El bajón del 2 de enero con TDAH: cuando la dopamina navideña se evapora
Ayer era todo luces y ruido. Hoy silencio. El bajón post-fiestas con TDAH es un crash de dopamina brutal. Así funciona y así se gestiona.
Ayer era todo luces y ruido. Hoy silencio. Tu cerebro pasó de 200 estímulos a 0 y no sabe qué hacer con el vacío. El crash post-fiestas.
El 1 de enero todavía tenía inercia. Las uvas, los abrazos, la resaca, el sofá, las sobras de la cena. Aún quedaba combustible. Pero hoy, 2 de enero, se acabó. No hay plan. No hay fiesta. No hay excusa para no hacer nada. Y sin embargo, no puedes hacer nada.
Tu cabeza está vacía y llena a la vez. Vacía de estímulos. Llena de una niebla gris que no sabes de dónde viene.
Bienvenido al crash de dopamina post-navideño. La versión TDAH.
¿Por qué el bajón post-fiestas golpea más con TDAH?
Porque tu cerebro lleva dos semanas en una montaña rusa de estímulos. Cenas, regalos, luces, conversaciones con gente que no ves en todo el año, cotillón, petardos, champán, postre, otro postre, café, copa, otro café. Tu sistema de recompensa ha estado comiendo a cuatro manos. Dopamina a lo bestia. Sin parar.
Y hoy, de golpe, nada.
Un cerebro neurotípico nota el bajón. Le cuesta un poco volver. Se toma un café, pone una alarma, y en dos días está funcionando. Pero un cerebro con TDAH, que ya de por sí tiene un sistema de dopamina que va con retraso, acaba de perder su única fuente de combustible externo. Es como quitarle la gasolina a un coche que ya funcionaba con la reserva.
El resultado es ese estado que conoces bien: no estás triste exactamente, pero no estás nada. No tienes energía pero tampoco sueño. No quieres hacer nada pero tampoco quieres no hacer nada. Estás en un limbo emocional donde todo te da igual y a la vez todo te molesta.
La nada con ruido de fondo.
El cerebro que necesita movimiento para existir
Hay una cosa que poca gente entiende del TDAH. Tu cerebro no funciona con motivación. Funciona con estimulación. Mientras haya algo nuevo, brillante, urgente o caótico, tú funcionas. A veces incluso mejor que los demás. Pero cuando la estimulación desaparece, no es que bajes el ritmo. Es que te apagas.
Las Navidades son el entorno perfecto para un cerebro con TDAH. Caos total, estímulos constantes, cero rutina, improvisación obligatoria. Tu cerebro estaba en su salsa. No necesitaba planificar porque el entorno le daba todo hecho. Cada día era diferente. Cada comida era un evento. Cada noche tenía algo.
Y ahora el calendario está en blanco. Literalmente.
Miras el móvil. Nada. Miras el email. Nada urgente. Miras la lista de tareas que dejaste antes de Navidades y sientes que la escribió otra persona. Una persona que tenía energía y claridad. Alguien que ya no eres.
Si las vacaciones ya te agotan más que trabajar, imagina lo que pasa cuando esas vacaciones terminan en el momento más oscuro del año. Porque enero no solo es el mes del bajón festivo. Es el mes con menos luz, menos horas de sol, y más frío. Y eso, para un cerebro con TDAH, es la tormenta perfecta.
La trampa de "debería estar motivado, es año nuevo"
Aquí viene lo peor. Porque el 2 de enero todo el mundo está hablando de propósitos. De metas. De "este año sí". Las redes están llenas de listas, de planes, de gente que ya ha salido a correr a las 7 de la mañana.
Y tú no puedes ni decidir si desayunas o te duchas primero.
La presión de año nuevo amplifica el bajón. Porque no solo te sientes vacío. Te sientes vacío mientras el mundo entero parece lleno de energía. Y tu cerebro, que ya es experto en compararse con los demás y perder, entra en modo "soy un desastre, todo el mundo puede menos yo".
Pero eso es mentira. Lo que pasa es que tu bajón es químico. Real. Medible. Tu cerebro estuvo dos semanas con niveles altos de dopamina y ahora está en abstinencia. No es falta de voluntad. No es pereza. Es tu neuroquímica haciendo lo que hace siempre: pasar del todo a la nada sin escalas.
Qué hacer cuando tu cerebro está en modo apagón
No voy a pedirte que te pongas metas de año nuevo. No hoy. Hoy necesitas otra cosa.
No busques motivación. Busca un estímulo. Tu cerebro necesita algo que lo encienda. No algo productivo. Algo. Un paseo. Una ducha caliente. Una canción a todo volumen. Un café en una cafetería diferente. Lo que sea que genere un mínimo de activación. No tienes que hacer nada con esa energía. Solo necesitas salir del cero.
Acepta el vacío sin llenarlo con basura. La tentación es brutal: abrir TikTok, meterte en YouTube, caer en un agujero de Reddit durante tres horas. Tu cerebro quiere dopamina rápida porque la buena se ha ido. Pero la dopamina basura solo alarga el bajón. Si vas a consumir algo, que sea algo que al menos no te deje peor después.
No planifiques todo el año. Planifica mañana. Solo mañana. Una cosa que vayas a hacer mañana. Una sola. Algo tan pequeño que no puedas fallar. "Mañana voy a bajar al súper." Listo. Eso es tu plan de año nuevo. Y está bien. Porque si la cuesta de enero con TDAH es un muro, no lo saltas de un brinco. Lo escalas agarrándote a piedras pequeñas.
No estás roto. Estás en el hueco entre dos mundos.
El 2 de enero es el día más raro del año. Ya no son fiestas pero tampoco es vida normal. Es un limbo. Un día que no pertenece a nada. Y tu cerebro, que necesita estructura para funcionar, está flotando en el vacío entre la Navidad que se fue y la rutina que aún no ha llegado.
Cuando el invierno y la oscuridad lo amplifican todo, el bajón del 2 de enero se siente como un pozo. Pero no lo es. Es un hueco. Y los huecos se cruzan.
No necesitas volver al 100% hoy. No necesitas tener un plan de vida listo para el lunes. No necesitas estar donde están los demás. Necesitas pasar este día. Y mañana, pasar el siguiente. Y poco a poco, sin prisa, sin la presión absurda de los propósitos de año nuevo, tu cerebro volverá a encontrar su ritmo.
Siempre lo encuentra. Solo que tarda más cuando alguien le quita las luces de Navidad de golpe.
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Si cada enero te pasa lo mismo y siempre pensaste que era cuestión de actitud, puede que no lo sea. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos que pueden explicar por qué tu cerebro tiene su propio calendario de bajones.
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