Planes al aire libre que te agobian antes de empezar: abril con TDAH
Llega el buen tiempo y con él los planes al aire libre. Si tienes TDAH, la ilusión y el agobio llegan juntos. Esto es lo que pasa.
"Venga, que va a hacer bueno, vamos al campo." Y tú sientes una mezcla de ilusión y agobio que no sabes explicar.
Porque sí, te apetece. Claro que te apetece. Salir, cambiar de aires, notar el sol en la cara. Pero entre el "qué buen plan" y el momento de salir por la puerta hay un abismo lleno de decisiones invisibles que tu cerebro convierte en una maratón.
¿Qué llevo? ¿Hace falta crema solar o todavía no? ¿Comemos allí o llevamos algo? ¿Quién conduce? ¿A qué hora hay que estar? ¿Y si llueve? ¿Hay plan B? ¿Por qué nadie más parece agobiado con esto?
Y lo peor: tú sabes que son preguntas normales. Que la gente las resuelve en dos minutos y sigue con su vida. Pero tu cabeza las coge, las amplifica, las conecta entre sí, y monta un mapa mental de escenarios posibles que parece la pizarra de una serie de detectives.
¿Por qué los planes que deberían ser divertidos me agotan antes de empezar?
Porque tu cerebro no procesa "plan al aire libre" como una unidad. Lo descompone en 47 micro-decisiones, y cada una de ellas requiere atención, energía y un tipo de planificación que tu sistema de dopamina no está dispuesto a financiar.
Preparar la mochila es una decisión. Elegir ropa es otra. Calcular la hora de salida. Pensar en la comida. Acordarte de cargar el móvil. Llevar agua. ¿Toalla? ¿Gafas de sol? ¿Las del año pasado o las nuevas? ¿Dónde están las nuevas?
Para un cerebro neurotípico, esto es ruido de fondo. Para un cerebro con TDAH, cada punto de esa lista es una bifurcación que consume energía de decisión real. Y llegas al plan con la batería al 12% antes de haber hecho nada divertido.
Es como preparar una excursión al monte y llegar agotado al parking. El monte sigue ahí. Pero tú ya estás para echarte una siesta.
El problema no es el plan, es todo lo que hay alrededor
Abril es traicionero. Es el mes donde todo el mundo activa el modo "buen tiempo = planes obligatorios". Y de repente tu agenda, que estaba tranquila, se llena de propuestas.
Barbacoa el sábado. Senderismo el domingo. Terraceo el viernes. Cumpleaños al aire libre. Un "solo es ir al parque un rato" que nunca es solo ir al parque un rato.
Y tú quieres ir. De verdad. No es que no te gusten los planes. Es que socializar te agota de una forma que la gente no entiende porque desde fuera pareces pasártelo bien.
Porque te lo pasas bien. Ese es el truco. Disfrutas mientras estás, pero el antes y el después son un desgaste que nadie ve.
El antes: la preparación mental, la logística, la transición de "modo casa" a "modo fuera". El después: la bajada de estímulo, el cansancio social, el cerebro que necesita tres horas de sofá y silencio para volver a su línea base.
La trampa de abril con TDAH
El buen tiempo llega con una presión invisible: la idea de que tienes que aprovecharlo. Que si hace sol y no sales, estás desperdiciando algo. Que la gente normal sale, disfruta, y no necesita recuperarse de un picnic.
Pero tu cerebro no funciona con "debería". Tu cerebro funciona con dopamina, contexto y transiciones. Y una tarde al aire libre, por bonita que sea, es una transición gigante que requiere un tipo de energía que no siempre tienes.
No significa que no puedas hacerlo. Significa que necesitas planificarlo diferente.
Qué me funciona a mí (sin garantía de que te funcione a ti)
Primero: reducir las decisiones antes del plan. Si voy a la montaña, tengo una mochila medio preparada siempre. Agua, crema, gorra, cargador. No pienso. Cojo y salgo. Cuantas menos decisiones en el momento, menos desgaste previo.
Segundo: no acumular planes. Si el sábado hay barbacoa, el domingo es sagrado. No negociable. Mi cerebro necesita ese día de nada para no colapsar el lunes. Parece exagerado, pero es que si no lo hago, el lunes soy un zombie con los ojos abiertos.
Tercero: avisar. "Oye, me apetece mucho, pero igual me voy antes." La gente que te quiere lo entiende. La gente que no lo entiende no merece que te expliques.
Y cuarto: dejar de compararme con cómo gestionan los planes los demás. Tu amigo que organiza excursiones de doce personas sin despeinarse no tiene tu cerebro. Tú no tienes el suyo. No hay comparación posible. Planificar cualquier cosa con TDAH es un deporte completamente distinto.
No es que no te gusten los planes
Es que tu cerebro los vive de otra manera. Con más ruido antes, más intensidad durante, y más desgaste después. Y eso no es ser raro, ni antisocial, ni dramático.
Es tener un cerebro que necesita más gestión para las cosas que otros hacen en piloto automático.
Abril puede ser genial. El sol, los planes, el aire libre. Pero también puede ser el mes donde te machacas por no disfrutar como "deberías". Y eso es lo único que realmente agota: la culpa de que algo divertido te cueste tanto.
Así que si este abril sales menos de lo que te gustaría, o sales y necesitas recuperarte más de lo que parece razonable, no te castigues. Tu cerebro está haciendo lo que puede. Y lo que puede, con las herramientas adecuadas, es más que suficiente.
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