Volver al blog

San Valentín con TDAH: olvidaste el regalo, no el amor

Tu pareja te mira con esa cara. Otra vez. Pero olvidar San Valentín no significa que no te importe. Significa que tu cerebro funciona diferente.

tdah

Tu pareja te mira con esa cara. La cara de "otra vez". Y tú no sabes cómo explicar que te importa más de lo que tu cerebro permite demostrar.

14 de febrero. Todo el mundo lo sabía. Las tiendas llevan semanas con corazones de cartón, los anuncios de perfume no paran, y tu compañero de trabajo lleva desde el lunes hablando de la reserva que ha hecho en un japonés. Tú lo sabías. Lo sabías perfectamente.

Y aun así, son las 10 de la noche del 13 y no tienes nada. Ni reserva, ni regalo, ni plan. Tienes un nudo en el estómago y un historial de Google que dice "regalos de última hora San Valentín" con la vergüenza de quien busca "cómo desatascar el váter" a las 3 de la mañana.

No eres mala persona. No eres un desastre emocional. Tienes un cerebro que funciona con sus propias reglas, y las fechas del calendario no están entre ellas.

¿Por qué las fechas especiales son una trampa para el cerebro TDAH?

Porque las fechas especiales requieren exactamente lo que peor se le da al TDAH: planificar con antelación algo que no tiene urgencia inmediata.

Piénsalo. San Valentín es el 14 de febrero todos los años. No cambia. No hay sorpresa. Tu cerebro lo registra el 1 de febrero y dice "vale, tengo dos semanas, de sobra". Y como no hay urgencia real, no hay dopamina. Y sin dopamina, tu cerebro pasa a lo siguiente.

Es como esas tareas que sabes que tienes que hacer pero que nunca tienen un deadline real. Limpiar los filtros de la vitrocerámica. Llamar al dentista. Comprar un regalo para la persona que más te importa en el mundo.

Tu cerebro las mete todas en el mismo cajón. El cajón de "ya lo haré". Que en realidad es el cajón de "lo haré cuando sea demasiado tarde".

Y no es que no te importe. Es que la importancia emocional y la urgencia ejecutiva son cosas completamente distintas en un cerebro con TDAH. Puedes querer a alguien con todo tu ser y aun así olvidar su cumpleaños tres años seguidos. Porque el amor vive en una parte del cerebro y la gestión del calendario en otra. Y esas dos partes no se hablan mucho.

¿Tu pareja piensa que no te importa?

Probablemente sí. Y ahí es donde la cosa duele de verdad.

Porque para alguien sin TDAH, la lógica es simple: si te importo, te acuerdas. Si no te acuerdas, no te importo. Punto. Y no puedes culparles por pensar así, porque es lo que la sociedad les ha enseñado. Los gestos son pruebas de amor. Los olvidos son pruebas de desinterés.

Pero tú sabes que no es así. Tú sabes que puedes pasarte tres horas pensando en qué regalarle a tu pareja, perderte en 47 pestañas abiertas comparando opciones, y acabar sin comprar nada porque tu cerebro se fue por la tangente leyendo reseñas de un aspirador robot. Eso es el hiperfoco, que en la fase de enamoramiento es brutal, pero que con el tiempo se redistribuye y ya no está disponible 24/7 para la relación.

Y entonces llega el 14 de febrero y tu pareja ve manos vacías. No ve las 47 pestañas. No ve la intención. Ve el resultado. Y el resultado dice "se le olvidó".

El problema no es que no quieras. Es que tu cerebro no traduce el querer en hacer de forma automática. Hay un cortocircuito entre la emoción y la acción, y ese cortocircuito tiene nombre: disfunción ejecutiva.

¿Cómo se explica esto sin que suene a excusa?

Esta es la pregunta del millón. Porque hay una línea muy fina entre "tengo TDAH y eso afecta a mi forma de funcionar" y "tengo TDAH y por eso no tengo que esforzarme".

La primera es real. La segunda es trampa.

El TDAH explica por qué olvidas. No justifica que no busques soluciones. Y eso es lo que tu pareja necesita escuchar. No "es que tengo TDAH", sino "tengo TDAH y esto es lo que estoy haciendo para que no vuelva a pasar".

Alarmas. Recordatorios con semanas de antelación. Listas de regalos que vas actualizando durante el año. Pedirle a un amigo que te avise. Lo que sea. Porque el amor no se demuestra recordando fechas. Se demuestra construyendo sistemas para no fallar a la persona que quieres.

Y mira, esto vale para San Valentín, para cumpleaños, para aniversarios, y para el "¿puedes comprar leche de camino a casa?" que llevas cuatro días sin comprar.

¿Y si tu pareja es la que tiene TDAH?

Entonces necesitas entender algo: no lo hace a propósito. De verdad. No es pasotismo, no es falta de amor, no es que le importes poco. Es un cerebro que no gestiona el tiempo ni las prioridades como el tuyo.

Cuando tu pareja olvida San Valentín, no está eligiendo no recordarlo. Está luchando contra un cerebro que no marca las cosas como urgentes hasta que ya es tarde.

Eso no significa que tengas que aguantar todo sin decir nada. Tienes derecho a sentirte mal. Tienes derecho a decir "esto me duele". Pero la conversación cambia mucho cuando entiendes que el problema no es la intención sino el mecanismo.

Cuando una pareja por fin entiende cómo funciona el TDAH del otro

Lo que San Valentín revela sobre tu relación

San Valentín no es importante por los bombones ni por la cena. Es importante porque funciona como un detector de humo. Si cada fecha especial acaba en pelea, en reproche, en "ya sabía yo", lo que está fallando no es el calendario. Lo que está fallando es la comunicación.

Y con TDAH en la ecuación, la comunicación se complica más. Porque el rechazo duele el triple, porque la crítica se siente como un ataque nuclear, y porque a veces reaccionas con una intensidad que ni tú entiendes.

Pero también hay algo bonito en esto. Cuando una relación sobrevive al TDAH, cuando los dos entienden cómo funciona y deciden trabajar juntos, esa relación es más fuerte que la mayoría. Porque se ha construido con consciencia, no con piloto automático.

Y eso vale más que cualquier ramo de flores comprado el 14 de febrero a las 9 de la noche en la gasolinera de la esquina.

Que lo he hecho. No voy a mentir.

---

Si te has visto reflejado en este post y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. 10 minutos, gratis, sin email obligatorio. No diagnostica, pero te da más claridad que una cena de San Valentín en silencio incómodo.

Relacionado

Sigue leyendo