Cambio de humor sin motivo: un minuto bien, al siguiente hundido
Estás bien y de repente te hundes sin razón. El cambio de humor sin motivo es uno de los síntomas más incomprendidos del TDAH adulto.
Todo iba bien. Estabas animado, productivo, incluso contento. Y de repente, sin que haya pasado nada, te hundes.
No ha llegado una mala noticia. No has discutido con nadie. No hay un motivo claro. Simplemente, algo se ha apagado dentro de ti como si alguien hubiera bajado un interruptor que no sabías que existía.
Y lo peor no es el bajón en sí. Lo peor es la cara de la gente cuando intentas explicarlo.
"Pero si hace cinco minutos estabas bien."
Ya. Eso también me lo digo yo. Gracias por la aclaración.
¿Por qué cambias de humor sin motivo si tienes TDAH?
Porque tu cerebro no regula las emociones como se supone que debería.
No es que seas bipolar. No es que busques drama. No es que tengas un "carácter difícil". Es que el TDAH no solo afecta a la atención. Afecta a cómo tu cerebro gestiona las emociones, cómo las sube, cómo las baja, y a qué velocidad pasa de una a otra.
La corteza prefrontal, que es la parte del cerebro que se encarga de decir "oye, tranquilo, esto no es para tanto", en el cerebro TDAH funciona a medio gas. La dopamina, que es el neurotransmisor que regula la motivación y el estado de ánimo, va a trompicones. Un momento tienes de sobra. Al siguiente, nada.
Resultado: sientes todo al máximo volumen. La alegría a tope. La tristeza a tope. Y la transición entre una y otra puede durar exactamente tres segundos sin que haya pasado absolutamente nada que lo justifique.
Es como una radio que cambia de emisora sola. Estabas escuchando tu canción favorita y de repente suena un funeral. No has tocado nada. Pero ahí estás.
¿Y por qué nadie habla de esto?
Porque durante décadas el TDAH se ha vendido como "el trastorno del niño que no para quieto". Hiperactividad, distracción, no hacer los deberes. Y punto.
La parte emocional se quedó fuera del manual. Literalmente. Los criterios diagnósticos del TDAH apenas mencionan las emociones. Pero cualquier persona que viva con TDAH sabe que la montaña rusa emocional es tan real como la falta de atención. A veces más.
Tu cerebro no tiene regulador de volumen emocional
Tú no tienes ese medio segundo. La emoción llega y te la comes entera.
¿Cómo es el cambio de humor TDAH por dentro?
No es como te lo imaginas. No es ir de la risa al llanto como en las películas. Es más sutil y más confuso que eso.
Puede ser que estés trabajando a gusto, concentrado, en tu mejor momento. Y de repente sientas un peso en el pecho que no viene de ningún sitio. Como si alguien hubiera puesto una mochila de plomo invisible en tu espalda.
O puede ser al revés. Llevas dos horas arrastrándote por la vida, sin ganas de nada, y de golpe te llega una idea, un estímulo, algo que te engancha, y en diez segundos estás eufórico planificando un proyecto nuevo a las once de la noche.
Esa euforia que aparece de la nada y desaparece igual
Y tú ahí, intentando explicarle a tu pareja por qué hace media hora no querías ni cenar y ahora quieres montar un negocio de camisetas.
Suerte con eso.
¿Y qué haces con esto?
Primero: dejar de buscarte un motivo.
El error más común es intentar encontrar la causa del bajón. "Será que he dormido poco." "Será que estoy estresado." "Será que en el fondo no estoy a gusto con mi vida." Te montas una película entera para justificar algo que no necesita justificación. Tu cerebro ha cambiado de canal. No hay más.
Intentar racionalizar cada cambio de humor cuando tienes TDAH es como intentar encontrarle lógica a un sueño. Puedes pasarte horas buscando significado, pero la realidad es que tu cerebro estaba haciendo cosas raras mientras dormías y ya está.
Segundo: saber que el bajón va a pasar.
Esto es lo más útil que he aprendido. Cuando te hundes sin motivo, tu cerebro te dice que eso es permanente. Que siempre te vas a sentir así. Que todo es horrible y va a seguir siéndolo.
Mentira.
Los cambios de humor del TDAH son intensos pero cortos. El bajón que a las tres de la tarde parecía el fin del mundo, a las siete puede haberse evaporado. No siempre. Pero muchas veces sí. Y saberlo no lo hace más fácil de vivir, pero sí lo hace más fácil de no creer.
Tercero: no tomar decisiones importantes en medio del bajón.
Tu cerebro hundido va a querer que dejes el trabajo, que rompas con tu pareja, que mandes todo a la mierda, que canceles todos tus planes. No le hagas caso. Espera. Deja que pase. Si mañana sigues pensando lo mismo, entonces hablamos. Pero no decidas nada mientras tu cerebro esté en modo catástrofe.
No es un defecto de carácter
Es un cerebro que funciona diferente. Que procesa las emociones sin el filtro que otras personas dan por hecho. Que salta de un estado a otro sin pedir permiso ni dar explicaciones.
Y sí, es agotador. Para ti y para los que viven contigo. Pero no es un defecto de carácter. No es ser "dramático" ni "inestable" ni "difícil de tratar".
Es TDAH. Y cuando lo entiendes, dejas de intentar arreglarte a ti mismo y empiezas a buscar formas de convivir con cómo funciona tu cabeza. Que no es lo mismo.
---
Si esto te suena demasiado familiar y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero en 10 minutos te da más claridad que años de preguntarte "¿qué me pasa?".
Sigue leyendo
Ser siempre el último en enterarse: la lentitud de procesamiento del TDAH
Todos pillan el chiste antes que tú. Te repiten las cosas tres veces. No eres lento: tu cerebro procesa diferente, y tiene nombre.
Noradrenalina y TDAH: la otra hormona que tu cerebro necesita
Todo el mundo habla de dopamina, pero nadie habla de noradrenalina y TDAH. Es la que regula tu alerta, tu foco y tu energía. Y tu cerebro tampoco produce suficiente.
Estoy hablando contigo pero mi cerebro ya está en otra parte
Estás en una conversación importante y tu cerebro decide irse a pensar en la ventana del baño. TDAH y conversaciones perdidas: por qué pasa y qué se siente.
Sentir demasiado con TDAH: la empatía que te destruye
Con TDAH no solo te distraes: sientes la tristeza ajena como propia, absorbes habitaciones enteras. La empatía sin filtro agota de una forma que no se ve.