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Lo que Marie Antoinette enseña sobre el aburrimiento TDAH

Marie Antoinette se construyó una granja para no aburrirse. Si tienes TDAH, su historia te va a resultar incómodamente familiar.

tdahfamosos

Marie Antoinette se construyó una granja entera dentro de Versalles porque se aburría.

Antes de juzgarla, piensa en cuántas veces has empezado un proyecto nuevo solo porque el anterior dejó de ser interesante. Cuántas pestañas abiertas tienes ahora mismo. Cuántos cursos a medias. Cuántas ideas "geniales" que duraron exactamente tres días y medio antes de que tu cerebro decidiera que ya no le importaban.

La reina de Francia se construyó una aldea con casitas, animales y un molino. Tú te has descargado diecisiete apps de productividad que no has abierto después del primer día. La escala es distinta. El mecanismo es exactamente el mismo.

¿Por qué el aburrimiento es tan insoportable para un cerebro con TDAH?

Para un cerebro neurotípico, el aburrimiento es incómodo. Como un jersey que pica un poco. Molesta, pero puedes vivir con él. Sigues haciendo lo que tienes que hacer, y el aburrimiento se va solo cuando la tarea termina.

Para un cerebro con TDAH, el aburrimiento no pica. Quema.

Hay una explicación biológica detrás. El cerebro con TDAH tiene un sistema de dopamina que funciona de forma diferente. No es que no produzca dopamina. Es que la gestiona peor. Necesita más estímulo para alcanzar el mismo nivel de activación que un cerebro neurotípico consigue con una tarea normal. Y cuando el estímulo no llega, el cerebro entra en una especie de modo ahorro de energía donde todo parece gris, lento e insoportable.

Eso no es pereza. Es neurología.

Y eso es lo que probablemente le pasaba a Marie Antoinette cada vez que se sentaba en una cena de protocolo que duraba cuatro horas. Su cerebro pedía algo, lo que fuera, y la única respuesta que le daba Versalles era: más protocolo.

La dopamina busca salida por donde puede

Cuando tu cerebro necesita estímulo y no lo encuentra en lo que tiene delante, se lo busca. Siempre. No es una decisión consciente. Es automático. Como rascarte cuando te pica algo.

Marie Antoinette lo buscaba en la ropa. En las fiestas. En las apuestas. En montar una aldea de fantasía donde podía fingir que su vida no estaba regulada al milímetro. Era su cerebro buscando desesperadamente algo que le diera la activación que los rituales de la corte le negaban.

Tú lo buscas en el móvil. En abrir el frigorífico sin hambre. En empezar un proyecto nuevo cuando llevas dos semanas con uno que ya no te emociona. En cambiar de serie a la mitad porque "se puso lenta". En comprar algo online que no necesitas, sentir ese pequeño subidón, y olvidarte del paquete cuando llega.

Rembrandt hacía lo mismo con las compras

El ciclo que nadie te explica

Hay un ciclo que todas las personas con TDAH conocen, aunque no sepan ponerle nombre.

Primero: descubres algo nuevo. Un hobby. Un proyecto. Una idea. Y tu cerebro se enciende como una hoguera. Todo es emoción. Todo es urgente. Sientes que esto sí, que esto es lo tuyo, que nunca habías estado tan motivado.

Segundo: pasan los días o las semanas. La novedad se va. El proyecto sigue ahí, pero ya no brilla. Las tareas se vuelven repetitivas. Y tu cerebro empieza a apagarse. No de golpe. Poco a poco. Como una vela a la que le falta oxígeno.

Tercero: el aburrimiento. La tarea que antes te emocionaba ahora te resulta físicamente difícil de hacer. Abres el portátil, miras el proyecto, y tu cuerpo entero dice "no". No por falta de ganas. Por falta de dopamina.

Cuarto: algo nuevo aparece. Otra idea. Otro proyecto. Otro brillo. Y el ciclo empieza otra vez.

Marie Antoinette vivió ese ciclo durante años. Moda. Teatro. Juego. Granja. Cada fase con una intensidad absurda. Cada abandono con una velocidad que dejaba a la corte flipando. Las reinvenciones de Bowie seguían un patrón similar. Ziggy Stardust, el Duque Blanco, electrónica, jazz. No era estrategia de marketing. Era un cerebro que necesitaba quemar una identidad entera para sentirse vivo otra vez.

La diferencia es que a Bowie se lo celebraron. A Marie Antoinette se lo reprocharon. Y a ti probablemente te lo reproches a ti mismo.

Lo que puedes hacer con esto (que Marie Antoinette no pudo)

Marie Antoinette vivió en un siglo donde nadie sabía qué era el TDAH. No tenía nombre para lo que sentía. No tenía estrategias. No tenía a nadie que le dijera "tu cerebro funciona así, y hay formas de trabajar con él en vez de contra él".

Tú sí.

El aburrimiento TDAH no se cura con fuerza de voluntad. No se soluciona "poniéndole más ganas". Eso es como decirle a alguien con miopía que mire más fuerte. No funciona así.

Lo que sí funciona es entender el mecanismo. Si sabes que tu cerebro va a perder interés cuando la novedad se acabe, puedes diseñar tus proyectos para inyectar novedad de forma artificial. Cambiar el orden de las tareas. Trabajar en sprints cortos. Alternar entre dos o tres proyectos para que cuando uno se apague, otro te mantenga activo.

Si sabes que el aburrimiento te empuja a buscar estímulo compulsivamente, puedes tener estímulos preparados que no te destrocen la tarde. Un paseo. Cinco minutos de música. Cambiar de espacio. Cualquier cosa que le dé a tu cerebro lo que necesita sin mandarte al agujero negro de las redes sociales o de las compras online.

No es perfecto. Nunca va a ser perfecto. Un cerebro con TDAH siempre va a necesitar más estímulo que los demás. Pero la diferencia entre Marie Antoinette y tú es que tú puedes entender por qué te pasa lo que te pasa. Y eso, aunque no lo parezca, cambia las reglas del juego.

La granja no era el problema

Marie Antoinette

El aburrimiento TDAH no es "estar sin hacer nada". Es que tu cerebro necesita algo que no tiene y te castiga por ello. Es la incapacidad física de quedarte en una tarea que ya no genera recompensa. Es el impulso irrefrenable de buscar lo nuevo, lo brillante, lo que sea que encienda otra vez la hoguera.

Y no es un defecto de carácter. Es cómo estás cableado.

Cuanto antes lo entiendas, antes dejas de construir granjas metafóricas para escapar de ti mismo. Y empiezas a construir sistemas que funcionen con tu cerebro, no contra él.

Si te has sentido identificado con algo de esto, puede que tu cerebro funcione de una forma que nadie te ha explicado. Entender cómo es el primer paso para dejar de pelearte contigo mismo.

Hacer el test de TDAH

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