Poner 7 alarmas y silenciarlas todas sin despertar del todo
Tu dedo ya sabe dónde está el botón de snooze sin que tu cerebro participe. Por qué las alarmas no funcionan con TDAH y qué pasa de verdad.
Primera alarma: la ignoras dormido. No la oyes. Técnicamente ha sonado, pero tu cerebro la ha clasificado como ruido ambiental, al nivel de un coche pasando por la calle o el vecino cerrando la puerta.
Segunda alarma: la silencias sin abrir los ojos. Tu mano ya sabe el camino. Es un movimiento muscular, no cerebral. Como rascarte la nariz dormido. Tu dedo encuentra el botón antes de que tu conciencia se entere de que hay un sonido.
Tercera alarma: la oyes. A medias. Piensas algo parecido a "cinco minutos más" pero no con palabras, sino con una sensación amorfa de que todavía no es el momento. Snooze.
Cuarta, quinta y sexta: tu dedo hace su trabajo en piloto automático. Tu cerebro ni participa. Es un bucle. Alarma, dedo, silencio, vuelta a dormir. Cada ciclo dura exactamente 9 minutos y no recuerdas ninguno.
Séptima alarma: esta sí la oyes. Piensas "esta sí, ahora me levanto". Y lo siguiente que recuerdas es que son las 9:47 y llevas 40 minutos de retraso.
Bienvenido a las mañanas con TDAH.
¿Por qué tu cerebro trata las alarmas como ruido de fondo?
Porque lo son.
Tu cerebro con TDAH tiene un filtro de relevancia que funciona por dopamina, no por lógica. Y una alarma que suena igual todas las mañanas, a la misma hora, con el mismo sonido, pierde relevancia al tercer día. Tu sistema nervioso la cataloga como "esto ya lo conozco, no es importante" y la manda al mismo cajón mental donde están el ruido del frigorífico y el zumbido de las farolas.
No es que no quieras levantarte. Es que tu cerebro ha decidido, sin consultarte, que esa alarma no merece atención. Y lo ha decidido mientras dormías. Sin tu permiso. Sin tu participación.
Un cerebro neurotípico también odia la alarma. Pero tiene un regulador que dice "esto es importante, levántate". El tuyo tiene ese regulador estropeado. No es que no funcione nunca. Es que funciona cuando le da la gana. Y a las 7 de la mañana, no le da la gana.
El ciclo de snooze es una trampa neurológica
Cada vez que le das al snooze, tu cerebro empieza un nuevo ciclo de sueño. No es que descanses esos 9 minutos. Es que tu cerebro intenta dormirse de verdad otra vez y tú lo despiertas a los 9 minutos de empezar. Es peor que no haber dormido esos 9 minutos. Es como arrancar un coche, apagar el motor a los 10 metros, arrancarlo otra vez, apagarlo otra vez, durante una hora.
Cuando finalmente te levantas, no has descansado los 40 minutos extras que crees. Has fatigado a tu cerebro con 6 arranques fallidos. Por eso te levantas más cansado que si te hubieras levantado a la primera. Por eso tienes esa niebla mental que no se va hasta las 11. Por eso tu cerebro a las 9 de la mañana es un Windows XP arrancando. Porque literalmente ha arrancado y se ha apagado seis veces antes de que tú abrieras los ojos.
Y lo más frustrante es que lo sabes. Lo sabes cada noche cuando pones las 7 alarmas. Piensas "mañana me levanto a la primera". Y cada mañana pierdes esa batalla. No porque seas débil. Porque estás peleando contra un cerebro dormido que tiene el dedo más rápido que la conciencia.
La culpa de las 10 de la mañana
Esto es lo que nadie cuenta.
No es solo el retraso. Es lo que viene después. Son las 10 de la mañana, llevas una hora despierto, y ya te sientes un fracasado. Ni siquiera has empezado el día y ya has fallado. Porque "todo el mundo se levanta a las 7 sin problema" y tú necesitas 7 alarmas y aun así llegas tarde.
La culpa se instala antes del desayuno. Y esa culpa te acompaña el resto del día. No como un pensamiento concreto, sino como una sensación de fondo. Un runrún constante de "empecé mal, voy por detrás, no voy a recuperar el tiempo". Y eso afecta a todo lo que haces. Porque no arrancas el día desde cero, arrancas desde menos tres.
Y si alguien te dice "pues acuéstate antes", quieres estrangularlo con cariño. Porque ya lo has intentado. Pero tu cerebro no se apaga de noche. A las 23:00 decides acostarte pronto y a las 2:00 estás viendo vídeos sobre cómo se fabrican los bolígrafos. No porque quieras. Porque tu cerebro ha decidido que las 2 de la madrugada es el momento perfecto para interesarse por la tinta.
¿Por qué 7 alarmas y no una que funcione?
Porque ya has probado una. Y dos. Y tres. Y cada vez que una no funciona, añades otra. Es la solución lógica de alguien que no entiende por qué su cerebro ignora las señales.
Pones una a las 7:00. La ignoras. Entonces pones una a las 7:00 y otra a las 7:10. Las ignoras las dos. Entonces pones una cada 5 minutos desde las 7:00 hasta las 7:30. Las ignoras todas. Y terminas con 7 alarmas distribuidas en 45 minutos como una orquesta que toca para nadie.
La estrategia de "más alarmas" es como subir el volumen de una canción que ya no te gusta. No importa lo alto que suene. Si tu cerebro la ha catalogado como irrelevante, la va a filtrar igual.
Hay gente que cambia el tono cada día. Gente que pone el móvil al otro lado de la habitación. Gente que usa alarmas con puzzles matemáticos. He probado todo. Los puzzles los resolvía dormido. El móvil al otro lado de la habitación lo apagaba, volvía a la cama, y me dormía. Con TDAH, tu cerebro encuentra la forma de volver a dormir como el agua encuentra la forma de bajar. Siempre.
¿Y entonces qué?
No voy a venderte la solución mágica porque no la hay. Lo que sí hay es dejar de culparte por algo que no controlas a las 7 de la mañana con el cerebro apagado.
Si tu cuerpo necesita levantarse a las 9, y tu vida te lo permite, levántate a las 9. No necesitas madrugar para ser productivo. Eso es mentira. Tu cerebro tiene sus propios horarios y pelear contra ellos es como pelear contra la necesidad de dopamina en vez de trabajar con ella. No vas a ganar.
Y si tu vida no te permite levantarte a las 9, entonces el problema no es la alarma. Es el sistema. Es que estás intentando vivir con un horario diseñado para un cerebro que no es el tuyo. Y ahí es donde hay que trabajar. No en poner la octava alarma.
Porque 7 alarmas no es un sistema. Es una señal. Una señal de que algo no funciona. Y ese algo no eres tú.
Si lees esto a las 2 de la madrugada porque no puedes dormir y mañana tienes 7 alarmas puestas, igual te reconoces en más cosas de las que crees. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida mejor que darle al snooze otra vez.
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