos de una sesión de 30 retratos?

Porque tu cerebro no sabe parar.

Un fotógrafo sin TDAH hace la sesión, saca 300 fotos, elige las mejores, las entrega. Proceso limpio.

Un fotógrafo con TDAH ve una sombra interesante en la pared y piensa "un momento". Ve que la modelo ha girado la cabeza un milímetro y piensa "eso, eso, quédate así". Prueba un ángulo nuevo. Cambia de objetivo. Se agacha. Se sube a una silla. "¿Y si hacemos unas en la escalera?" La sesión que iba a durar una hora dura tres. Y la tarjeta SD pesa más que tu conciencia.

No es desorganización. Es que tu cerebro está en modo exploración constante. Cada estímulo nuevo activa la dopamina y te dice "sigue, hay más, esto es genial". Y lo es. Pero luego hay que procesarlo todo.

Es el clásico empezar y no terminar. Solo que aquí "empezar" es la parte épica con la cámara, y "terminar" es sentarte a seleccionar fotos un martes a las diez de la noche mientras tu cerebro te sugiere que mejor aprendas a pilotar drones.

El cementerio de sesiones sin entregar

Todo fotógrafo con TDAH tiene un disco duro lleno de sesiones a medio editar. Es como un cementerio de buenos momentos que nunca llegaron al cliente.

Y lo peor no es el retraso. Lo peor es la vergüenza. Porque sabes que las fotos son buenas. Sabes que el cliente las quiere. Sabes que solo tienes que sentarte y hacerlo. Y aun así no puedes.

Y entonces empiezas a evitar. No contestas al mensaje. No abres el correo. No miras la carpeta. Y cuanto más evitas, más ansiedad. Y cuanta más ansiedad, más evitas. Bucle infinito.

Esto no es un problema de actitud. Es un cerebro que no regula cuándo activarse y cuándo no. Que funciona a tope cuando hay estímulo y se apaga cuando no lo hay. Sin término medio. Sin botón de "modo crucero".

Es lo mismo que pasa con los hobbies abandonados. Solo que aquí no es un hobby. Es tu trabajo. Y eso lo hace diez veces más agotador, porque encima te juegas la reputación.

¿Tiene solución o me dedico a otra cosa?

Tiene solución. Y no, no es "ponte un temporizador y sé disciplinado". Eso funciona para cerebros que regulan solos. El tuyo necesita otra cosa.

Primero: dispara menos. Sí, en serio. Ponerte un límite de disparos por sesión es contraintuitivo, pero funciona. Si sabes que solo vas a sacar 200 fotos, eliges mejor. Y luego tienes 200 que editar, no 2.000. Tu futuro yo te lo agradecerá.

Segundo: edita el mismo día. Aunque sea solo la selección. Mientras la sesión todavía tiene energía emocional, tu cerebro puede engancharse al proceso. Si dejas pasar tres días, esas fotos ya son "tarea pendiente", y tu cerebro las trata como ir al dentista.

Tercero: divide la edición en micro-bloques. No "editar toda la sesión". Sino "editar 20 fotos". Eso es una tarea con final visible. Tu cerebro necesita ver la meta para arrancar.

Y cuarto: deja de compararte con fotógrafos que entregan en 48 horas. Su cerebro tiene marchas que el tuyo no. No eres peor fotógrafo. Eres un fotógrafo con un cerebro que dispara como una ametralladora creativa y edita como un funcionario un viernes a las dos.

Esto no es un defecto profesional

Es un cerebro que no vino con el modo "proceso lento y constante" activado. Que necesita estimulación para funcionar. Que es capaz de ver cosas que otros no ven, literalmente, a través de un objetivo.

El talento está. La visión está. Lo que falta es un sistema que trabaje con tu cerebro, no contra él.

Y el primer paso para construir ese sistema es entender cómo funciona tu cabeza de verdad.

---

Si eres fotógrafo (o cualquier tipo de creativo) y te has visto en todo esto, tengo un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da un mapa bastante claro de cómo funciona tu cerebro. 10 minutos, gratis, y sin necesidad de editar ninguna foto después.

Relacionado

Sigue leyendo