Olvido que tengo algo en el horno o en el fuego

Pones la olla al fuego y te vas a hacer otra cosa. Cuando te acuerdas, el agua se ha evaporado y la casa huele a quemado. No es irresponsabilidad.

Pones agua a hervir. "Solo van a ser dos minutos." Te vas al salón a mirar una cosa en el móvil. Quince minutos después, el olor a quemado te devuelve a la realidad.

El agua se ha evaporado. La olla está negra. La cocina huele a desastre. Y tú estás ahí, mirando la olla, pensando cómo es posible que algo tan simple como vigilar una olla se te haya ido de la cabeza.

No es la primera vez. Ni la segunda. Has quemado más comida de la que has terminado de cocinar. Has dejado el horno encendido y te has ido de casa. Has puesto algo a calentar y te has metido en la ducha. Y cada vez piensas: "La próxima vez voy a estar pendiente." Y la próxima vez pasa exactamente lo mismo.

¿Por qué se te olvida lo que está en el fuego?

Porque tu cerebro no tiene un temporizador interno fiable.

La mayoría de cerebros hacen algo que se llama "monitorización en segundo plano". Es como un proceso que se queda activo mientras haces otra cosa. "Hay algo en el fuego. Hay algo en el fuego. Hay algo en el fuego." Un recordatorio constante que no necesitas atender activamente pero que te avisa cuando ha pasado el tiempo suficiente.

Tu cerebro no tiene ese proceso. O lo tiene, pero se cierra solo. Pones el agua a hervir, sales de la cocina, y tu cerebro cierra esa pestaña. Ya no está. No hay recordatorio en segundo plano. No hay alarma interna. Solo tú y lo que sea que estés haciendo ahora, que te ha absorbido completamente.

Es el mismo mecanismo que hace que empieces una tarea y acabes haciendo otra. Tu cerebro cambia de contexto y el contexto anterior se borra.

La lista de cosas que has quemado

Pues mira, te voy a ser honesto. He quemado arroz más veces de las que puedo contar. He dejado huevos herviendo hasta que el agua desaparece y los huevos empiezan a rebotar solos en la olla. He puesto palomitas en el microondas y me he ido al otro extremo de la casa.

Pero lo que más gracia me hace (ahora, no en el momento) es cuando pongo algo en el horno y me pongo a hacer otra cosa. Porque el horno es silencioso. No hace ruido. No hay burbujeo, no hay vapor. Y si no hace ruido, para mi cerebro, no existe.

La olla al menos borbotea. El microondas pita. Pero el horno es invisible hasta que el olor a quemado te alcanza. Y a esas alturas ya llevas 40 minutos de más.

La gente me dice: "Pon un temporizador." Y sí, es la solución obvia. Pero a veces pongo el temporizador, suena, y lo apago pensando "un minuto más". Y ese minuto se convierte en otros veinte porque ya mi cerebro olvidó que el temporizador existía.

El problema de las tareas de espera

Aquí está la clave. El fuego no es el problema. El problema es que es una tarea de espera.

Las tareas de espera son cosas que necesitan que tú estés pendiente sin hacer nada activamente. Esperar el agua. Esperar la comida. Esperar la lavadora. Y tu cerebro no tolera la espera. No puede quedarse ahí, mirando la olla, sin hacer nada. Necesita estímulo. Así que te vas a buscar estímulo a otra parte.

Y cuando te vas, la olla deja de existir.

Esto no es pereza ni irresponsabilidad. Es un cerebro que no soporta el vacío. Que necesita estar haciendo algo todo el rato. Y que, cuando cambia de actividad, pierde la conexión con la anterior.

Supervivencia en la cocina

He tenido que montar un sistema para no quemar la casa. Literalmente.

Uno: temporizadores en el móvil para todo. No confío en mi memoria para nada que implique fuego. Si pongo algo al fuego, pongo un temporizador. Siempre. Sin excepción.

Dos: no salir de la cocina. Si pongo algo al fuego, me quedo en la cocina haciendo otra cosa. Lavo los platos, ordeno, miro el móvil, pero no salgo de la cocina. Porque si cruzo la puerta, ya no vuelvo hasta que huele a quemado.

Tres: cocinar cosas que no requieran vigilancia. Horno con temporizador incorporado. Olla a presión que se apaga sola. Microondas con temporizador. Cuanto menos dependa de mi memoria, mejor.

Suena a que estoy admitiendo una derrota. Y en cierto modo lo es. Pero prefiero una derrota inteligente que una olla quemada por semana.

¿Cuándo deja de ser un despiste?

Olvidar algo en el fuego una vez es normal. Te ha pasado a ti y al vecino.

Pero si te pasa regularmente. Si has tenido incidentes con el horno, con el fuego, con cosas enchufadas que se te olvidan. Si la gente de tu casa ya no te deja cocinar sin supervisión. Si has quemado tantas ollas que ya compras las baratas porque sabes que tienen fecha de caducidad.

Entonces no es un despiste. Es un patrón de monitorización en segundo plano que no funciona como debería.

Y ese patrón, en adultos, tiene una explicación que muchas veces nadie te da. El TDAH no diagnosticado se esconde detrás de cosas tan cotidianas como quemar la comida. Porque no es falta de cuidado. Es falta de un proceso mental que en otros cerebros funciona automáticamente.

Esto no sustituye una evaluación con un profesional. Pero si reconoces este patrón y sientes que te cuesta todo más que a los demás, incluidas las cosas más simples de la vida diaria, quizá merece la pena explorar por qué.

Si te identificas con esto, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No diagnostica nada, pero te ayuda a entender si tu cerebro funciona de una forma que tiene nombre y explicación. Hazlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo