¿Tenía Rosalía TDAH? La obsesión creativa detrás del flamenco electrónico
Rosalía pasó de estudiar flamenco puro a reinventar el género entero. Su obsesión creativa encaja con un patrón que los cerebros dispersos reconocen.
Hay una diferencia entre dedicarte a algo durante años y estar poseída por algo durante años. Lo primero es disciplina. Lo segundo es otra cosa.
Rosalía estudió ocho años de flamenco clásico en el Taller de Músics de Barcelona. Ocho. No ocho meses. Ocho años de bulerías, compás, palmas, técnica vocal pura y dura. Y luego cogió todo eso, lo metió en una trituradora con electrónica, reggaetón y una novela occitana del siglo XIII, y sacó un álbum que le reventó la cabeza a medio planeta.
Ya escribí un perfil general sobre Rosalía y sus rasgos compatibles con el TDAH. Pero hay algo que se merecía su propio post: la obsesión creativa. Porque no estamos hablando de alguien que trabaja mucho. Estamos hablando de alguien que parece incapaz de no trabajar en lo que le engancha.
Y eso tiene un nombre que algunos conocemos bien.
¿La obsesión creativa de Rosalía encaja con el TDAH?
Vamos a lo que importa. Rosalía no tiene un diagnóstico público de TDAH. Eso hay que decirlo siempre. Pero su forma de crear tiene un patrón que cualquiera con un cerebro disperso reconoce al instante.
El hiperfoco creativo funciona así: encuentras algo que te engancha y desaparece todo lo demás. No es que elijas concentrarte. Es que no puedes no hacerlo. Tu cerebro ha decidido que eso es lo único que existe y te arrastra con una fuerza que no negocia.
Los profesores de Rosalía en el Taller de Músics lo han contado. Era la alumna que se quedaba cuando los demás se iban. La que practicaba más horas que nadie. La que preguntaba hasta que no quedaba nada por preguntar. Ocho años absorbiendo flamenco como si su vida dependiera de ello.
Eso no es disciplina normal. Es un cerebro que ha encontrado el estímulo perfecto y se ha lanzado sin frenos.
Michael Phelps hacía algo parecido en la piscina
¿Por qué la obsesión creativa no es lo mismo que la disciplina?
La disciplina es constante. Predecible. Funciona con horario. Haces algo porque toca, te guste o no.
La obsesión creativa es otra cosa. Es irregular, intensa y completamente dependiente del estímulo. Cuando el estímulo está, no puedes parar. Cuando desaparece, no hay fuerza humana que te haga seguir.
Y lo que vemos en Rosalía tiene esa textura. No la de alguien que sigue un plan lineal, sino la de alguien que se sumerge por completo en cada proyecto hasta que lo exprime entero. Y luego salta a algo completamente distinto.
El Mal Querer fue un álbum conceptual basado en una novela medieval. Once canciones, cada una un capítulo, cada videoclip un cortometraje con estética milimétrica. La obsesión por el detalle era tal que hasta el color de las uñas en cada escena estaba decidido de antemano.
Y cuando terminó eso, no hizo El Mal Querer 2. Hizo Motomami. Reggaetón, dembow, jazz experimental, bachata y estética anime futurista. Un giro tan radical que parecía obra de otra persona.
Eso es lo que hace un cerebro que necesita novedad para seguir vivo. No repite. No puede. Lo que ya hizo ya no le estimula. Necesita territorio nuevo, y lo necesita con urgencia.
La obsesión que se ramifica: música, moda, actuación, producción
Hay otro rasgo que encaja con el patrón y que no se comenta lo suficiente: la cantidad de frentes simultáneos.
Rosalía no solo hace música. Diseña la estética visual de sus proyectos. Dirige conceptos de videoclips. Colabora con marcas de moda. Ha actuado en cine. Produce para otros artistas. Tiene un ojo en la coreografía, otro en el vestuario y otro en la narrativa global de cada era.
Cuando lo miras desde fuera, parece una empresaria brillante con un equipo enorme detrás. Y seguro que lo tiene. Pero la energía que impulsa todo eso, esa necesidad de estar metida en mil cosas a la vez, de no poder soltar ningún hilo porque todos le parecen igual de urgentes e igual de fascinantes, tiene un sabor muy reconocible.
Es el mismo patrón que ves en cantantes que reinventan su género cada pocos años. No es estrategia comercial. Es un cerebro que se aburre de lo conocido y busca estímulos nuevos como quien busca oxígeno.
El estudio obsesivo de la técnica vocal
Esto es lo que más me llama la atención de toda la historia de Rosalía. No el flamenco electrónico. No Motomami. No las colaboraciones con medio planeta.
Es la forma en la que estudió la técnica vocal.
Rosalía ha hablado en entrevistas de cómo analizaba grabaciones antiguas de cantaoras flamencas. Las escuchaba una y otra vez. Descomponía cada quejío, cada melisma, cada respiración. Estudiaba la colocación de la voz, la forma en la que cada cantaora interpretaba el mismo palo de manera diferente.
Eso es hiperfoco académico en estado puro. No es alguien que escucha música y dice "qué bonito". Es alguien que coge una grabación de Camarón y la desmonta pieza por pieza hasta entender cada microdecisión que tomó con la garganta.
Y lo interesante es que luego usó todo ese conocimiento para hacer algo completamente distinto. No copió. Absorbió. Procesó. Y creó algo nuevo a partir de todo lo que había desmontado.
Ese ciclo de absorción obsesiva seguida de creación disruptiva es uno de los rasgos más fascinantes del hiperfoco creativo. No es imitación. Es metabolización. El cerebro se come todo lo que encuentra, lo digiere a su manera, y lo que sale por el otro lado no se parece a nada que existiera antes.
¿Qué puedes sacar de esto si tu cerebro funciona parecido?
Si tu cerebro se engancha a algo y desaparece el mundo, no estás loco. Si pasas semanas absorbido por un tema y luego saltas a otro completamente distinto, no eres inconstante. Si necesitas entender las cosas hasta el fondo antes de poder hacer algo con ellas, no eres lento.
Estás usando un sistema operativo diferente. Uno que no va en línea recta sino en espirales. Uno que necesita intensidad para arrancar y novedad para seguir.
Rosalía nunca ha dicho que tenga TDAH. Y no me corresponde a mí decirlo. Pero su forma de crear, de estudiar, de obsesionarse y de reinventarse es un espejo para muchos cerebros que funcionan así y que llevan toda la vida pensando que están rotos.
No están rotos. Están usando el modo intensidad. Y cuando le encuentras la salida correcta a esa intensidad, lo que sale puede ser extraordinario.
Si alguna vez te han dicho que te obsesionas demasiado con las cosas, que saltas de un interés a otro sin lógica aparente, que eres demasiado intenso, quizá tu cerebro simplemente funciona a otro ritmo. El primer paso es entender cómo.
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