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Ser contable con TDAH: tu cerebro odia los números pero paga las facturas

Cuadrar balances con un cerebro que salta de cifra en cifra. Ser contable con TDAH es un deporte de riesgo que nadie te enseñó.

tdah

Cuadrar un balance cuando tu cerebro salta de cifra en cifra como una rana en un estanque.

Bienvenido a ser contable con TDAH.

Te sientas delante de una hoja de cálculo con 400 filas, 12 columnas, y el objetivo claro: que todo cuadre. Que los números digan la verdad. Que no falte ni un céntimo.

Y tu cerebro, que tiene la capacidad de atención de un golden retriever en un parque de ardillas, decide que este es el momento perfecto para pensar en si deberías comprarte una freidora de aire.

¿Cómo sobrevive un contable con TDAH al detalle infinito?

La respuesta corta: con trucos que no vienen en ningún manual de contabilidad.

Porque el problema no es que no entiendas los números. Los entiendes. Probablemente mejor que muchos. El cerebro con TDAH tiene una capacidad brutal para detectar patrones, ver el cuadro general, intuir que algo no cuadra antes de saber qué es exactamente.

El problema es el detalle. El detalle infinito, repetitivo, mecánico. Revisar asientos uno por uno. Comprobar que el IVA de la factura 347 coincide con el apunte del libro. Verificar que la fecha de vencimiento del pago a proveedor X es el jueves y no el viernes.

Ese tipo de tarea es la kryptonita del TDAH. No porque sea difícil, sino porque es aburrida. Y un cerebro que funciona con dopamina en lugar de disciplina no entiende por qué debería prestar atención a algo que no le genera ni una chispa de interés.

Entonces pasan cosas.

Transpones un 6 y un 9. Copias un importe dos veces. Te saltas una línea entera. Esos errores por descuido que cualquiera comete de vez en cuando, pero que tú cometes con una regularidad que da miedo.

Y lo peor no es el error. Lo peor es saber que lo vas a cometer. Sentarte delante de la hoja y pensar "a ver cuándo la cago". Porque ya ha pasado suficientes veces como para que tu cerebro asuma que es inevitable.

¿Por qué alguien con TDAH acaba de contable?

Porque el TDAH no es estupidez. Es un cerebro diferente.

Hay contables con TDAH que son bestias en su trabajo. Que ven un balance y detectan la anomalía en tres segundos mientras sus compañeros llevan veinte minutos buscando. Que son capaces de hiperfocalizar en un cierre fiscal y hacerlo en la mitad de tiempo que nadie.

El problema no es el talento. Es la consistencia.

Porque el TDAH no te quita la capacidad. Te quita la regularidad. Un día eres un láser. Al día siguiente eres una linterna sin pilas. Y la contabilidad necesita que seas un láser todos los días, a las mismas horas, con la misma precisión.

Es como ser abogado con TDAH. Profesiones donde el detalle no es un extra. Es el trabajo entero.

El horror de la caja negra administrativa

Si el día a día ya es complicado, imagínate lo que pasa con todo lo que rodea a la contabilidad.

Los plazos fiscales. Las notificaciones de Hacienda. Los certificados que caducan. Las declaraciones trimestrales que siempre llegan antes de lo que recordabas.

Todo eso es el horror administrativo elevado a la décima potencia. Porque no es solo tu vida personal lo que tienes que gestionar. Es la vida fiscal de otras personas o empresas. Con consecuencias reales. Con multas. Con inspecciones.

Tu compañero de trabajo tiene un sistema. Carpetas, alertas, calendario con colores. Tú también tienes un sistema. Uno nuevo cada mes, porque el anterior dejó de funcionar cuando tu cerebro se aburrió de él.

¿Qué funciona de verdad?

No voy a darte una lista de "10 tips para contables con TDAH" porque eso es basura.

Lo que funciona es entender cómo funciona tu cerebro y dejar de pelearte con él.

Automatiza lo que puedas. Si hay una tarea repetitiva que puedes delegar a un software, a una macro, a un script, hazlo. Tu cerebro no está hecho para lo mecánico. Ponlo donde rinde: en el análisis, en la detección de patrones, en lo que requiere pensar.

Revisa en frío. Nunca revises tus propios números justo después de hacerlos. Espera. Aunque sea media hora. Tu cerebro necesita desconectar del patrón para poder ver los errores. Si revisas en caliente, ves lo que esperas ver, no lo que hay.

Trabaja en bloques cortos. No intentes cuadrar un balance de tres horas del tirón. Trabaja 25 minutos, para, muévete, vuelve. Tu cerebro rinde mejor en sprints que en maratones. Siempre ha sido así.

Externaliza los plazos. No confíes en tu memoria para las fechas fiscales. Pon alarmas, alertas, recordatorios redundantes. Tres sistemas diferentes para lo mismo si hace falta. Porque tu cerebro va a olvidar. No es cuestión de si, sino de cuándo.

Acepta que los errores van a pasar. Y monta un sistema de verificación que los cace antes de que salgan. Doble check. Fórmulas de control. Una hoja que compare totales automáticamente. No confíes en tu atención. Confía en tus sistemas.

No estás en el trabajo equivocado

Hay gente que te dirá que si tienes TDAH no deberías ser contable. Que busques algo "más creativo". Que te dediques a otra cosa.

Eso es no entender nada.

Puedes ser un contable brutal con TDAH. Puedes ser mejor que muchos porque ves cosas que otros no ven. Porque tu cerebro, cuando se engancha, es una máquina de detectar incongruencias.

Lo que necesitas no es otro trabajo. Lo que necesitas es entender cómo funciona tu cabeza y montar la infraestructura que compense lo que tu cerebro no hace solo.

No es fácil. Pero es posible. Y cuando lo consigues, eres el contable que cuadra los balances, detecta los errores que nadie ve, y de paso ha pensado en tres formas de optimizar el proceso mientras los demás seguían con la fila 147.

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