¿Tenía Satoshi Tajiri TDAH? El creador de Pokémon que coleccionaba insectos

De niño le llamaban 'Dr. Bug'. Coleccionaba bichos en los campos de Tokio con una obsesión que asustaba. Tardó 6 años en crear Pokémon y casi quiebra su.

Hay un niño en los años 70 que recorre los campos de Machida, en las afueras de Tokio, con una red de mariposas y varios tarros de cristal.

No está jugando. Está catalogando.

Tiene una libreta donde apunta cada especie que encuentra: dónde la encontró, a qué hora, qué hacía cuando la capturó. Sus compañeros de clase no le entienden. Sus profesores tampoco. Le van fatal las asignaturas. No puede quedarse quieto. Se distrae con cualquier cosa.

Pero ese niño sabe más de insectos que la mayoría de entomólogos adultos de Japón.

Le llaman "Dr. Bug".

Ese niño es Satoshi Tajiri. Y dentro de veinte años va a crear Pokémon.

¿Qué es coleccionar insectos con la intensidad con la que lo hacía Tajiri?

No es un hobby. No es lo que hace un chaval normal un sábado por la tarde porque no tiene otra cosa que hacer.

Tajiri coleccionaba insectos como si su cerebro dependiera de ello. Porque, en cierta forma, dependía.

Había algo en ese bucle de buscar, identificar, capturar y catalogar que le mantenía conectado al mundo de una manera que el colegio nunca había conseguido. En clase se perdía. En los campos se encontraba. Las reglas de la escuela le resultaban imposibles de seguir. Las reglas de los insectos, las que dictan cuáles salen de noche y cuáles de día, cuáles viven en agua y cuáles en tierra, esas las aprendía solo, sin esfuerzo, sin que nadie se las enseñara.

Eso tiene nombre. Hiperfoco.

No es concentración normal. Es una concentración tan brutal en una sola cosa que el resto del mundo desaparece. El tiempo desaparece. El hambre desaparece. Las obligaciones desaparecen. Solo existe el insecto.

Y luego la urbanización llegó a Machida. Los campos se convirtieron en edificios. Los bichos desaparecieron bajo el cemento. Y Tajiri perdió su mundo.

¿Qué hace un cerebro así cuando le quitan su obsesión?

Busca otra.

Tajiri descubrió los recreativos. Los salones de arcade de Tokio donde los niños japoneses de los 80 se gastaban las monedas en Space Invaders y Pac-Man. Y pasó lo mismo que con los insectos: hiperfoco total. Dejó prácticamente de ir a clase. Se pasaba horas y horas delante de las máquinas, estudiando patrones, memorizando mecánicas, entendiéndolas desde dentro.

No jugaba. Analizaba.

Con el tiempo empezó a escribir sobre videojuegos. Fundó una fanzine llamada Game Freak que hacía él mismo, a mano, con fotocopias. La repartía en las tiendas y los recreativos del barrio. No ganaba dinero. No importaba. El proceso le absorbía de la misma manera que los campos de Machida.

Y entonces llegó la Game Boy.

Y algo en su cabeza hizo clic.

La idea más absurda del mercado en 1990

Tajiri vio la Game Boy y vio los campos de su infancia. Vio a los niños de Japón, cada vez más encerrados en ciudades sin insectos, sin campos, sin bichos que catalogar. Y pensó que podía devolvérselo. En formato digital. Con un cable link entre dos consolas para intercambiar capturas.

Pokémon, literalmente, es la obsesión de un niño TDAH traducida a píxeles.

Capturar, catalogar, intercambiar. 151 especies para coleccionar. Un mundo entero que explorar con la misma lógica que los campos de Machida.

Le llevó seis años desarrollarlo. De 1990 a 1996. Seis años en los que Game Freak, la empresa que había montado con su amigo Ken Sugimori, estuvo al borde de la quiebra en múltiples ocasiones. Los empleados llegaron a trabajar gratis durante meses porque Tajiri no podía pagarles pero tampoco podía parar. Nintendo les financiaba a regañadientes porque alguien allí arriba había visto algo en la idea.

Todo el mundo le decía que parara.

No podía.

Eso también tiene nombre. Dificultad para abandonar un proyecto aunque todos los indicadores racionales digan que deberías. Un cerebro que no acepta "suficiente" como respuesta cuando todavía no ha terminado lo que empezó.

¿Qué tiene que ver el Asperger con el TDAH?

Tajiri tiene un diagnóstico público: Asperger. Él mismo lo ha mencionado en entrevistas. Y eso explica parte del cuadro: la intensidad en los intereses específicos, la dificultad para los contextos sociales, el pensamiento muy sistemático.

Pero el TDAH y el Asperger se solapan con una frecuencia que no es casualidad. No son la misma cosa, pero comparten territorio. El hiperfoco, la dificultad escolar, la impulsividad, la incapacidad de funcionar en sistemas que no están diseñados para tu cerebro, esos rasgos aparecen en ambos. Y en Tajiri aparecen todos.

Sus profesores no veían a un niño inteligente. Veían a uno que no prestaba atención, que no terminaba las tareas, que prefería perseguir bichos a estudiar para los exámenes. El perfil clásico.

Lo que los profesores no podían saber es que ese niño estaba desarrollando, a su manera, una capacidad de observación, clasificación y construcción de sistemas que luego iba a generar la franquicia de entretenimiento más rentable de la historia del mundo.

Más que Star Wars. Más que Marvel. Más que Disney.

Pokémon ha generado más de 100.000 millones de euros. Con sus juegos, películas, merchandising, cartas, el anime, las aplicaciones.

Cien mil millones. Salidos de los campos de Machida y del cerebro de un niño al que le iban fatal las mates.

¿Por qué los cerebros TDAH crean cosas que otros no pueden crear?

Porque el hiperfoco, cuando encuentra el canal correcto, no tiene competencia.

Un cerebro normal trabaja en un proyecto unas horas al día, descansa, se distrae, piensa en la cena, llama a su madre, vuelve al proyecto. Así durante años. Es sostenible. Es sano.

Un cerebro con TDAH en hiperfoco no funciona así. Cuando encuentra algo que lo engancha de verdad, se mete dentro y no sale. Come menos. Duerme cuando no puede más. No piensa en nada más. Durante semanas. Meses. Años.

Es agotador. A veces es destructivo. Pero también produce cosas que un cerebro que trabaja a ritmo normal nunca produciría, porque ningún cerebro normal puede mantener esa intensidad el tiempo suficiente.

Como Walt Disney, que montó y perdió varias empresas antes de construir un imperio. Como los inventores y creadores que aparecen una y otra vez en la historia cuando buscas el patrón del cerebro TDAH.

La diferencia entre Tajiri y muchos otros cerebros parecidos es que encontró su insecto pronto. Los campos de Machida le dieron, de niño, un lugar donde su cerebro podía hacer lo que mejor sabe hacer: obsesionarse de manera productiva con un sistema complejo. Y cuando esos campos desaparecieron, tuvo la suerte de encontrar otro sistema igual de complejo: los videojuegos.

No todo el mundo tiene esa suerte. Hay muchos Tajiris que nunca encuentran su campo de insectos. Que pasan la infancia y la adolescencia siendo "el que no atiende", "el que no termina nada", "el que podría si quisiera". Y nunca llegan a crear su Pokémon porque nadie les ayudó a entender que su cerebro no estaba roto. Solo estaba esperando el insecto correcto.

La obsesión que asustaba a todos menos a él

Hay una cosa que me parece importante subrayar del caso de Tajiri.

En ningún momento de su infancia, ni de su adolescencia, ni de los seis años de desarrollo de Pokémon pensó que algo iba mal en él. El mundo a su alrededor le decía constantemente que no funcionaba como debería. Sus notas, sus profesores, sus compañeros que no entendían para qué quería tantos tarros de bichos.

Pero su cerebro, por dentro, estaba perfectamente convencido de que lo que hacía tenía todo el sentido del mundo.

Esa parte me resulta fascinante. No el éxito final. El hecho de que alguien pueda pasarse la infancia siendo el raro del colegio, luego seis años al borde de la quiebra, con todo el mundo diciéndole que pare, y seguir. No por terquedad. No por ego. Sino porque su cerebro no le daba la opción de ver el proyecto como un fracaso mientras todavía no estaba terminado.

Eso no es obsesión con el detalle perfecto como la entendemos normalmente. Es algo más profundo. Es un cerebro que no puede cerrar un ciclo abierto. Que necesita llegar al final de lo que empezó aunque el mundo entero diga que debería parar.

A veces eso quiebra empresas. A veces crea Pokémon.

La diferencia, muchas veces, es si el cerebro encuentra el insecto correcto antes o después de que le convenzan de que está roto.

Si de niño eras el que coleccionaba algo con una intensidad que asustaba a los adultos, o si ahora eres el que no puede soltar un proyecto aunque todos los indicadores digan que deberías, puede que no sea obstinación. Puede que sea algo que merece la pena entender.

Identificar patrones en figuras públicas ayuda a normalizar el TDAH, pero no sustituye una evaluación profesional.

Hacer el test de TDAH

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