Volver al blog

Noche de San Juan con TDAH: petardos, ruido y un cerebro que no puede

Petardos, hogueras, gritos y música hasta las 4AM. Para tu cerebro con TDAH, la noche de San Juan no es una fiesta. Es una emboscada sensorial.

tdah

Petardos a las 2AM, hogueras, música y todo el barrio en la calle. La noche de San Juan es una fiesta para la mayoría. Para tu cerebro con TDAH, es una emboscada sensorial.

Lo digo con conocimiento de causa. El año pasado, a las once de la noche, yo estaba sentado en un banco intentando participar en la velada como una persona normal. Cerveza en mano, sonrisa puesta, grupo de amigos alrededor. Todo bien. En teoría.

En la práctica, mi cerebro estaba procesando quince estímulos a la vez. El petardo que acaba de explotar a mi derecha. La conversación de la mesa de al lado. El bajo de un reggaetón que salía de un altavoz portátil. El olor a pólvora mezclado con sardinas a la brasa. Un niño corriendo con una bengala. Otro petardo. Risas. Otro petardo.

Y de repente, sin previo aviso, necesitaba irme. No enfadado. No triste. Simplemente saturado. Como un ordenador con 47 pestañas abiertas que decide congelarse sin avisar.

¿Por qué la noche de San Juan es un infierno sensorial para el TDAH?

Porque tu cerebro ya tiene problemas para filtrar estímulos en un martes normal en la oficina. Imagina lo que pasa cuando le metes en un entorno donde todo explota, todo suena, todo huele y todo se mueve a la vez.

El cerebro con TDAH no tiene un buen portero en la puerta de los estímulos. En lugar de dejar pasar solo lo importante y bloquear el ruido de fondo, deja pasar todo. Absolutamente todo. El petardo, la conversación, la música, el brillo de las hogueras, la textura de la arena, el frío de la cerveza en la mano. Todo llega al mismo volumen.

Y cuando todo llega al mismo volumen, nada se puede procesar bien.

Es como intentar escuchar un podcast en medio de un concierto de AC/DC. No es que el podcast sea malo. Es que tu cerebro no puede aislarlo de todo lo demás.

La noche de San Juan es exactamente eso. Una sobrecarga sensorial empaquetada como tradición popular. Ruido impredecible (los petardos no avisan), duración infinita (no hay hora de cierre), estímulos constantes desde todos los ángulos, y encima la presión social de "es fiesta, disfruta".

¿Qué pasa dentro de tu cabeza cuando te sobreestimulas?

Primero viene la irritabilidad. Esa sensación de que todo te molesta un poco más de lo que debería. El volumen de la música te parece excesivo. La gente habla demasiado alto. Alguien te toca el hombro y casi le muerdes.

Después viene la desconexión. Tu cerebro decide que no puede más y empieza a apagarse. Estás ahí pero no estás. Oyes pero no escuchas. Te hablan y asientes, pero por dentro estás en modo avión.

Y al final viene el agotamiento. Ese cansancio profundo que no tiene nada que ver con no haber dormido. Es cansancio neurológico. Tu cerebro ha estado procesando a velocidad máxima durante horas y ahora simplemente no le queda gasolina. Es parecido a ese burnout que te deja KO sin saber por qué, pero concentrado en una sola noche.

Al día siguiente te despiertas como si hubieras corrido una maratón. Y la gente a tu alrededor dice "qué noche más divertida, ¿eh?".

¿Significa que no puedes disfrutar la noche de San Juan?

No. Significa que necesitas un plan. Y no un plan militar con horarios y puntos de extracción. Un plan sencillo. Humano.

Porque la clave no es evitar la fiesta. Es gestionarla para que tu cerebro no reviente antes de medianoche.

Algunas cosas que a mí me funcionan:

Elige tu posición. No es lo mismo estar en el centro de la hoguera que en una terraza a 50 metros con vistas. Tú necesitas espacio para respirar. No te plantes en primera fila si sabes que el ruido te va a destrozar.

Lleva auriculares. No para ponerte música. Para tenerlos como red de seguridad. Si el nivel de estímulos sube demasiado, te los pones cinco minutos, bajas el volumen del mundo, y vuelves. Nadie se muere porque te pongas tapones un rato.

Permiso para irte. Esto es lo más difícil. Darte permiso para decir "me voy" sin sentir que estás roto. No necesitas excusa. No necesitas inventar un dolor de cabeza. Puedes simplemente decir "necesito un rato" y largarte.

Planifica el día siguiente. Si sabes que la noche va a ser intensa, planifica el día de después como planificarías unas vacaciones. Sin compromisos. Sin alarmas. Sin reuniones a las 9. Regálale a tu cerebro el tiempo de recuperación que necesita.

No eres raro por no aguantar lo que otros aguantan

La sobreestimulación sensorial es una de las partes menos visibles del TDAH. Nadie la ve. Nadie te pone una escayola por saturación auditiva. Pero es real. Y duele.

El problema es que llevamos toda la vida oyendo "no seas exagerado", "relájate", "es solo ruido". Y acabas creyéndotelo. Acabas pensando que el problema eres tú. Que eres demasiado sensible. Demasiado raro. Demasiado blando.

No eres blando. Tienes un cerebro que procesa el mundo con el volumen subido al máximo y sin botón de silencio.

La diferencia entre sobrevivir un mal día y hundirte en él muchas veces es simplemente saber qué te está pasando. Ponerle nombre. Decir "esto es sobreestimulación, no es que yo sea defectuoso".

Y a partir de ahí, actuar en consecuencia. Sin culpa. Sin drama. Con estrategia.

La noche de San Juan va a seguir existiendo. Los petardos van a seguir sonando. La gente va a seguir celebrando hasta las tantas. Tú no puedes cambiar eso. Pero puedes cambiar cómo te preparas para ello.

Y si al final decides quedarte en casa viendo una peli con las ventanas cerradas, eso también está bien. No hay premio por aguantar lo que tu cerebro te está pidiendo a gritos que dejes de aguantar.

---

Si te has sentido identificado con esto y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre tu cabeza que una noche de San Juan entera. 10 minutos, gratis, sin email obligatorio.

Relacionado

Sigue leyendo