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Esperar en una cola con TDAH: tortura legalizada

Cinco minutos de cola se sienten como veinte. Tu cuerpo se mueve solo, tu cerebro pide estímulo. Hacer cola con TDAH no es impaciencia: es tortura neurológica.

tdah

Estás en Correos.

Hay siete personas delante de ti. El número de tu turno es el B-47. En el panel pone B-39. El señor del mostrador habla despacio, escribe despacio, y parece que encontró la vocación en la vida para ralentizar el tiempo.

Y tú ya llevas cuarenta y cinco segundos cambiando el peso de un pie al otro.

No es impaciencia. Bueno, sí. Pero no es la impaciencia de alguien que tiene prisa. Es algo más primitivo. Es tu cerebro lanzando una señal de emergencia porque no recibe estímulo y no sabe qué hacer con eso.

¿Por qué hacer cola es tan difícil con TDAH?

Porque un cerebro con TDAH no puede procesar la ausencia de estímulo. Directamente no sabe qué hacer con el vacío.

Un cerebro neurotípico en una cola se aburre un poco, piensa en sus cosas, mira el móvil dos veces, y espera. Para él es incómodo pero manejable. Para tu cerebro, la cola no es una pausa. Es una agresión.

La dopamina, que es la molécula que regula la motivación y la atención, no llega de forma estable a un cerebro con TDAH. Y cuando no hay estimulación externa, el nivel cae en picado. Tu cerebro entra en modo urgencia. No porque sea dramático. Porque literalmente necesita algo a lo que agarrarse.

Y la cola no le da nada.

Entonces empieza el espectáculo. Las piernas que se mueven solas. Los dedos que tamborilean en el muslo. El suspiro que escapa sin permiso. El cálculo obsesivo de si la otra cola avanza más rápido. La apertura y cierre del móvil cada treinta segundos. El sigilo para contar cuántos tickets quedan antes del tuyo y hacer la aritmética mental más inútil del día.

Nada de eso lo decides. Tu cuerpo lo hace solo porque tu cerebro necesita hacer algo. Lo que sea.

El tiempo se estira

Con TDAH, la percepción del tiempo es irregular. Cinco minutos pueden sentirse como cuarenta dependiendo de cuánto estímulo haya en ese intervalo.

En una cola, el estímulo es cero. Así que el tiempo se estira hasta volverse grotesco.

Llevas en la cola cuatro minutos. Tu cerebro jura que llevas veinte. Y esa discrepancia no es subjetiva ni está en tu cabeza. Es neurológica. Tu reloj interno mide en función de la actividad, no del reloj de pared. Cuando hay cero actividad, el reloj interno va más lento. Mucho más lento.

El resultado es que cinco minutos de cola se convierten en una experiencia que parece una tarde entera. Con aburrimiento, con irritación, con esa sensación de que estás perdiendo el tiempo de una forma que no puedes explicar del todo pero que te resulta físicamente insoportable.

Y lo peor es que lo sabes. Sabes que son cuatro minutos. Sabes que no pasa nada. Sabes que la gente normal hace esto sin que les suba la temperatura corporal. Y aun así, ahí estás, calculando si puedes volver mañana y si Correos cierra a las dos o a las tres.

La otra cola siempre parece más rápida

Voy a decirte algo que probablemente ya sabes: sí, calculas la otra cola.

Siempre.

Es un clásico. Llevas dos minutos en la cola de la derecha cuando empiezas a observar la de la izquierda. Haces los cálculos. Parece que avanza más. Dudas. Te cambias. La cola de la izquierda se detiene porque alguien tiene un problema con un cupón de descuento. Miras la cola de la derecha y ya está en el B-44.

Has perdido tu posición y ganado más tiempo de espera.

Pero eso no es lo peor. Lo peor es que la siguiente vez vuelves a hacer lo mismo. Tu cerebro no aprende de este error porque no es un error de razonamiento. Es el resultado de un sistema de atención que busca estímulo activamente y que interpreta la búsqueda de la cola más rápida como una forma de hacer algo en lugar de quedarse quieto mirando el panel.

La adicción al móvil que muchas personas con TDAH desarrollan nace en parte de estos momentos. El móvil es el mejor relleno de huecos que existe. Cada notificación es un pequeño chute de dopamina. Cada scroll es movimiento. Cada vídeo es estímulo. En una cola, el móvil es supervivencia.

Y está bien. No te machaques por mirarlo. Tu cerebro necesita algo, el móvil se lo da, y eso no es una debilidad moral.

Lo que sí puedes hacer

No te voy a decir que practiques la paciencia. Eso es como decirle a alguien con miopía que practique ver sin gafas.

Pero sí hay cosas que convierten la cola de insoportable a tolerable.

Auriculares, siempre. Este es el cambio más gordo. Un podcast, música, un audiolibro. Algo que le dé a tu cerebro un estímulo mientras el cuerpo espera. La cola de Correos con un episodio bueno de podcast es otro planeta. Literalmente no notas el tiempo. Tu cerebro tiene dónde poner la atención y el vacío desaparece.

Prepara el entretenimiento antes de llegar. No en el momento. Antes. Porque si llegas a la cola y empiezas a buscar qué poner, ya estás en el modo urgencia y el cerebro no elige bien bajo presión. Podcast en cola, guardar vídeo descargado, cargar el juego que tienes a medias. Antes de entrar.

El juego mental. Si no tienes auriculares, invéntate un juego. Observa a la gente. Intenta adivinar qué ha venido a hacer cada uno. Cuenta las baldosas. Haz los cálculos de cuántas personas entran en el local. No es productivo. No tiene que serlo. Solo tiene que darle algo a tu cerebro mientras espera.

Acepta que vas a mirar el móvil. Y deja de culparte por ello. El móvil en la cola no es una adicción. Es una estrategia de supervivencia. Úsalo. Sin culpa. La culpa consume energía que ya de por sí escasea.

Las colas largas, a primera hora. Cuando puedas elegir, elige el momento con menos cola. Parece obvio pero no siempre lo aplicamos. Correos a las diez de la mañana es otra vida comparado con Correos a las doce y media.

No eres impaciente. Eres una persona con un cerebro que necesita estímulo

Hay una diferencia enorme entre ser impaciente por carácter y tener un cerebro que no puede procesar el vacío de estímulo.

La impaciencia por carácter es una actitud. Se puede trabajar. Se puede cambiar con práctica y con querer hacerlo.

La incapacidad de procesar el vacío de estímulo es neurología. No se trabaja con fuerza de voluntad. Se gestiona con estrategia.

Y la diferencia importa. Porque si crees que eres impaciente por carácter, te machacarás cada vez que una cola te ponga nervioso. "Tengo que tener más paciencia." "Soy un exagerado." "La gente normal no se pone así." Y esa narrativa no te ayuda a mejorar. Solo añade culpa encima del malestar.

Si entiendes que es neurología, puedes preguntarte qué estrategia usar la próxima vez. Qué poner en los auriculares. Qué juego mental inventar. Qué cola evitar en qué horario. Eso sí es accionable.

La cola de Correos va a seguir siendo un coñazo. El señor del B-39 va a seguir escribiendo a velocidad de fax. Y tu cerebro va a seguir pidiendo estímulo a gritos.

Pero al menos puedes ir preparado.

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Si las colas, los semáforos en rojo y el microondas te generan más ansiedad de lo razonable, puede que tu cerebro funcione diferente de lo que crees. Haz el test de TDAH y compruébalo.

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