Ser funcionario con TDAH: la estabilidad que tu cerebro necesita y odia a la vez
Plaza fija, horario estable, sueldo seguro. El sueño de cualquiera. Pero si tienes TDAH, la monotonía de una oficina pública puede destruirte por dentro.
Plaza fija, horario estable, sueldo garantizado. El sueño de cualquiera.
Pero tu cerebro con TDAH necesita novedad, y en una oficina donde nada cambia, la monotonía te destruye por dentro. Es como ganar un premio que todo el mundo envidia mientras tú por dentro gritas "sacadme de aquí".
Conozco a gente que se ha preparado oposiciones durante años. Años de temarios, tests, academias, y noches en las que el cerebro dice "me niego a leer una ley más". Algunos con TDAH, aunque todavía no lo sabían. Y cuando por fin aprobaron, cuando por fin consiguieron esa plaza que todo el mundo celebraba, empezó el verdadero problema.
Porque una cosa es estudiar para conseguir algo. Ahí hay adrenalina, hay fecha límite, hay dopamina del miedo.
Y otra muy distinta es sentarte cada mañana en la misma silla, con el mismo ordenador, haciendo el mismo procedimiento administrativo del que ya sabías cada paso al tercer día.
¿Es la función pública un buen lugar para alguien con TDAH?
Depende. Y sé que esa respuesta no le gusta a nadie, pero es la honesta.
La función pública tiene cosas que un cerebro con TDAH necesita desesperadamente: estructura, horarios claros, estabilidad económica. No tienes que decidir cada mañana qué hacer ni en qué orden. Hay procedimientos, hay protocolos, hay alguien que ya ha pensado los pasos por ti.
Eso, para un cerebro que funciona con dopamina y no con disciplina, puede ser un salvavidas.
Pero también tiene lo que peor lleva un cerebro con TDAH: repetición sin fin. Tareas predecibles. Cero novedad. Días que son una copia exacta del anterior. Y cuando tu cerebro necesita estímulo para funcionar, la ausencia de estímulo no es "tranquilidad". Es tortura.
Es como meterle gasolina de 98 octanos a un coche y luego dejarlo aparcado en un garaje para siempre. El motor está ahí, funciona, tiene potencia. Pero no va a ningún sitio.
¿Por qué la monotonía duele más con TDAH?
Porque tu cerebro no regula la dopamina como el de los demás. La dopamina es la gasolina que necesitas para prestar atención, para motivarte, para terminar cosas. Y la consigues con novedad, con urgencia, con retos.
En un trabajo donde cada día es igual, la dopamina se evapora. Y cuando eso pasa, tu cerebro hace lo único que sabe hacer: buscar estímulo por su cuenta.
Entonces empiezas a mirar el móvil. A perderte en conversaciones con compañeros. A hacer tareas que no tocan porque son más interesantes que la que toca. A procrastinar un expediente sencillo durante horas porque tu cerebro se niega a hacerlo. No porque sea difícil. Porque es aburrido.
Y ahí viene lo peor: la culpa.
Porque sabes que tienes un trabajo estable, que mucha gente mataría por tu puesto, que no tienes derecho a quejarte. Y sin embargo cada mañana te cuesta horrores ir. No porque no quieras trabajar. Porque tu cerebro necesita algo que ese trabajo no le da.
¿Y entonces qué haces? ¿Lo dejas todo?
No. Tranquilo. Esto no es un post de "sigue tu pasión y todo irá bien". Esto es el mundo real y las facturas no se pagan con dopamina.
Lo que sí puedes hacer es adaptarte. Crear dentro de la rigidez tus propios sistemas de novedad. Suena raro, pero funciona.
Primero, los bloques. Si tienes tareas repetitivas, no las repartas a lo largo del día. Agrúpalas. Haz toda la parte aburrida del tirón, en un bloque, y luego pasa a otra cosa. Tu cerebro aguanta mejor la monotonía si sabe que tiene fecha de caducidad. "40 minutos de expedientes y luego cambio." Eso es manejable. "Expedientes todo el día" es una sentencia de muerte atencional.
Segundo, la rutina matutina. Si llegas a la oficina sin estructura propia, el día te come. Pero si llegas con tus primeros 30 minutos ya decididos, tu cerebro tiene un rail sobre el que moverse en vez de flotar sin dirección.
Tercero, habla. Si tu puesto lo permite, pide adaptaciones. Rotación de tareas. Cambiar de área cada cierto tiempo. Teletrabajar algunos días. No es pedir un favor. Es pedir las condiciones para rendir como puedes rendir.
Y cuarto, ten algo fuera. Un proyecto paralelo. Un hobby que te rete. Algo que le dé a tu cerebro esa novedad que el trabajo no le da. No para escapar del trabajo, sino para llegar al trabajo con el depósito de dopamina menos vacío.
El truco que nadie te cuenta sobre ser funcionario con TDAH
Que la estabilidad no es el enemigo. El enemigo es la estabilidad sin variación.
Puedes tener un trabajo estable y aun así crear movimiento dentro de él. Puedes tener un horario fijo y dentro de ese horario cambiar el orden, el método, la forma de abordar las cosas. Tu cerebro no necesita que cambies de trabajo cada seis meses. Necesita que dentro del mismo trabajo haya suficientes microcambios para no apagarse.
Es la diferencia entre un río y una charca. Los dos tienen agua. Pero uno se mueve y el otro se pudre.
Muchos funcionarios con TDAH que conozco sobreviven no porque su trabajo sea estimulante. Sobreviven porque han aprendido a inyectar estímulo donde no lo hay. A gamificar tareas, a ponerse minirretos absurdos, a competir consigo mismos. Y cuando les preguntas, te dicen que el trabajo no es el problema. El problema fue no saber que su cerebro funcionaba diferente y pasarse años culpándose por no estar motivados con algo que "debería" ser suficiente.
No es que no te guste tu trabajo. Es que tu cerebro funciona diferente.
Esa es la clave. No eres un desagradecido. No eres un vago. No eres alguien que "nunca está contento con nada". Eres alguien cuyo cerebro necesita más combustible del que ese entorno le da por defecto.
Y saberlo cambia todo. Porque cuando lo sabes, dejas de culparte y empiezas a buscar soluciones. Dejas de pensar "qué me pasa" y empiezas a pensar "qué necesito".
Tu plaza no es el problema. Tu cerebro no es el problema. El problema es no saber cómo funciona uno dentro del otro.
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