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Me siento estúpido porque no entiendo cosas que a todos les parecen fáciles

No eres estúpido. Tu cerebro procesa diferente. Por qué el TDAH te hace sentir lento cuando en realidad piensas de otra forma.

tdah

Todos entienden la explicación a la primera. Tú necesitas que te la repitan tres veces y aún así no estás seguro.

Te quedas mirando la pizarra, la pantalla, la cara de quien te está hablando, y piensas "vale, vale, vale" mientras por dentro no estás pillando nada. Y lo peor no es no entenderlo. Lo peor es ver que los demás sí lo entienden. Sin esfuerzo. Como si fuera obvio.

Y ahí es donde aparece la vocecita. La que dice "eres estúpido".

La reunión que me rompió un poco

Yo era el típico que en una reunión de trabajo asentía con la cabeza como esos perros que ponen en los salpicaderos de los coches. Sí, sí, claro, tiene sentido, perfecto.

Mentira. No tenía ni idea de lo que se estaba hablando.

Pero había aprendido que si preguntaba, la gente me miraba con esa cara. Esa de "¿en serio no lo has pillado?". Así que dejé de preguntar. Mejor parecer que entiendes que confirmar lo que ya sospechas de ti mismo.

Un día, después de una de esas reuniones, un compañero me dijo "oye, ¿qué opinas del enfoque que ha propuesto Marcos?". Y yo me quedé en blanco. Total. No es que no tuviera opinión. Es que no sabía ni de qué estaba hablando Marcos.

Esa noche llegué a casa y busqué en Google "¿por qué no entiendo cosas simples?".

No salió TDAH. Salió "falta de atención", "bajo rendimiento cognitivo", "dificultades de aprendizaje". Todo sonaba a que algo estaba mal en mí. Y yo me lo creí.

¿Por qué me siento estúpido si sé que no lo soy?

Porque llevas toda la vida recibiendo el mismo mensaje. En el colegio, en el instituto, en la universidad, en el trabajo. El mensaje es: "si no lo entiendes a la primera, algo falla en ti".

Pero nadie te explica que tu cerebro no procesa la información de forma lineal. Un cerebro con TDAH no recoge datos como una cinta transportadora, uno detrás de otro, en orden. Los recoge como una red de pesca. Atrapa muchas cosas a la vez, pero algunas se escapan, otras llegan desordenadas, y algunas ni siquiera eran peces.

Entonces alguien te explica algo y tu cabeza está haciendo tres cosas a la vez: escuchando lo que dice, pensando en lo que dijo hace treinta segundos, y conectándolo con algo que leíste ayer. No es que no entiendas. Es que estás procesando a otro ritmo y por otro camino.

El problema es que el camino "normal" es el único que se valora. Si no llegas por la autopista, da igual que hayas llegado por una ruta panorámica más interesante. Para el mundo, has llegado tarde. O no has llegado.

Y así, poco a poco, tu nota deja de reflejar tu inteligencia. Tu rendimiento deja de reflejar tu capacidad. Y tú dejas de confiar en ti.

El bucle que nadie te explica

Esto funciona como una bola de nieve.

No entiendes algo. Te sientes estúpido. La siguiente vez que alguien te explica algo, ya llegas con miedo. Con el "seguro que no lo pillo" puesto de serie. Y ese miedo ocupa espacio en tu cabeza. Espacio que necesitabas para procesar lo que te están diciendo.

Así que efectivamente no lo pillas.

Y confirmas lo que ya creías: que eres idiota.

Pero no eres idiota. Estás funcionando con un cerebro que necesita más repeticiones, más contexto visual, más conexión con algo que ya sabe. No porque sea peor. Porque es diferente.

Es como intentar enchufar un cable USB-C en un puerto USB-A. El cable funciona perfectamente. El puerto funciona perfectamente. Pero no encajan. Y la solución no es machacar el cable hasta que entre. La solución es encontrar el puerto correcto.

Lo que realmente pasa cuando "no entiendes"

Vamos a desmontar esto, porque es importante.

Cuando alguien con TDAH "no entiende" una explicación, normalmente está pasando una de estas cosas:

Tu atención se fue a mitad de la explicación. No por falta de interés, sino porque tu cerebro detectó un estímulo más jugoso. Una palabra que te recordó algo. Un ruido. Un pensamiento propio. Y cuando vuelves, te has perdido tres pasos.

La explicación es demasiado abstracta. Tu cerebro necesita ejemplos concretos, imágenes, conexiones con cosas reales. Si alguien te suelta teoría pura, tu cabeza la rechaza como un cuerpo rechaza un órgano incompatible.

Estás saturado. La memoria de trabajo en un cerebro con TDAH tiene menos capacidad de buffer. Es como un portátil con poca RAM: no es que sea malo, es que si le abres 40 pestañas a la vez, se cuelga.

Y luego está la frustración de no retener nada. Que no es lo mismo que no entender. A veces lo pillas en el momento. Perfectamente. Pero al día siguiente, desapareció. Como si tu cerebro hubiera decidido que esa información no era lo bastante interesante para guardarla.

Ninguna de estas cosas tiene que ver con inteligencia. Todas tienen que ver con cómo tu cerebro gestiona la atención, la memoria y los estímulos.

El día que dejé de llamarme estúpido

No fue un momento épico. No hubo música de fondo ni revelación mística. Fue más bien un cansancio profundo de llevar 30 años con la misma historia.

Cuando entendí que mi cerebro funcionaba diferente, no me sentí mejor de golpe. Pero dejé de buscar explicaciones que empezaran por "es que soy...". Es que soy tonto. Es que soy vago. Es que no valgo para esto.

Empecé a buscar explicaciones que empezaran por "es que mi cerebro...". Es que mi cerebro necesita más repeticiones. Es que mi cerebro se satura con la información verbal. Es que mi cerebro aprende mejor haciendo que escuchando.

Parece una tontería. Pero cambiar "soy estúpido" por "mi cerebro procesa diferente" me quitó un peso que llevaba encima desde primaria.

Reconstruir esa autoestima

No eres estúpido. Nunca lo fuiste.

Eras un cerebro diferente en un sistema que solo acepta un tipo de cerebro.

Un chaval que necesitaba que se lo explicaran de otra forma, en un aula donde solo había una forma. Un adulto que necesita procesar a su ritmo, en un mundo que solo premia la velocidad.

Y sí, hay días que vas a sentirte lento. Días que vas a necesitar que te repitan algo tres veces. Días que vas a salir de una conversación sin haber entendido nada y con ganas de meterte debajo de una manta.

Pero eso no te define. Lo que te define es que a pesar de todo eso, sigues aquí. Sigues intentándolo. Sigues buscando respuestas.

Y eso, bro, no es de estúpidos. Es de valientes con mala memoria.

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