Cuando algo no me interesa es imposible hacerlo aunque sea importante

Sabes que es importante. Lo tienes claro. Pero tu cerebro se niega a cooperar si no le interesa. No es elección.

Tienes que hacer la declaración de la renta. Llevas semanas sabiéndolo. Es importante. Tiene consecuencias reales si no la haces. Lo entiendes perfectamente.

Y no puedes hacerla.

No es que no quieras. No es que se te olvide. No es que no sepas cómo. Es que cada vez que te sientas a hacerla, tu cerebro se niega. Físicamente. Como si alguien hubiera desconectado el cable entre "quiero hacerlo" y "lo estoy haciendo". La intención está. La acción no.

Y mientras tanto, puedes pasarte 4 horas investigando sobre un tema random que te interesó a las 11 de la noche. Sin esfuerzo. Sin lucha. Con una concentración que ya querrían los astronautas de la NASA. Porque eso sí te interesa.

Y esa contradicción es lo que te destruye. Porque si puedes concentrarte 4 horas en algo que no importa, ¿por qué no puedes concentrarte 20 minutos en algo que sí importa?

¿Por qué no puedes hacer lo que no te interesa?

Porque tu cerebro no prioriza por importancia. Prioriza por interés.

El cerebro de la mayoría funciona con un sistema de prioridades racional. Lo importante va primero. Lo urgente va primero. Lo que tiene consecuencias va primero. Es como una lista ordenada por relevancia.

Tu cerebro funciona con otro sistema. Lo interesante va primero. Lo nuevo va primero. Lo estimulante va primero. Da igual que sea importante o no. Da igual que tenga consecuencias o no. Si no genera estimulación, no se activa. Si genera estimulación, no para.

Es como tener un empleado que solo trabaja en lo que le apetece. Le da igual que el jefe le diga que es urgente. Le da igual que la empresa se hunda. Si el proyecto no le mola, no mueve un dedo. Pero si le mola, trabaja horas extra gratis.

Ese empleado es tu cerebro. Y tú no puedes despedirlo.

La culpa de no poder hacer cosas "fáciles"

Lo que más duele de esto no es no poder hacerlo. Es que las cosas que no puedes hacer son "fáciles".

No estamos hablando de escribir una tesis doctoral. Estamos hablando de contestar un email. Pedir una cita médica. Rellenar un formulario. Cosas que la gente hace en 5 minutos sin pensar.

Y tú llevas 3 semanas sin hacerlas. Y cada día que pasa, la culpa crece. Y la culpa hace que pensar en la tarea sea aún más desagradable. Y cuanto más desagradable, más difícil de hacer. Y cuanto más difícil, más culpa. Es un bucle que se retroalimenta y que te deja agotado sin haber hecho nada.

Porque la energía mental que gastas en sentirte culpable por no hacer algo es mayor que la energía que necesitarías para hacerlo. Pero esa energía no es transferible. No puedes coger la culpa y convertirla en acción. Son sistemas diferentes.

La estrategia del "solo 2 minutos"

Voy a compartir algo que me funciona. No siempre. Pero más de lo que debería.

Cuando tengo algo que hacer y mi cerebro se niega, me digo: "Solo 2 minutos. Solo abro el documento. Solo miro de qué va. Si después de 2 minutos quiero parar, paro."

Y muchas veces, esos 2 minutos se convierten en 20. Porque el problema no es hacer la tarea. El problema es empezar la tarea. Es el arranque lo que consume toda la energía. Una vez que estás dentro, a veces el cerebro se engancha y sigue.

No siempre. A veces los 2 minutos son exactamente 2 minutos y cierro el documento. Pero al menos hice algo. Y algo es infinitamente más que nada. Porque la diferencia entre 0 y 1 es mayor que la diferencia entre 1 y 100.

Y la otra cosa: necesito estimulación constante para hacer cualquier cosa. Así que a veces pongo música. O me voy a una cafetería. O pongo un vídeo de fondo. Cualquier cosa que añada un estímulo extra al entorno para que mi cerebro no se aburra mientras hace la tarea aburrida.

¿Qué pasa cuando esto tiene nombre?

A ver, te lo digo sin rodeos. Lo que acabo de describir tiene un nombre técnico. Se llama "motivación basada en interés" (interest-based nervous system) y es uno de los rasgos más estudiados del TDAH en adultos.

No es un capricho. No es inmadurez. No es falta de disciplina. Es un cerebro que necesita estimulación para activar la función ejecutiva. Sin estimulación, la función ejecutiva no arranca. Da igual que la tarea sea importante. Da igual que haya consecuencias. Da igual que quieras hacerla con toda tu alma.

Y la gente que no funciona así no puede entenderlo. Para ellos, "es importante, hazlo" es suficiente. Para ti, no. Y esa diferencia es lo que hace que todo te cueste más que a los demás. No porque te esfuerces menos. Sino porque tu cerebro necesita un tipo de combustible que las tareas rutinarias no proporcionan.

No soy médico. No pretendo diagnosticar a nadie. Pero si tu vida es una guerra constante entre lo que deberías hacer y lo que tu cerebro te deja hacer, puede que esa guerra tenga una explicación que no sea "soy un desastre". Y puede que esa explicación cambie cómo te tratas a ti mismo.

Habla con un profesional. De verdad. No es debilidad. Es la decisión más inteligente que puedes tomar.

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