No sé dónde puse algo que tenía en la mano hace un segundo
Tenías el móvil en la mano. Literalmente. Y ahora no sabes dónde está. Bienvenido al club de los que pierden cosas en tiempo real.
Tenías el móvil en la mano. En la mano. Hace literalmente diez segundos. Y ahora no sabes dónde está.
No te lo han robado. No se ha teletransportado. Lo has dejado en algún sitio entre la cocina y el salón, pero tu cerebro no registró el momento. Como si la acción de soltar algo fuera tan irrelevante que ni siquiera merece un recuerdo.
Y lo peor no es perderlo. Lo peor es la cara de la gente cuando les dices "es que lo tenía en la mano hace un segundo". Porque te miran como si estuvieras mintiendo. Como si fuera imposible perder algo que estabas sujetando. Pero para ti no solo es posible, es martes. Es un martes normal.
¿Cómo puedes perder algo que acabas de tocar?
Porque tu cerebro no graba las acciones automáticas. O sea, piensa en lo que pasa cuando dejas algo encima de la mesa. Tu mano lo suelta. Tus ojos lo ven. Pero tu cerebro está en otra cosa. Está pensando en lo que vas a cenar, en ese email que no has contestado, en si has cerrado el coche. Y la acción de "dejar el móvil en la encimera" no llega a guardarse.
Es como una cámara de seguridad que graba pero nadie revisa la cinta. El momento existió. Pero no hay registro.
Y no es solo el móvil. Son las llaves. Las gafas. El mando a distancia. El boli que estabas usando para apuntar algo. La taza de café que juras que dejaste en tu mesa y aparece en el baño. Todo lo que sueltas de la mano entra en una dimensión paralela durante unos minutos hasta que lo encuentras en el sitio más absurdo posible.
¿Por qué siempre aparece en el sitio más raro?
Porque lo dejaste mientras pensabas en otra cosa. Y cuando piensas en otra cosa, tu piloto automático toma decisiones que no tienen ninguna lógica.
¿Por qué están las llaves dentro de la nevera? Porque abriste la nevera con las llaves en la mano y tu cerebro decidió que era buen momento para soltarlas. ¿Por qué está el mando del tele en el baño? Porque lo llevabas cuando fuiste al baño y lo dejaste al lado del jabón. ¿Por qué están las gafas dentro de un zapato? Ni idea. Esa ni yo la entiendo. Pero ha pasado.
El problema no es que seas despistado. El problema es que pierdes las llaves, el móvil, las gafas con una consistencia que ya parece un talento. Cada día. Sin excepción. Y no importa cuántas veces te digas "voy a dejar siempre las cosas en el mismo sitio". Porque eso implica que tu cerebro registre el momento de soltar el objeto. Y ahí está el fallo.
El sistema de los sitios fijos (y por qué no funciona como crees)
A ver, todo el mundo te dice lo mismo: "Ponlo siempre en el mismo sitio." Genial consejo. Revolucionario. El problema es que para ponerlo siempre en el mismo sitio necesitas acordarte de ponerlo en ese sitio. Y si pudieras acordarte de eso, no estarías leyendo esto.
Parece una tontería, pero el consejo de "ten un sitio fijo" asume que tienes el control sobre lo que haces con las cosas cuando las sueltas. Y no lo tienes. Tu cuerpo suelta las cosas antes de que tu cerebro registre la intención.
Lo que sí funciona, al menos para mí, es reducir las opciones. No "un sitio fijo para cada cosa". Un único sitio para todo. Un cuenco. Una bandeja. Un gancho al lado de la puerta. Y la regla no es "acuérdate de dejarlo ahí". La regla es "no te permitas soltar nada hasta que estés al lado de la bandeja". Que es diferente.
Pero no te voy a engañar. Hay días que la bandeja está vacía y el móvil está encima de la lavadora, las llaves dentro de una zapatilla y las gafas en la cocina. Es lo que hay.
La búsqueda del tesoro diaria
Hay algo que no se cuenta mucho: el tiempo que pierdes buscando cosas. No son cinco segundos. Son cinco minutos aquí, diez minutos allá. Sumados al final del día son fácilmente media hora buscando cosas que tenías en la mano hace un momento.
Media hora al día buscando cosas. Eso son tres horas y media a la semana. Más de quince horas al mes. Buscando tus propias cosas. En tu propia casa.
Y eso sin contar el estrés. Porque cada vez que no encuentras algo, se activa un mini-pánico. "¿Dónde está? ¿Lo he perdido de verdad esta vez? ¿Llego tarde?" Y ese estrés se acumula. No es un drama, pero es un desgaste constante que la gente que no lo vive no entiende.
Es como no saber gestionar tu tiempo, pero aplicado a los objetos. Tu relación con las cosas físicas es la misma que tu relación con las horas: las tienes, pero se te escapan sin que puedas controlar cómo.
Si esto te suena y no es algo puntual sino el pan de cada día, quizá no es que seas despistado. Quizá tu cerebro funciona diferente. Y entenderlo no te va a devolver las llaves, pero te va a quitar un peso enorme de encima. Porque no es que todo te cueste más sin razón. Hay una razón. Y se puede trabajar con ella con la ayuda de un profesional.
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