"Soy un desastre" como identidad: cuando el TDAH te define

Cuando "soy un desastre" deja de ser una queja y se convierte en tu forma de presentarte. Cómo separar lo que haces de lo que eres con TDAH.

La primera vez que me presenté en una cena diciendo "soy un desastre, perdona" no fue una broma.

Fue mi presentación real. Literal. No dije "hola, soy Ruben". Dije "perdona el retraso, soy un desastre". Y lo dije con una sonrisa, como si fuera gracioso. Como si llevara una camiseta con el eslogan estampado.

Lo peor es que nadie se sorprendió.

Porque a esas alturas ya no era una queja. Era mi tarjeta de visita. Mi forma de adelantarme al juicio. De decirte "ya sé lo que vas a pensar de mí, así que lo digo yo primero y nos ahorramos el trámite".

Y eso, que parece inofensivo, es una trampa enorme.

¿Cuándo "soy un desastre" dejó de ser una frase y se convirtió en tu nombre?

Piénsalo un momento.

¿Cuántas veces has dicho "es que soy un desastre" esta semana? No como excusa puntual. Como explicación de todo. Llegas tarde: "es que soy un desastre". Pierdes las llaves: "desastre". Olvidas una cita: "ya sabes cómo soy". Se te cae el café encima del portátil: ni siquiera lo dices, solo miras a quien tengas al lado con cara de "¿ves?".

Y la gente asiente. Porque ya te conocen así. Ya te han catalogado. Eres el desastre del grupo. El caótico. El que siempre llega tarde, siempre se le olvida algo, siempre tiene una historia absurda sobre por qué no ha hecho lo que tenía que hacer.

Y tú te lo crees. No solo lo dices. Te lo crees de verdad.

Porque cuando llevas 20, 25, 30 años escuchándolo de los demás y diciéndotelo a ti mismo, deja de ser una descripción de lo que haces y se convierte en una descripción de lo que eres. Y ahí está el problema.

La identidad construida sobre el caos

Hay una diferencia brutal entre "he perdido las llaves" y "soy una persona que pierde las llaves".

La primera es un hecho. La segunda es una identidad.

Y cuando tu cerebro funciona diferente al de la mayoría, cuando llevas toda la vida tropezando con las mismas cosas sin saber por qué, tu cerebro construye una historia. Una narrativa. Un personaje. Y ese personaje es "el desastre".

Es lo que hacemos los humanos. Buscamos patrones. Y si el patrón que ves es "siempre se me olvida todo, siempre llego tarde, siempre la lío", la conclusión más fácil es: soy así. Punto. Es lo que hay. Soy un desastre y no tiene arreglo.

Esto es exactamente lo que yo sentí durante 30 años. No sabía que tenía TDAH. Solo sabía que fallaba en cosas que a los demás les parecían fáciles. Y la única explicación que encontré fue que algo estaba mal en mí. No en mi cerebro. En mí. En la persona.

El escudo que te protege y te hunde al mismo tiempo

Aquí viene lo retorcido.

Decir "soy un desastre" tiene una función. Te protege.

Si ya has dicho que eres un desastre, nadie te puede pillar desprevenido. Si llegas tarde y ya lo has anunciado, el golpe duele menos. Si te olvidas de algo, bueno, ya avisaste. Es como poner un cartel de "cuidado, suelo mojado" para que cuando te caigas la gente piense "ya lo sabíamos" en vez de "qué torpe".

Es un mecanismo de defensa. Y funciona. A corto plazo.

Pero a largo plazo te entierra. Porque cada vez que dices "soy un desastre", le estás dando instrucciones a tu cerebro. Le estás diciendo "esto es lo que somos, no esperes más". Y tu cerebro, que es muy obediente para las cosas que no te convienen, toma nota.

Y deja de intentar.

¿Para qué vas a intentar ser puntual si "eres un desastre"? ¿Para qué vas a montar un sistema de organización si "ya sabes cómo eres"? ¿Para qué vas a pedir ayuda si "es que soy así"?

La etiqueta se convierte en una profecía que se cumple sola.

¿Y si no eres un desastre sino una persona con un cerebro diferente?

Esta es la parte que a mí me costó años entender.

No es lo mismo ser un desastre que tener un cerebro que gestiona la atención de forma diferente. Suena parecido pero no tiene nada que ver.

Ser un desastre es un juicio de valor. Implica que hay algo mal en ti como persona. Que eres defectuoso. Que estás roto.

Tener TDAH es una descripción de cómo funciona tu neurología. Implica que tu cerebro regula la dopamina de otra manera, que tu memoria de trabajo tiene menos capacidad, que tu percepción del tiempo es distinta. Son hechos. No juicios.

Y esos hechos explican por qué pierdes las llaves. Por qué llegas tarde. Por qué empiezas 15 proyectos y no terminas ninguno. Pero no te definen como persona.

Perder las llaves no te convierte en un desastre. Te convierte en alguien que necesita un gancho al lado de la puerta. Llegar tarde no significa que seas irresponsable. Significa que tu cerebro percibe el tiempo como algo abstracto, no lineal, y que necesitas alarmas externas para compensarlo.

Muchos de estos comportamientos ni siquiera parecen TDAH desde fuera. Parecen dejadez, falta de interés, desorganización. Pero son síntomas. Y los síntomas se gestionan. La identidad, una vez asumida, cuesta mucho más cambiarla.

Separar lo que haces de lo que eres

No te voy a decir que un día lees un artículo y de repente dejas de identificarte como un desastre. Ojalá. Pero no funciona así.

Lo que sí funciona es empezar a pillar el patrón. Cada vez que te escuches decir "es que soy un desastre", para un segundo. Solo un segundo. Y tradúcelo.

"He olvidado la cita" en vez de "soy un desastre que olvida todo".

"Se me ha pasado contestar" en vez de "soy un desastre con los mensajes".

"Necesito un sistema para esto" en vez de "es que soy así y no tiene solución".

Suena a tontería. Lo sé. Suena a frasecita motivacional de calendario de cocina. Pero no lo es. Es neurociencia básica. La forma en que te hablas a ti mismo moldea las conexiones de tu cerebro. Y si llevas 30 años diciéndote que eres un desastre, esas conexiones están bien profundas.

Cambiarlas no es instantáneo. Pero cada vez que describes un hecho en vez de emitir un juicio, estás construyendo un camino nuevo. Y a tu cerebro, con el tiempo, le da igual cuál coger. Usa el que tenga más tráfico.

No necesitas dejar de ser caótico. Necesitas dejar de creer que eso te define.

Mira, yo sigo llegando tarde a cosas. Sigo perdiendo cosas. Sigo olvidándome de contestar mensajes durante días. Sigo siendo, por los estándares de la mayoría, bastante caótico.

Pero ya no digo "soy un desastre".

Digo "mi cerebro funciona así y tengo herramientas para compensarlo". Que es menos gracioso en una cena, lo admito. Pero es más verdad. Y sobre todo, me deja espacio para mejorar en vez de encerrarme en un personaje que ya no quiero ser.

Porque sentirte diferente toda la vida sin saber por qué te lleva a construir identidades de supervivencia. Personajes que te protegen del juicio. Máscaras que funcionan hasta que pesan demasiado.

Y "soy un desastre" es una de esas máscaras. Útil durante un tiempo. Pero cuando te la quitas, resulta que debajo hay una persona normal con un cerebro que necesita instrucciones diferentes.

No peores. Diferentes.

Todo lo que comparto aquí es lo que he aprendido viviendo con TDAH. No sustituye una evaluación profesional, y no pretende hacerlo.

Si llevas años presentándote al mundo como "el desastre" y nunca has entendido por qué, quizá tu cerebro tiene algo que contarte. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para dejar de definirte por lo que falla y empezar a entender por qué falla.

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