No puedo ducharme a la misma hora cada día y me siento raro por ello

Todo el mundo se ducha a la misma hora. Tú no. Unos días por la mañana, otros por la noche, otros... mejor no decir.

Todo el mundo tiene una hora para ducharse. Por la mañana antes de trabajar. Por la noche antes de cenar. Después del gimnasio. Da igual cuándo, pero tienen una hora. Siempre la misma. Todos los días.

Yo no.

Yo me ducho cuando me acuerdo. O cuando me doy cuenta de que llevo demasiado tiempo sin hacerlo. O cuando tengo una videollamada en 20 minutos y pienso "igual debería". No hay patrón. No hay rutina. Hay improvisación pura.

Y lo peor no es eso. Lo peor es que me siento raro por ello. Porque algo tan básico como ducharse no debería requerir planificación consciente. No debería ser una decisión. Debería ser automático. Como respirar, pero con jabón.

¿Por qué algo tan simple se convierte en un problema?

Porque ducharse no es solo ducharse. Es una cadena de microdecisiones que tu cerebro tiene que ejecutar en secuencia. Levantarte, ir al baño, quitarte la ropa, regular el agua, entrar, enjabonarte, aclararte, salir, secarte, vestirte. Son como 15 pasos. Y cada uno requiere que tu cerebro diga "siguiente" sin distraerse con nada.

Para la mayoría de la gente, esa cadena se automatiza. Se convierte en un bloque. Un paquete cerrado que se ejecuta sin pensar. Como conducir un coche después de años: no piensas en cada movimiento, simplemente conduces.

Pero cuando tu cerebro no automatiza bien las rutinas, cada ducha es como conducir por primera vez. Cada paso requiere esfuerzo consciente. Y eso agota. Y lo que agota, se pospone. Y lo que se pospone, no tiene hora fija.

¿Y si el problema no es la ducha sino todas las rutinas?

Mira, si fuera solo la ducha, sería anecdótico. Algo de lo que te ríes con tus amigos. Pero no es solo la ducha. Es comer. Es acostarse. Es salir de casa. Es empezar cosas y no terminarlas. Es que ninguna actividad diaria tiene una hora asignada que se mantenga más de tres días seguidos.

Y cuando te das cuenta de que no puedes mantener ni la rutina más básica del mundo, empiezas a pensar que algo falla en ti. Que eres un desastre. Que todos los demás funcionan con piloto automático y tú necesitas control manual para todo.

Parece una tontería, pero esa sensación acumulada de "no puedo ni con lo más simple" es devastadora. Porque si no puedes mantener una hora para ducharte, ¿cómo vas a mantener un hábito de ejercicio? ¿O una rutina de trabajo? ¿O una agenda más de tres días?

El mito del "es que no te organizas bien"

Esta es la frase que más he escuchado en mi vida. "Es que tienes que ponerte una hora y cumplirla." Ah, vale. Gracias. No se me había ocurrido. Con lo fácil que es.

El problema no es que no sepas que ducharte a las 8 sería ideal. Lo sabes perfectamente. El problema es que entre saber que deberías hacerlo y hacerlo hay un abismo enorme. Un abismo donde tu cerebro decide que ahora mismo hay 47 cosas más urgentes, más interesantes o más fáciles que levantarte e ir al baño.

No es falta de organización. Es que tu cerebro no procesa las rutinas aburridas como prioridad. Les quita el turno constantemente. Y cuando por fin les toca, ya no es la hora que habías planeado. Es tres horas después. O al día siguiente.

Es lo mismo que le pasa a la gente que no puede crear hábitos aunque lo intente. No es que no quieran. Es que su cerebro no colabora con lo repetitivo.

Lo que a mí me funciona (más o menos)

No te voy a engañar. No tengo esto resuelto. Sigo duchándome a horas aleatorias. Pero he dejado de castigarme por ello.

Lo que sí hago es anclar la ducha a otra cosa. No a una hora, sino a una actividad. Después de entrenar. Antes de sentarme a trabajar. Después de salir a la calle. No me digo "me ducho a las 8". Me digo "me ducho después de X". Y X cambia según el día.

No es un sistema perfecto. Es un parche. Pero funciona mejor que intentar clavar una hora fija que mi cerebro va a ignorar a los dos días.

Y lo otro: si esto te pasa con todo, no solo con la ducha, si ninguna rutina se mantiene, si sientes que todo te cuesta más que a los demás, puede que no sea un problema de disciplina. Puede que tu cerebro funcione diferente. Y eso tiene nombre, tiene explicación y tiene solución.

No soy médico ni pretendo serlo. Pero si esto es tu día a día, no está de más hablarlo con alguien que sí lo sea.

---

Si te suena todo esto y quieres entender un poco mejor qué pasa dentro de tu cabeza, tengo un test de 43 preguntas que te puede dar bastante claridad. Sin diagnóstico, sin coste, pero con información real. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo