Pierdo la noción del tiempo haciendo cualquier cosa y llego tarde a todo

Iban a ser 5 minutos. Llevas 45. No sabes cómo ha pasado. Y ahora llegas tarde. Otra vez. A todo. Siempre.

"Solo cinco minutos." Esa es la frase que más daño te ha hecho en la vida.

Cinco minutos mirando el móvil. Que son cuarenta y cinco. Cinco minutos buscando algo en internet. Que son treinta. Cinco minutos arreglando una cosa rápida. Que son una hora y media. Para ti, "cinco minutos" es una unidad de tiempo imaginaria que no tiene relación con la realidad.

Y el resultado siempre es el mismo: llegas tarde. A las quedadas. A las reuniones. Al trabajo. A las citas médicas. A todo. No porque no te importe. No porque seas irrespetuoso con el tiempo de los demás. Sino porque tu cerebro no siente el paso del tiempo como el de otras personas.

El tiempo, para ti, no fluye a velocidad constante. Se estira y se comprime. Cinco minutos a veces son una eternidad (cuando te aburres) y a veces son un parpadeo (cuando estás concentrado). Y nunca sabes cuál de las dos te va a tocar.

¿Por qué no sientes el paso del tiempo?

Porque tu percepción del tiempo no funciona con reloj. Funciona con interés.

Cuando haces algo que te interesa, el tiempo desaparece. Literalmente. No es que pase rápido. Es que deja de existir. No sientes el paso de los minutos. No hay un contador interno que te diga "llevas media hora". Estás metido en la tarea y el mundo exterior se apaga.

Y cuando haces algo aburrido, cada minuto pesa como una hora. El tiempo se arrastra. Miras el reloj, pasan tres minutos, miras otra vez, pasan dos. Es eterno.

No hay término medio. No hay "el tiempo pasa a velocidad normal". Es o demasiado rápido o demasiado lento. Y en ninguno de los dos casos puedes controlarlo.

Es lo que pasa cuando te sientas a hacer cualquier tarea y se te escapa el tiempo. Tu reloj interno está roto. Y cuando tu reloj interno está roto, llegas tarde a todo. No por decisión. Por percepción.

La espiral de "un momento"

Hay un patrón que conozco bien. Estás haciendo algo. Alguien te dice "¿nos vamos?" Y dices "un momento". Pero ese momento se estira. Porque estás metido en lo que estás haciendo y tu cerebro se niega a soltar.

No es que no quieras irte. Es que la transición entre una actividad y otra requiere un esfuerzo que no puedes hacer en ese instante. Tu cerebro necesita terminar lo que está haciendo. O al menos llegar a un punto donde pueda soltar. Y ese punto siempre está "a cinco minutos". Que son cuarenta y cinco.

Y la otra persona se enfada. Y tú te sientes culpable. Y la próxima vez dices "esta vez sí que estoy listo a tiempo". Y vuelve a pasar exactamente lo mismo. Porque no es un problema de voluntad. Es un problema de percepción temporal. Tu cerebro no registra el paso del tiempo de la misma forma.

Llegar tarde como estilo de vida involuntario

Mira, siempre llegar tarde al trabajo no es un capricho. No es una falta de respeto. Es el resultado de una cadena de eventos que empieza con "tengo tiempo de sobra" y termina con "ya llego tarde otra vez".

Y cada vez que llegas tarde, te prometes que la próxima vez saldrás antes. Pero no lo haces. Porque tu cálculo del tiempo está mal. Siempre. Piensas que tardas diez minutos en llegar y tardas veinticinco. Piensas que te preparas en quince minutos y necesitas cuarenta. Calculas mal el tiempo para todo porque tu cerebro no tiene un modelo preciso de cuánto dura cada cosa.

Y no es solo llegar tarde. Es también llegar estresado. Porque cuando te das cuenta de que vas tarde, entras en modo pánico. Corres. Sudas. Te olvidas cosas. Llegas nervioso, disculpándote, sintiéndote fatal. Y los demás piensan "es que siempre igual" sin saber lo que pasa por dentro.

Trucos que uso para sobrevivir

No te voy a decir que he solucionado esto. No lo he solucionado. Sigo llegando tarde a cosas. Pero llego menos tarde que antes. Y estos son los trucos:

Primero: alarmas para todo. No una alarma. Tres. Una cuando queda media hora. Otra cuando quedan quince minutos. Otra cuando tienes que salir YA. Porque una sola alarma la ignoras. Tres son más difíciles de ignorar.

Segundo: sumar veinte minutos a todo. Si crees que tardas diez minutos, cuenta treinta. Si crees que necesitas quince, cuenta treinta y cinco. Siempre redondea hacia arriba. Siempre. Porque tu cerebro te miente con los tiempos y la única forma de compensar es inflar el cálculo.

Tercero: preparar las cosas antes. No la noche anterior, que eso ya sería pedir un milagro. Pero sí antes de sentarte a hacer lo que sea que te va a absorber. Mochila preparada antes de ponerte con el ordenador. Ropa puesta antes de mirar el móvil. Porque una vez que empieces algo, no vas a poder parar.

Si el tiempo es tu enemigo invisible, si todo te cuesta más que a los demás y no entiendes por qué, si la desorganización temporal es tu pan de cada día, quizá no es un defecto de carácter. Quizá tu cerebro funciona diferente. Y entenderlo, con la ayuda de un profesional, puede cambiarte la vida. De verdad.

---

Si "solo cinco minutos" es la mentira que más veces te has dicho y quieres entender por qué tu reloj interno no funciona, hice un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. Gratis, sin diagnóstico, y no, no tarda cinco minutos. Tarda lo que tarda. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo