Siempre llego tarde aunque salgo pronto: qué está pasando
Sales con tiempo de sobra y llegas tarde igual. No es falta de voluntad. Tu cerebro calcula el tiempo de una forma que no funciona.
Salgo de casa con veinte minutos de margen.
Veinte minutos. Más que de sobra. El GPS dice que tardo doce. Así que relájate, Rubén, que hoy llegas bien.
Y llego tarde.
Diez minutos tarde. A veces quince. Una vez llegué media hora tarde a una cita con la psicóloga - que es literalmente la persona que me ayuda con esto. La ironía no se me escapa.
Lo peor no es llegar tarde. Lo peor es que no entiendes cómo ha pasado. Saliste bien. Saliste con tiempo. Y aun así, en algún punto entre la puerta de casa y el destino, los minutos se evaporaron. Como si alguien hubiera acelerado el reloj mientras no mirabas.
¿Por qué llegas tarde si sales con tiempo?
Porque entre "salir de casa" y "salir de casa de verdad" hay un abismo.
Tú piensas que salir de casa tarda cero minutos. Coges las llaves, abres la puerta, te vas. Pero en realidad, salir de casa incluye: buscar las llaves (tres minutos), darte cuenta de que no llevas la cartera (dos minutos), volver a entrar, buscar la cartera, encontrarla en el bolsillo de la chaqueta de ayer, acordarte de que tienes que meter el cargador en la mochila, ir a buscar el cargador, ver que el portátil está abierto, cerrar una pestaña que tenías abierta, leer lo que ponía en la pestaña, responder un mensaje que te sale mientras miras el móvil para ver la hora, y entonces mirar la hora.
Y han pasado doce minutos.
Doce minutos que para ti no existen. Tu cerebro los borra. Los trata como si no contaran. Y cuando miras el reloj, te entra el pánico porque resulta que esos doce minutos eran precisamente tu margen de sobra.
A mí me pasa con todo. Con las quedadas, con las reuniones, con los vuelos. No sé si te ha pasado eso de no poder calcular cuánto tarda algo. No es que seas mal calculador. Es que tu cerebro no mide el tiempo como se supone que debería.
¿Es pereza o es algo más?
Mira, te digo lo que me dijo mi psiquiatra cuando le dije que siempre llegaba tarde: "Rubén, si fuera pereza, no te generaría ansiedad."
Y tiene razón. Porque lo que la gente no ve es que llegas tarde y te importa. Mucho. Te importa tantísimo que te pasas el trayecto con el corazón a mil, calculando excusas, pensando si la otra persona se habrá enfadado, planteándote si eres mala persona por ser incapaz de algo tan básico como llegar a la hora.
La gente que no le importa llegar tarde no se siente así. Los que lo viven como un drama personal cada vez que pasa, esos no lo hacen porque quieran. Lo hacen porque algo en su sistema de gestión del tiempo no funciona como debería.
Se llama ceguera temporal. Y suena a ciencia ficción, pero es un concepto real. Tu cerebro tiene una percepción alterada del paso del tiempo. No es que no te importe la hora. Es que tu reloj interno está desajustado. Cinco minutos pueden sentirse como uno. Quince como cinco. Y así, sistemáticamente, el tiempo se te escurre.
¿Y qué se hace con eso?
No te voy a engañar: no tengo la solución mágica. Lo que tengo son parches que funcionan a medias, que es más de lo que tenía antes.
Uno: salir antes de lo que mi cerebro dice. Si creo que tengo que salir a las diez, salgo a las nueve y cuarenta. Mi cerebro me miente con los tiempos, así que le meto un colchón de seguridad. No confío en él. Ya no.
Dos: la alarma no es para salir. Es para empezar a prepararte para salir. Porque si la alarma suena a las diez y tú empiezas a vestirte a las diez, ya llegas tarde. La alarma tiene que sonar quince minutos antes. "Empieza a cerrar cosas y busca las llaves." Esa es la alarma real.
Tres: dejar todo preparado la noche anterior. Mochila, llaves, cartera, todo en el mismo sitio. Porque si tu mesa es un caos, imagínate encontrar algo con prisa a las ocho de la mañana.
¿Funciona siempre? No. Sigo llegando tarde a veces. Pero he pasado de llegar tarde un 90% de las veces a un 40%. Que sigue siendo mucho, pero es progreso.
¿Y si esto va más allá de la puntualidad?
Aquí viene lo interesante.
Si llegas tarde no es un evento aislado. Si se combina con perder cosas constantemente, con tener 50 pestañas abiertas que necesitas todas, con no poder calcular cuánto tarda una tarea, con esa sensación permanente de que el tiempo te va en contra... entonces no es que seas impuntual.
Es que tu cerebro funciona diferente. Y a lo mejor entender por qué todo te cuesta más que a los demás es la respuesta que llevas buscando.
No es diagnóstico, ojo. Pero cuando estas cosas se acumulan, un profesional puede ayudarte a ver si hay algo detrás. A mí me cambió la vida saber que no era vago ni descuidado. Era que mi cerebro percibe el tiempo de forma diferente.
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Si te has sentido identificado con esto de que el tiempo se te escurre sin saber cómo, tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu cerebro. No es diagnóstico, pero es un buen punto de partida. Hacer el test TDAH.
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