Soy muy sensible a la crítica aunque intente no serlo

Un comentario inocente y tu día entero se derrumba. No exageras. Tu cerebro procesa la crítica de una forma distinta.

Tu jefe te dice: "Esto lo podrías haber hecho mejor". Nada más. Una frase. Dicha con tono neutro, sin mala intención, sin levantar la voz.

Y tu día se va al garete.

No es que te pongas un poco triste. Es que la frase te persigue. Te acompaña mientras comes. Mientras conduces. Mientras intentas dormir. La repites en tu cabeza 47 veces, buscándole matices, intenciones ocultas, confirmaciones de que en realidad lo que quiso decir es que eres un desastre.

Y lo peor: sabes que estás exagerando. Lo sabes. Pero no puedes parar.

¿Por qué me afecta tanto lo que me dicen?

Mira, hay una diferencia importante entre ser sensible y procesar la crítica de forma desproporcionada.

Todo el mundo se siente un poco mal cuando le critican. Eso es normal. Lo que no es normal es que un comentario de 5 segundos te arruine las siguientes 48 horas. Que una mirada rara de un compañero te haga replantearte si eres bueno en tu trabajo. Que un "ya hablaremos" de tu pareja te genere una espiral de ansiedad que dura todo el día.

Tu cerebro no solo recibe la crítica. La amplifica. La distorsiona. Le mete reverb. Es como si la crítica entrara por un altavoz y tu cerebro la reprodujera en surround con subwoofer. El mismo comentario que otra persona procesa en 10 segundos, tú lo procesas durante 2 días.

Y encima, tu reacción te genera más vergüenza. Porque piensas: "Si es una tontería, ¿por qué me afecta tanto?" Y eso te confirma la idea de que algo está mal contigo. Que eres débil. Que eres demasiado.

Pero no eres demasiado. Tu cerebro simplemente no tiene el filtro que otros sí tienen.

El peso de los "no te lo tomes así"

Si te dieran un euro por cada vez que alguien te ha dicho "no te lo tomes así", te jubilarías mañana.

Porque la gente que te dice eso cree que elegirlo es una opción. Como si pudieras apretar un botón y dejar de sentir. Como si la sensibilidad fuera un grifo que puedes cerrar. Y no lo es.

Lo que pasa es que tu sistema de procesamiento emocional no regula bien la intensidad de la señal. Cuando el cerebro recibe un estímulo de rechazo, sea real o percibido, activa una respuesta emocional. En la mayoría de gente, esa respuesta es proporcionada al estímulo. En tu caso, la respuesta es desproporcionada. No porque quieras. Porque así está cableado.

Hay un nombre técnico para esto. Se llama disforia sensible al rechazo. Y se da mucho en personas con cerebros que ya de por sí procesan las emociones con más intensidad. No es un trastorno aparte. Es una consecuencia de cómo funciona tu neurología.

¿Cómo se vive con esto?

Te voy a ser honesto. No se "cura" la sensibilidad al rechazo. No vas a despertar un día y que las críticas te resbalen. Eso no va a pasar.

Pero sí puedes hacer algo con lo que sabes.

El primer paso es dejar de llamarte débil. Porque cada vez que te dices "soy demasiado sensible" como si fuera un insulto, refuerzas la idea de que hay algo fundamentalmente roto en ti. Y no lo hay. Tienes un cerebro que amplifica emociones. Eso no te hace débil. Te hace distinto.

El segundo paso es reconocer el patrón. Cuando llega la crítica y sientes que se te hunde el estómago, ese momento de "necesito confirmar que no soy un desastre", eso es tu cerebro haciendo lo suyo. No es la realidad. Es tu sistema emocional respondiendo a algo que percibe como amenaza.

Yo lo vivo constantemente. Un comentario medio raro en un vídeo de YouTube y me paso dos horas dándole vueltas. Una persona que me dice que no le gustó algo y me cuestiono todo. Y eso que sé lo que es. Imagínate lo que era antes, cuando no tenía ni idea de que me frustraba por cosas pequeñas por una razón muy concreta.

¿Y los cambios de humor que vienen con esto?

Pues muchas veces van de la mano. Porque cuando una crítica te hunde, tu estado de ánimo se desploma sin aviso. Y luego se recupera. Y luego vuelve a desplomarse con el siguiente estímulo. Y empiezas a tener cambios de humor que no entiendes ni tú.

A mucha gente le cuesta todo más que a los demás y piensa que es porque es débil o no se esfuerza lo suficiente. Pero no es eso. Es que su cerebro trabaja con unas reglas distintas que nadie le ha explicado.

Esto no es un diagnóstico. Si lo que lees aquí te suena a tu vida de siempre, habla con un psicólogo o psiquiatra. No para confirmar lo que digo, sino para entender qué está pasando de verdad en tu caso.

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