Se me olvida lo que iba a comprar antes de llegar a la tienda
Sales de casa sabiendo exactamente lo que necesitas. Llegas al súper y tu cerebro ha borrado la lista. Te pasa más de lo normal.
Necesito leche, huevos y papel de cocina. Tres cosas. Solo tres. Me lo repito mientras cojo las llaves. Leche, huevos, papel de cocina. Lo llevo claro. Clarísimo. No necesito lista. Son tres cosas. ¿Quién necesita una lista para tres cosas?
Salgo de casa. Bajo al portal. Veo que el vecino ha puesto una planta nueva en la entrada. Qué fea. Cruzo la calle. Llego al supermercado. Cojo un carro.
Y me quedo mirando los pasillos como si fuera la primera vez que entro a un supermercado.
Leche. Eso seguro. ¿Y qué más? Había algo más. Algo que necesitaba. Algo que era importante. Recorro los pasillos esperando que algo me active la memoria. Veo galletas. No era eso. Veo atún. Tampoco. Veo detergente y pienso "ah, a lo mejor era esto" y lo meto en el carro sin estar seguro.
Vuelvo a casa con leche, detergente, tres yogures que no necesitaba, y sin los huevos ni el papel de cocina.
¿Por qué se me olvida la lista de la compra?
Lo más gracioso es que nunca se me olvidan las tres cosas. Siempre recuerdo una. A veces dos. Pero la lista completa, la que llevaba perfectamente clara hace diez minutos, esa se desintegra en algún punto entre mi casa y el supermercado.
Y no son listas largas. No estoy hablando de ir a hacer la compra del mes. Estoy hablando de tres artículos. De los que me puedo acordar con los dedos de una mano. Pero mi cerebro dice "no, esto es demasiado, me quedo con uno y el resto que se las apañe".
Mi memoria de trabajo es como un colador. No como un cubo con un agujero pequeño. Como un colador de esos de pasta. Todo lo que no se agarra muy fuerte, se escurre.
Y el cambio de contexto lo empeora todo. Porque mientras voy caminando al súper, mi cerebro no está repitiendo "leche, huevos, papel". Mi cerebro está mirando coches, pensando en un proyecto, recordando que tengo que llamar a mi madre, evaluando si esa nube parece un perro. Y cada pensamiento nuevo empuja fuera a los anteriores. Es el mismo efecto que cuando entras a una habitación y olvidas a qué ibas. Tu cerebro usa los cambios de entorno como reset.
La vergüenza de volver a por lo que se te olvidó
Lo que nadie dice es lo humillante que es volver. Volver al supermercado que está a cinco minutos de tu casa porque se te olvidó algo que fuiste a comprar expresamente. Pasar por caja dos veces en media hora. Que la cajera te mire y piense "ah, este otra vez".
Me ha pasado ir tres veces en un día al mismo supermercado. Tres. Porque cada vez que volvía a casa me acordaba de algo que faltaba. La primera vez volví a por los huevos. La segunda vez a por el papel de cocina. La tercera vez porque resulta que lo que de verdad necesitaba era aceite y no me había acordado en ninguna de las dos visitas anteriores.
No es eficiente. No es lógico. No es normal. Y yo lo sabía. Sabía que la gente normal no funciona así. Pero no sabía por qué yo sí.
¿Y hacer una lista no soluciona el problema?
Sí y no. Hacer una lista soluciona el problema de recordar qué comprar. Pero introduce un nuevo problema: acordarte de llevar la lista.
Porque yo hago listas. Las hago en el móvil. Las hago en post-its. Las hago en la app de notas. El problema es que llego al supermercado y no me acuerdo de que hice una lista. O me acuerdo de que la hice pero no recuerdo dónde la puse. O la tengo en el móvil pero no la abro porque "solo son tres cosas, me acuerdo seguro".
Es un bucle absurdo. Necesito una lista para no olvidar las cosas. Y necesito un recordatorio para no olvidar la lista. Y necesito otro recordatorio para no olvidar el recordatorio. En algún punto, el sistema de seguridad necesita su propio sistema de seguridad.
Y esto, que contado así suena a chiste, es exactamente lo que pasa cuando tu memoria a corto plazo no funciona como debería. El TDAH afecta directamente a tu capacidad de mantener información activa mientras haces otra cosa. Caminar hasta el supermercado es "otra cosa". Y eso basta para borrar lo que llevabas en la cabeza.
Lo que de verdad funciona (al menos a mí)
Te lo digo por experiencia. Lo único que me funciona es hacer la lista en el momento en que pienso en lo que necesito y enviarme la lista al chat conmigo mismo de WhatsApp. No a la app de notas. No a un post-it. Al chat que siempre tengo abierto. Porque es el único sitio donde sé que voy a mirar.
Y segundo: miro la lista DENTRO del supermercado. No antes. No mientras camino. Dentro. Cuando ya estoy delante de las estanterías. Porque si la miro en casa y confío en que me acuerdo, ya sabemos cómo acaba eso.
Pongo cosas en sitios seguros y luego no las encuentro. Me olvido de citas que apunto. Me olvido de lo que iba a decir. Y me olvido de lo que iba a comprar. Todo viene del mismo sitio. Y cuando entiendes de dónde viene, empiezas a dejar de sentirte idiota por ello.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si ir al supermercado es una aventura de tres viajes para ti, quizá vale la pena entender por qué te cuesta todo más que a los demás.
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