Volver al blog

Buscar el móvil mientras lo tienes en la mano: TDAH en estado puro

Llevas 5 minutos buscando el móvil por toda la casa. Lo tienes en la mano. Mientras hablas por él. Así funciona un cerebro con TDAH.

tdah

Estaba hablando por teléfono con mi madre.

Llevaba unos tres minutos de conversación cuando necesité mirar la hora. Bajé el móvil de la oreja, miré la pantalla, y volví a la llamada. Todo bien.

Diez segundos después quise buscar algo en Google. Me levanté del sofá, fui a la cocina, miré en la encimera. Nada. Volví al salón, miré en la mesa. Nada. Revisé los bolsillos del pantalón. Tampoco. Empecé a apartar cojines del sofá con una mano mientras con la otra sujetaba... el móvil.

El móvil que estaba buscando.

El que tenía en la mano.

El que llevaba pegado a la oreja durante toda la búsqueda.

Le dije a mi madre "espera un momento, que no encuentro el móvil". Y ella, sin pestañear, me dijo: "¿Con qué me estás hablando, hijo?"

Silencio.

Hay momentos en la vida en los que te cuestionas todo. Este fue uno de ellos.

¿Cómo puedes buscar algo que ya tienes?

Parece imposible. Parece de chiste. Y lo es, hasta que te pasa. Entonces ya no tiene tanta gracia.

Lo que ocurre es que tu cerebro con TDAH no procesa las cosas como un cerebro neurotípico. Un cerebro normal tiene claro qué está haciendo en cada momento. Hablar por teléfono. Punto. No necesita recordarse a sí mismo que el teléfono está en la mano porque esa información se mantiene activa en segundo plano.

Tu cerebro con TDAH no funciona así. Tu cerebro tiene la capacidad de atención de un pez que además está intentando hacer tres cosas a la vez. La información sobre lo que estás sujetando se cae de la memoria de trabajo en el mismo instante en que aparece un pensamiento nuevo. "Necesito buscar algo en Google" entra con tanta fuerza que expulsa todo lo demás. Incluido el dato fundamental de que el móvil está en tu mano. Ahora mismo. Mientras lo buscas.

Es el mismo mecanismo que hace que entres en una habitación y olvides a qué venías. Tu cerebro no borra la información a propósito. Simplemente la suelta. Sin avisar. Sin hacer ruido. Como un camarero al que se le cae una bandeja pero en silencio y sin que nadie se dé cuenta, ni siquiera él.

No es solo el móvil

Lo del móvil en la mano es el ejemplo estrella. El que todo el mundo conoce. Pero la realidad es que esto te pasa con todo.

Buscas las gafas que llevas puestas. Buscas el boli que tienes detrás de la oreja. Buscas la taza de café mientras la estás sujetando con la otra mano. Buscas las llaves que acabas de dejar en un sitio hace 8 segundos. Ocho. Segundos.

Una vez busqué el mando de la tele durante 10 minutos. Estaba sentado encima de él. No metafóricamente. Literalmente sentado encima. Mi trasero era la funda del mando y yo no lo sabía.

Y lo peor no es que pase. Lo peor es la frecuencia. Un neurotípico busca algo que tiene encima y le resulta gracioso. Le pasa una vez cada seis meses y se ríe. Tú lo haces tres veces por semana y ya no te ríes. Te preguntas si estás perdiendo la cabeza.

No la estás perdiendo. Tu memoria de trabajo tiene la capacidad de un post-it mojado. Eso es todo.

¿Por qué tu cerebro te sabotea así?

La memoria de trabajo es esa parte del cerebro que retiene la información que necesitas en este momento. No la de ayer. No la de hace un año. La de ahora mismo. Lo que estás haciendo. Dónde has dejado las cosas. Qué ibas a decir.

En un cerebro con TDAH, esa memoria tiene fugas. Es como una olla con agujeros. Puedes llenarla de agua, pero se va vaciando por sitios que no controlas. Y cuando necesitas esa información, ya no está.

Por eso buscas el móvil mientras lo tienes en la mano. Tu cerebro recibió la información "el móvil está en tu mano derecha", la procesó durante un instante, y la soltó. Cuando llegó el pensamiento "necesito el móvil para buscar algo", fue a mirar en la memoria de trabajo y no encontró nada. Así que hizo lo único que sabe hacer: buscar desde cero. Por la encimera. Por los bolsillos. Por debajo de los cojines.

Es el mismo patrón que cuando abres una app en el móvil y olvidas a qué entrabas. Tu cerebro pasa de una tarea a la siguiente tan rápido que la primera se desvanece. No es que no te importe. Es que tu cerebro no le dio tiempo a grabarla.

La cara que pones cuando te das cuenta

Hay un momento muy concreto. Ese microsegundo en el que bajas la mirada y ves el móvil en tu mano. El móvil que llevas cinco minutos buscando. El que estabas usando para hablar con alguien.

Tu cara pasa por cinco fases en medio segundo.

Confusión. Incredulidad. Un destello de risa. Vergüenza. Y luego una resignación tranquila, como de "bueno, otra vez será".

Si alguien te está viendo, intentas disimular. "Ah, sí, ya lo encontré, estaba por aquí." Nadie te pregunta dónde es "por aquí" porque todos asumen que estaba entre los cojines del sofá. Nadie sospecharía que "por aquí" era tu propia mano.

Y si estás solo, simplemente susurras algo entre dientes que no vamos a reproducir aquí. Y sigues con tu vida.

¿Tiene solución?

Solución como tal, no. No vas a reprogramar tu memoria de trabajo con fuerza de voluntad. No hay un truco mágico que haga que tu cerebro deje de soltar información cada vez que le da la gana.

Pero hay algo que sí puedes hacer: dejar de sentirte idiota por ello.

Porque no eres idiota. Eres una persona con un cerebro que procesa la información de forma diferente. Que no retiene ciertas cosas en segundo plano. Que necesita recordatorios externos para lo que otros dan por hecho.

El gancho al lado de la puerta para las llaves. La funda llamativa para el móvil. Decir en voz alta "el móvil está en mi mano" como si fueras un narrador de tu propia vida.

Suena ridículo, pero funciona. Porque cuando verbalizas algo, usas otra vía de procesamiento. Le das a tu cerebro una segunda oportunidad de registrar la información. Es como enviar el mismo mensaje por dos canales distintos por si uno falla.

Y falla. Siempre falla alguno. Pero al menos con dos tienes más opciones.

El problema real no es el móvil

El problema real es lo que sientes después.

Cuando buscas el móvil que tienes en la mano y te das cuenta, no solo te sientes tonto. Sientes algo más profundo. Una mezcla de frustración y cansancio que se acumula con los años. Porque no es un incidente aislado. Es el patrón de toda tu vida. Buscar cosas que tienes delante. Olvidar lo que ibas a decir. Perder el hilo de una película. Salir de casa, volver a por algo, y dejarte otra cosa dentro.

Y cada vez que pasa, una vocecita te dice: "¿Cómo puedes ser tan despistado?" Pero no es despiste. Es neurología. Es un cerebro que funciona diferente. Y cuanto antes lo entiendas, antes dejas de castigarte por algo que no está en tu mano.

Bueno, sí. En tu mano está el móvil. Eso al menos ya lo sabemos.

Si esto te ha sonado demasiado familiar, no es casualidad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero sí un primer paso para entender por qué tu cerebro hace estas cosas. 10 minutos.

Relacionado

Sigue leyendo