Soy el que siempre dice algo inapropiado sin querer hacerlo

Se te escapa una frase que no debías decir. Cada vez. En cada grupo. No es falta de empatía, es falta de filtro.

Hay gente que tiene un filtro entre el cerebro y la boca. Una especie de aduana mental que revisa lo que vas a decir antes de dejarlo salir. "¿Es apropiado? ¿Es el momento? ¿Va a sentar bien?"

Yo no tengo eso. O lo tengo, pero funciona con un retraso de unos 3 segundos. Que es justo el tiempo que tarda la frase en salir, llegar a la otra persona, y provocar ese silencio incómodo que te dice que la has cagado.

Y entonces me miro a mí mismo desde fuera y pienso: "¿Por qué he dicho eso? ¿Por qué, de todas las cosas que podía decir en este momento, he elegido la peor posible?"

Pero es que no la elegí. Eso es lo que la gente no entiende. No hubo elección. No hubo deliberación. Hubo un pensamiento, un impulso, y una boca que se abrió antes de que nadie diera permiso.

¿Por qué siempre dices lo que no debes?

Porque tu cerebro procesa la información más rápido de lo que tu sistema de control puede filtrar.

Imagina una fábrica de galletas donde la cinta transportadora va al doble de velocidad que la máquina que las empaqueta. El resultado es que la mitad de las galletas se caen al suelo. No porque la máquina sea mala. Sino porque la cinta va demasiado rápido.

Tu cerebro es la cinta. Tu filtro social es la empaquetadora. Las galletas que se caen son las frases inapropiadas que sueltas sin querer.

Y no es que no tengas empatía. Tienes de sobra. Eso es lo paradójico. Después de decir algo inapropiado, sientes una culpa que te come vivo durante días. Alguien sin empatía no sentiría eso. Tú lo sientes todo. Pero lo sientes después, que es cuando ya no sirve de nada.

La fiesta, la cena, la reunión

Cada grupo social es un campo de minas. Y tú lo sabes. Entras a una cena con amigos y ya estás en alerta. "No digas nada raro. No hagas ese chiste. No comentes sobre eso."

Y funciona. Durante un rato. Puedes mantener el control 30 minutos, quizá 45. Pero mantener ese nivel de vigilancia agota. Es como contener la respiración. Puedes hacerlo un rato, pero eventualmente tu cuerpo necesita soltar.

Y cuando sueltas, sale algo que no debería haber salido. Un comentario sobre el peso de alguien. Un chiste fuera de lugar sobre algo serio. Una observación que es técnicamente verdad pero que nadie quería escuchar en ese momento.

Y todos se callan. Y tú quieres que te trague la tierra.

Esto conecta con esa sensación de que tus amigos creen que pasas de ellos. Porque a veces no es que pases. Es que han vivido tantos de estos momentos contigo que no saben cómo gestionar la relación. No te odian. Pero tampoco saben qué esperar de ti.

El humor como escudo y como trampa

A ver, voy a decir algo que no sé si debería. Pero el humor es mi forma de socializar. Es mi canal. Mi moneda. Y funciona la mayoría de las veces.

Pero el problema de usar el humor como herramienta social principal es que el humor vive en el borde. Los mejores chistes están justo al límite de lo apropiado. Y cuando tu cerebro no tiene filtro, a veces cruzas ese límite sin darte cuenta.

Y lo que para ti era un chiste, para la otra persona fue un comentario hiriente. Y tú ni siquiera lo viste venir. Porque en tu cabeza era gracioso. Y probablemente lo era. Pero el contexto no era el adecuado. Y tú no leíste el contexto porque estabas demasiado ocupado generando contenido como para pararte a leer la sala.

Cuando dejé de pensar que era un imbécil

Mira, no soy médico ni pretendo diagnosticar a nadie. Pero te voy a contar algo.

Cuando yo supe que la impulsividad verbal es uno de los síntomas más comunes de TDAH en adultos, algo encajó. No es que dejara de decir cosas inapropiadas. Pero dejé de pensar que lo hacía porque era mala persona.

El DSM-5 incluye "interrumpir o entrometerse en conversaciones" y "responder antes de que se termine la pregunta" como criterios diagnósticos. No como defectos de carácter. Como síntomas de una condición neurológica.

Y eso no es una excusa para decir lo que quieras sin consecuencias. Es una explicación que te permite entender por qué todo te cuesta más de lo que debería. Incluida una cosa tan básica como pensar antes de hablar.

Si esto te pasa constantemente y te está costando relaciones, amistades, oportunidades, puede que no sea un problema de educación. Puede que sea algo que vale la pena explorar con un profesional.

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Si te ves reflejado en esto y quieres entender mejor qué pasa dentro de tu cabeza, tengo un test de 43 preguntas que puede darte pistas. Sin coste, sin diagnóstico, pero con información suficiente para decidir si merece la pena investigar más. Hacer el test TDAH.

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