Se me olvida responder mensajes durante días y la gente se enfada

Ves el mensaje, piensas la respuesta, pero no la escribes. Pasan días. Y la otra persona cree que pasas de ella. No es eso.

Ves el mensaje. Lo lees. Piensas una respuesta perfecta en tu cabeza. Y luego haces algo que no tiene ningún sentido: no la escribes.

No le das a responder. No porque pases de esa persona. No porque no te importe. Sino porque tu cerebro ya procesó el mensaje, ya formuló la respuesta, y para él, el trabajo está hecho. Caso cerrado. Siguiente.

El problema es que la respuesta nunca salió de tu cabeza. Está ahí dentro, perfectamente formulada, pudriéndose en algún rincón de tu memoria mientras la otra persona mira el doble check azul y piensa que la estás ignorando.

¿Por qué leo los mensajes y no contesto?

A ver, que esto no es nuevo. Me pasa desde que existen los móviles. Antes me pasaba con las llamadas perdidas. Veía la llamada, pensaba "ahora devuelvo" y "ahora" se convertía en tres días. Con WhatsApp es peor. Porque encima puedes leer sin contestar y queda registrado. El doble check azul es el invento más traicionero de la historia de la comunicación.

Mi cerebro tiene un sistema de archivo muy particular. Recibe información, la procesa y la clasifica como "hecho". Pero no distingue entre "lo he pensado" y "lo he hecho". Para él es lo mismo. Pensar la respuesta y enviar la respuesta ocupan la misma casilla. Y como la casilla ya está ocupada, pasa a otra cosa.

Imagínate un cartero que lee todas las cartas, asiente con la cabeza, y las tira a la basura. Ese es mi cerebro con los mensajes.

¿Soy mala persona por no contestar?

No. Pero intenta explicarle eso a tu madre. O a tu amigo que te mandó un audio de cuatro minutos contándote un problema gordo y llevas cinco días sin decir ni mu.

Y lo peor es la culpa. Porque cuando te das cuenta de que no has contestado, ya han pasado tantos días que responder ahora parece raro. ¿Qué dices? "Perdona, lo vi y se me olvidó." Es la verdad. Pero dicha así suena a excusa. Suena a que no te importa.

Entonces entras en un bucle absurdo: no contestas porque ha pasado demasiado tiempo, y cada día que pasa es peor, así que sigues sin contestar, y la bola crece, y de repente han pasado dos semanas y ya es imposible responder sin que parezca que vuelves de un retiro espiritual.

Me ha pasado con amigos. Me ha pasado con familia. Me ha pasado con clientes. Y siempre es lo mismo. No es que no me importen. Es que mi cerebro archivó el mensaje como "procesado" y se fue a hacer otra cosa. Sin avisarme. Sin pedirme permiso.

El momento en el que dejé de culparme

Mira, durante años pensé que era un borde. Que tenía un problema de empatía. Que era un egoísta que solo pensaba en lo suyo. Porque eso es lo que te dicen. "Es que si te importara, contestarías." Y tú te lo crees. Claro que te lo crees. Porque desde fuera, ¿qué otra explicación tiene?

Hasta que descubrí que mi puñetero cerebro funciona diferente. Que lo que me pasa tiene que ver con la memoria de trabajo y con cómo gestiono la información. Y que no, no es que sea borde. Es que mi cerebro cierra pestañas sin preguntarme.

Resulta que esto está directamente relacionado con el TDAH. La memoria de trabajo en un cerebro con TDAH es como una mesa donde solo caben dos cosas - cada vez que entra algo nuevo, se cae lo anterior. El mensaje entra, se procesa, y se cae de la mesa. Así de simple. Así de frustrante.

No es un tema de importancia. No es un tema de cariño. Es un tema de hardware. Tu cerebro tiene un límite de cosas que puede mantener activas, y ese límite es más bajo de lo normal. Según el DSM-5, las dificultades con la memoria de trabajo son uno de los marcadores más consistentes del TDAH en adultos. No es pereza. Es neurología.

¿Qué hago ahora que lo sé?

Contesto en el momento o no contesto nunca. Ese es mi sistema. Si leo un mensaje, contesto ahí. Aunque sea mal. Aunque sea con dos palabras. Aunque sea un "te contesto luego" que al menos deja constancia de que existo. Porque si lo dejo para después, no hay después. Después no existe en mi cerebro.

También he aprendido a externalizar la memoria. Notas, recordatorios, sistemas que no dependan de que yo me acuerde de algo. Porque ya hemos visto que confiar en mi memoria es como confiar en un paraguas con agujeros.

Y lo más importante: he aprendido a explicárselo a la gente que me importa. "No es que pase de ti. Es que mi cerebro funciona así." No todo el mundo lo entiende. Pero los que lo entienden dejan de tomárselo como algo personal. Y eso cambia la relación.

Si te sientes identificado con esto, si llevas años pensando que eres mala persona por no contestar mensajes, quizá el problema no eres tú. Quizá es tu cerebro. Y quizá vale la pena entender por qué te cuesta todo más que a los demás.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Pero si llevas toda la vida sintiéndote culpable por cosas que no puedes controlar, al menos vale la pena investigar.

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