Se me olvida lo que estaba haciendo cada vez que cambio de habitación
Vas a la cocina a por algo. Llegas. No tienes ni idea de qué era. Vuelves al salón y lo recuerdas. Otra vez.
Vas al baño a por algo. Llegas. Te quedas de pie mirando el espejo como si fueras a encontrar la respuesta en tu reflejo. Nada. Vacío absoluto. Vuelves al salón, te sientas, y en el momento exacto en que tu culo toca el sofá, tu cerebro dice: "El ibuprofeno. Ibas a por el ibuprofeno."
Y vuelta a empezar.
Esto no me pasa una vez a la semana. Me pasa varias veces al día. Es como si las puertas fueran portales que borran la memoria RAM de mi cerebro. Cruzas un marco y puf, todo lo que tenías en la cabeza desaparece.
¿Por qué se te olvida todo al cambiar de habitación?
Resulta que hay un estudio que lo explica, y es tan absurdo que parece broma. Se llama el "efecto umbral" (doorway effect). Tu cerebro interpreta cruzar una puerta como un cambio de contexto. Un capítulo nuevo. Y al abrir el capítulo nuevo, cierra el anterior. Con todo lo que tenía dentro.
O sea, tu cerebro hace un "guardar y cerrar" cada vez que cambias de habitación. Pero se le olvida guardar.
Es como cuando cierras una pestaña del navegador y un segundo después piensas "espera, ¿qué estaba leyendo ahí?". Pero con tu vida real. Con tus piernas. Caminando de una habitación a otra como si fueras un NPC con la memoria de un pez.
Y lo peor no es olvidarlo. Lo peor es que te quedas de pie en la cocina, con la nevera abierta, intentando hacer ingeniería inversa de tu propio pensamiento. "A ver, estaba en el sofá. Estaba viendo algo en el móvil. Tenía hambre. ¿O no tenía hambre? ¿Venía a por agua? ¿A por el cargador? ¿Por qué estoy aquí?"
¿Es normal que me pase 5 veces al día?
Una o dos veces al día, le pasa a todo el mundo. Es un bug del cerebro humano, no un fallo tuyo. Pero cuando te olvidas de todo y no sabes por qué, cuando esto se convierte en tu modo de funcionamiento por defecto, la cosa cambia.
Porque ya no es un "ay, qué despiste". Es un patrón. Es levantarte del escritorio, ir a la cocina, no saber para qué, volver al escritorio, recordar que ibas a por agua, ir a la cocina otra vez, llegar y pensar "¿era agua o era otra cosa?".
Tres viajes para un vaso de agua. Así funciona mi cerebro a veces. Y el tuyo, si te sientes identificado.
Mi truco más tonto pero más efectivo: decirlo en voz alta. "Voy a la cocina a por agua." Lo digo mientras camino. Como un loco hablando solo por el pasillo. Pero funciona. Porque la información auditiva sobrevive al efecto umbral mejor que el pensamiento silencioso.
También funciona llevar un objeto simbólico. Si voy a la cocina a por el ibuprofeno, cojo el blíster vacío que tengo en la mesita. Llego a la cocina con el blíster en la mano y mi cerebro dice "ah, ibuprofeno". Es como dejarle una nota a tu yo de dentro de 8 segundos.
Cuando el olvido se acumula
Lo que de verdad fastidia es el efecto acumulado. No es un olvido. Son 15 olvidos al día. Y cada uno te cuesta tiempo, energía y un poquito de paciencia. Al final del día, has caminado 3 kilómetros dentro de tu propia casa sin haber completado la mitad de lo que ibas a hacer.
Y eso te hace sentir como si fueras tonto, cuando en realidad eres alguien con un cerebro que gestiona mal las transiciones de contexto. Que no es lo mismo.
Es como tener un portátil potente que se reinicia cada vez que cambias de ventana. El problema no es el portátil. Es el sistema operativo.
Y si esto es tu día a día, no lo normalices. No es "ser despistado". Es una forma muy concreta de memoria a corto plazo que falla en los momentos más tontos. Y tiene nombre, tiene explicación, y tiene solución. Bueno, parches. Soluciones mágicas no existen.
No soy médico ni pretendo serlo. Pero si te pasas el día haciendo viajes de ida y vuelta entre habitaciones sin saber por qué, quizá merezca la pena hablar con alguien que pueda mirarlo con más detalle.
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