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Ser psicólogo con TDAH: ayudar a otros cuando tu cerebro también necesita ayuda

Escuchas problemas ajenos todo el día y luego tu cerebro es un caos. Ser psicólogo con TDAH es la paradoja más silenciosa del mundo.

tdah

Escuchas problemas ajenos todo el día. Empatizas al máximo. Y cuando sales de la consulta, tu propio cerebro es un desastre.

Ser psicólogo con TDAH es vivir en la paradoja de ayudar a otros cuando tú mismo necesitas ayuda.

Y lo más absurdo no es que exista esa paradoja. Lo más absurdo es que nadie habla de ella.

El terapeuta que no puede con su propia terapia

Conozco a una psicóloga que lleva diez años ejerciendo. Consulta privada, lista de espera, valoraciones de cinco estrellas. Sus pacientes la adoran porque "entiende lo que sientes sin que se lo expliques dos veces".

Lo que sus pacientes no saben es que entre sesión y sesión se pierde en el móvil veinte minutos. Que tiene tres informes a medio escribir desde hace dos semanas. Que llega tarde a las reuniones de equipo porque perdió la noción del tiempo. Que a veces se queda en blanco cuando tiene que rellenar el papeleo clínico, no porque no sepa qué poner, sino porque su cerebro decide que es el momento perfecto para pensar en la lista de la compra.

En consulta, impecable.

Fuera de consulta, un incendio.

Y no es un caso raro. Es más común de lo que crees. Porque las personas con TDAH tienden a sentir lo que otros sienten con una intensidad brutal. Esa empatía que parece un don pero que puede destruirte. Y si hay una profesión donde esa hiperempatía encaja como un guante, es la psicología.

¿Puede un psicólogo con TDAH ser buen terapeuta?

La respuesta corta: sí. Y muchas veces, mejor que uno sin TDAH.

No lo digo para quedar bien. Lo digo porque hay algo que ningún máster te enseña: la experiencia de vivir dentro de un cerebro caótico.

Un psicólogo con TDAH sabe lo que es prometer que vas a hacer algo y no hacerlo. Sabe lo que es sentir que todo el mundo avanza mientras tú das vueltas en círculos. Sabe lo que es que te digan "es que no te esfuerzas lo suficiente" cuando llevas esforzándote el doble que el de al lado.

Eso, en consulta, es oro.

Cuando un paciente le dice "es que no sé por qué no puedo, simplemente no puedo", el psicólogo con TDAH no necesita que se lo expliquen. Lo entiende en las tripas. Y esa conexión genera una confianza terapéutica que no se compra con ningún título.

Pero claro. Eso es dentro de la consulta. El problema es todo lo demás.

Lo que no se ve: el caos detrás de la bata

La psicología clínica no es solo escuchar y hablar. Es burocracia. Es redactar informes. Es llevar una agenda imposible. Es contestar emails, gestionar facturas, coordinar con otros profesionales, actualizar historiales, preparar sesiones.

Todo eso requiere exactamente lo que el TDAH te quita: organización, gestión del tiempo, memoria de trabajo, constancia administrativa.

Es como ser chef en un restaurante de cinco estrellas pero no saber hervir agua en tu propia casa. La habilidad clínica está ahí. La capacidad de gestión está saboteada.

Y lo peor es el silencio. Porque un psicólogo con TDAH no suele contarlo. No puede ir por ahí diciendo "oye, yo también estoy luchando con lo mismo que mis pacientes". Hay un miedo real a que te miren diferente. A que piensen que si tú no puedes con tu vida, cómo vas a ayudar a otros con la suya.

Así que lo escondes. Te pones la máscara profesional, rindes al máximo en consulta, y cuando llegas a casa te derrumbas. El burnout por masking que nadie ve venir. Porque llevas todo el día fingiendo que tienes el control.

La trampa del "tú deberías saber cómo manejar esto"

Esta es la peor parte. La expectativa.

Si eres psicólogo, se supone que sabes de salud mental. Se supone que tienes herramientas. Se supone que si alguien sabe gestionar un TDAH, eres tú.

Y eso es como decirle a un cardiólogo con problemas de corazón que no debería tenerlos porque sabe cómo funciona el corazón. El conocimiento teórico y la experiencia vivida son cosas completamente distintas.

Saber que necesitas estructura no te da la estructura. Saber que la dopamina es el problema no te genera dopamina. Saber que deberías dividir las tareas en bloques pequeños no hace que tu cerebro quiera dividirlas.

Y cuando encima eres la persona a la que otros acuden para resolver sus problemas, pedir ayuda se siente como una contradicción. Como si admitieras que eres un fraude.

No lo eres. Pero tu cerebro te lo repite cada noche.

Qué necesita un psicólogo con TDAH (y nadie le ofrece)

Lo mismo que cualquier persona con TDAH que trabaja en entornos de alta demanda cognitiva. Pero con un añadido: permiso para ser humano.

Primero, adaptaciones que hagan el día a día sostenible. No hace falta pedir una jornada reducida. A veces es tan simple como usar un software que automatice los informes. Tener bloques de tiempo protegidos entre sesiones. Dejar de agendar seis pacientes seguidos sin respiro. Usar alarmas para todo, sin vergüenza.

Segundo, supervisión con alguien que entienda el TDAH. No una supervisión clínica estándar donde te preguntan por el caso. Una donde puedas decir "me está costando mucho concentrarme en las tardes" sin sentir que estás confesando un pecado.

Y tercero, dejar de compararse con los colegas neurotípicos. El psicólogo de al lado puede escribir un informe en cuarenta minutos. A ti te lleva dos horas con tres descansos, un café y un episodio de un podcast por medio. Y el informe sale igual de bueno. Solo que el camino es diferente.

Tu cerebro caótico es tu mejor herramienta clínica

Esto no es una frase bonita para cerrar el post. Es real.

Los psicólogos con TDAH suelen ser más creativos en terapia. Piensan lateral. Conectan ideas que otros no conectan. Improvisan cuando la sesión se desvía del guion. Se adaptan al paciente en tiempo real porque su cerebro ya está acostumbrado a funcionar sin guion.

Eso no lo aprendes en la facultad. Eso lo aprendes viviendo con un cerebro que va a su aire.

El problema nunca fue que no pudieras ser buen terapeuta. El problema fue que nadie te dijo que ser terapeuta con TDAH requiere un sistema de soporte diferente. Y que pedir ese soporte no te hace peor profesional. Te hace honesto.

Que es, por cierto, exactamente lo que les pides a tus pacientes.

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