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Lo que Cristóbal Colón nos enseña sobre la obsesión con una idea

Colón estuvo 10 años insistiendo con su idea y le rechazaron todos. ¿Terquedad? ¿Hiperfoco? Lección sobre la obsesión que puede cambiarlo todo... o destruirte.

tdahfamosos

Diez años.

Diez años diciéndole a todo el mundo que tenía razón y que los demás estaban equivocados.

Portugal dijo no. Castilla dijo no dos veces. Génova pasó de él como si fuera un anuncio de spam. Y Colón seguía ahí, con sus mapas, con sus números, convencido de que la ruta al oeste era la correcta.

¿Eso es locura? ¿Genialidad? ¿O es exactamente el tipo de hiperfoco que hace que ciertas personas cambien la historia mientras el resto va tirando por la vida con ideas a medias?

Vamos a hablar de Cristóbal Colón. Y de lo que su historia dice sobre nosotros.

¿Qué narices es el hiperfoco?

Si tienes TDAH, sabes de qué hablo sin necesidad de definición.

Es esa cosa que te pasa cuando encuentras algo que te interesa de verdad y de repente pierdes la noción del tiempo, del hambre, del sueño y de cualquier obligación que tengas pendiente. Te comes el tema entero. Te obsesionas. No puedes parar.

En el lado positivo: produces más en cuatro horas que otras personas en cuatro días.

En el lado negativo: te olvidas de comer, de responder mensajes, y de que tenías una reunión importante hace dos horas.

Colón era eso multiplicado por diez años y un océano.

No había app de recordatorios. No había terapia cognitivo-conductual. No había suplementos de omega-3 ni podcasts de neurociencia. Solo un tío con una idea fija, una convicción de acero, y la capacidad de aguantar el rechazo como si nada.

Si eso no es hiperfoco aplicado a escala histórica, no sé qué lo es.

El patrón que los [exploradores con TDAH](/blog/tdah-historia-exploracion) repiten una y otra vez

Aquí hay algo interesante.

Cuando estudias a las grandes figuras históricas que cambiaron el mundo yendo en contra del consenso, ves un patrón. No se rindieron con el primer no. Ni con el segundo. Ni con el décimo.

La pregunta es: ¿eso es una virtud o es simplemente que no podían parar aunque quisieran?

Porque hay una diferencia enorme entre "elegir seguir adelante a pesar del rechazo" y "no tener el freno neurológico que te haría reconsiderar la situación".

Y yo no tengo ni idea de cuál era el caso de Colón.

Lo que sí sé es que el resultado fue el mismo: llegó a donde quería llegar. Aunque no fuera exactamente donde pensaba que iba.

Eso también es TDAH, por cierto. Llegar a un sitio diferente al que tenías en mente, pero encontrar algo igualmente interesante. A veces más.

Diez años de rechazo sin doblarse

Piénsalo un momento.

Fueron a Portugal en 1484. No. Fueron a Castilla. No. Volvieron a Castilla. No otra vez.

La mayoría de la gente, con dos rechazos, ya empieza a cuestionar si la idea era buena. Con cuatro rechazos de los principales poderes del mundo conocido, lo normal es rendirse o, como mínimo, pivotar.

Colón no pivotó.

Eso tiene dos lecturas posibles.

La primera: era un visionario con una convicción tan sólida que aguantó lo que nadie más hubiera aguantado, y al final tuvo razón.

La segunda: estaba tan metido en su idea que literalmente no podía hacer otra cosa, y tuvo suerte de que la idea fuera viable.

No sé cuál es la real. Probablemente las dos al mismo tiempo.

Lo que sí me llama la atención es que ese nivel de obsesión sostenida durante una década no es algo que todo el mundo pueda mantener. La mayoría nos aburrimos. Nos distraemos. Pasamos a la siguiente idea.

El hiperfoco de largo plazo es raro. Y cuando aparece, suele hacer cosas espectaculares o desastrosas. Pocas veces algo en el medio.

El lado oscuro que no podemos ignorar

Aquí viene la parte incómoda.

Colón llegó a América en 1492. Y lo que vino después no fue exactamente bonito.

No voy a hacer un ensayo histórico, pero tampoco voy a ignorarlo: la obsesión de un hombre con su idea, financiada por un imperio con sus propios intereses, abrió la puerta a siglos de colonización brutal.

Eso no cancela el logro navegatorio. Pero tampoco lo limpia.

Y eso también es una lección sobre la obsesión.

La obsesión no tiene moral. No distingue entre buenas y malas ideas. Solo persiste. La misma neurología que te permite cambiar el mundo puede ponerla al servicio de algo que daña a otros.

La obsesión de Gaudí con su arquitectura, por ejemplo, no destruyó nada. Construyó cosas que duran siglos. Pero Gaudí no llevaba ejércitos.

El hiperfoco es una herramienta. Lo que haces con él es otra historia.

¿Y qué hacemos nosotros con esto?

La historia de Colón me interesa no por los barcos ni por los Reyes Católicos.

Me interesa porque es un caso extremo de algo que muchos tenemos en versión más modesta.

Esa idea que llevas meses sin soltar. Ese proyecto que no puedes dejar de pensar aunque no avance. Esa cosa que te consume de noche y sobre la que vuelves aunque hayas prometido veinte veces que lo dejas estar.

A veces eso es una señal de que estás en el camino correcto.

A veces es una señal de que necesitas hablar con alguien que no sea tú mismo.

La diferencia entre el hiperfoco productivo y el hiperfoco destructivo no siempre es obvia desde dentro. Y eso es lo jodido.

Alejandro Magno

El patrón se repite: personas con una energía y una obsesión fuera de lo normal que cambian el mundo pero que a menudo no saben cuándo parar.

La pregunta que importa

Así que la pregunta no es "¿tenía Colón TDAH?".

No lo sabemos. Nunca lo sabremos. Y en realidad da igual.

La pregunta es qué haces tú con tu versión de esa obsesión.

Porque si tienes TDAH, probablemente conoces esa sensación. La idea que no te suelta. El proyecto que te parece el más importante del mundo aunque nadie más lo vea todavía. El rechazo que duele pero que no te hace cambiar de idea.

Puede ser tu mayor fortaleza.

Puede ser lo que te destruya.

O puede ser las dos cosas a la vez, como le pasó a Colón.

Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro con todo esto, empieza por aquí: Haz el test de TDAH. No te va a dar respuestas sobre si eres un genio o no. Pero sí puede ayudarte a entender un poco mejor con qué estás trabajando.

Porque eso sí que es útil.

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