Ser diseñador gráfico con TDAH: crear es fácil, entregar es otra historia
La creatividad te sobra, las entregas te faltan. Diseño gráfico con TDAH: por qué creas genial a las 2AM y a las 9 no has tocado nada.
La idea te llega a las 2 de la mañana.
A las 4 tienes 3 versiones brillantes. Paletas distintas, tipografías que no has usado nunca, una composición que te hace sentir que por fin estás a tu nivel real. Guardas, cierras Figma, te vas a dormir con la sensación de que mañana lo rematas en media hora.
A las 9 del día de entrega no has tocado ninguna.
Ni para elegir cuál enviar. Ni para exportar. Ni para abrir el email del cliente que lleva dos días esperando respuesta. Porque tu cerebro, que a las 2 de la mañana era una máquina de crear, a las 9 de la mañana es un ladrillo mojado que no quiere ni abrir el navegador.
Si eres diseñador gráfico y tienes TDAH, esto no te sorprende. Es martes.
¿Por qué los diseñadores con TDAH crean genial pero entregan fatal?
Porque crear y entregar son dos procesos completamente distintos para tu cerebro.
Crear es dopamina pura. Es novedad, exploración, posibilidades infinitas. Tu cerebro con TDAH se enciende como un árbol de Navidad. Ves conexiones que otros no ven. Mezclas estilos sin miedo. Pruebas cosas absurdas que a veces funcionan de manera brillante. La fase creativa es tu superpoder real, y no lo digo como frase bonita de Instagram.
Entregar es otra cosa. Entregar es revisar, pulir, exportar en el formato correcto, escribir un email coherente, adjuntar los archivos que toca, y darle a enviar. No hay dopamina en eso. No hay novedad. Es pura ejecución. Y tu cerebro, que hace 7 horas era un genio, ahora es un becario en su primer día que no sabe ni dónde está la impresora.
Es como tener un Ferrari que va a 300 por autopista pero se cala en cada semáforo.
Los creativos con TDAH viven en este caos creativo
¿Te suena lo de tener 47 proyectos abiertos y ninguno terminado?
Empiezas un branding. A mitad descubres una tipografía que mola para otro proyecto. Abres ese otro proyecto. Te das cuenta de que necesitas una paleta nueva. Buscas referencias. Acabas en Pinterest tres horas. Has creado una carpeta de inspiración espectacular para un proyecto que ni siquiera te han pedido.
Mientras tanto, el branding original sigue a medio hacer.
Los proyectos creativos abandonados no se abandonan por falta de talento
Y lo peor no es el proyecto abandonado. Lo peor es la culpa. Porque tú sabes que eres capaz. Has hecho cosas brutales. Tienes un portfolio que demuestra que cuando conectas con algo, el resultado es increíble. Pero entre medias hay un cementerio de versiones V2, V3, V7_final_de_verdad_ahora_sí.psd que nadie va a ver nunca.
¿Por qué los detalles se te comen vivo?
Porque tu cerebro tiene dos modos: hiperfoco y modo fantasma. No hay término medio.
En hiperfoco, te pasas cuatro horas ajustando el kerning de un título que el cliente ni va a notar. Mueves un elemento 2 píxeles a la izquierda, luego 1 a la derecha, luego 2 más a la izquierda. Estás convencido de que ese píxel importa. Y a lo mejor importa. Pero no a costa de entregar el proyecto tres días tarde.
En modo fantasma, cometes errores de descuido que no tienen sentido. Mandas el archivo equivocado. Dejas un texto en lorem ipsum. Exportas en RGB lo que tenía que ir en CMYK. Entregas con el logo de otro cliente porque estabas trabajando en dos cosas a la vez y tu cerebro mezcló las pestañas.
No es que seas descuidado. Es que tu cerebro, cuando no está en modo interesante, pone el piloto automático. Y el piloto automático de un cerebro con TDAH tiene la fiabilidad de un GPS del 2004.
¿Cómo sobrevive un diseñador con TDAH?
No con disciplina. No con "ponerte las pilas". No con esos consejos de productividad que funcionan para cerebros que regulan bien la atención.
Lo que funciona es diseñar tu flujo de trabajo alrededor de tu cerebro, no contra él.
Separar crear de entregar. En serio. Que sean dos tareas distintas en dos momentos distintos. Creas cuando tu cerebro quiera crear, a las 2 de la mañana si hace falta. Y entregas al día siguiente con un checklist delante, tipo piloto de avión, repasando cada punto antes de darle a enviar. Sin confiar en tu memoria, porque tu memoria no es de fiar.
Poner alarmas para todo lo que no sea crear. Deadlines falsos dos días antes del real. Recordatorios para contestar emails. Un sistema externo que haga de cerebro auxiliar, porque el tuyo está ocupado siendo brillante a ratos y desapareciendo a otros.
Y sobre todo, dejar de culparte por cómo funciona tu cabeza. No eres un mal diseñador que no cumple plazos. Eres un buen diseñador cuyo cerebro necesita un manual de instrucciones diferente al del resto.
Esto no es una excusa
Que quede claro. Tener TDAH no es un pase libre para entregar tarde, mandar archivos mal o ignorar emails de clientes durante semanas.
Pero sí es una explicación. Y las explicaciones importan, porque cuando entiendes por qué haces lo que haces, puedes buscar soluciones que realmente funcionen. No las genéricas de "usa una agenda" o "levántate a las 5". Sino las que encajan con un cerebro que funciona a ráfagas de genialidad intercaladas con momentos de parálisis absoluta.
Lo que pasa dentro de tu cabeza no es pereza. Es neurología. Y cuanto antes lo entiendas, antes dejas de pelearte contigo mismo cada vez que un proyecto se retrasa.
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