Mi rendimiento depende de mi estado de ánimo del día
Hay días que puedes con todo y días que no puedes ni abrir el portátil. Tu rendimiento depende de cómo te sientes, no de cuánto sabes.
Hay días que eres imparable. Te sientas, arrancas, las tareas caen una detrás de otra y piensas "ojalá todos los días fueran así".
Y hay días que no puedes ni abrir el portátil. Que la sola idea de mirar tu lista de tareas te provoca algo entre la pereza y las náuseas. Y no sabes por qué. No ha pasado nada especial. No dormiste mal. No tienes ningún problema gordo. Simplemente hoy no puedes.
Y mañana, a lo mejor, vuelves a ser imparable.
Sin lógica. Sin patrón. Sin previo aviso.
¿Por qué tu rendimiento cambia de un día para otro?
Porque tu sistema de motivación no funciona con interruptores sino con el clima.
Me explico. La mayoría de gente tiene un nivel de motivación base que es más o menos estable. Hay variaciones, claro. Pero pueden sentarse a trabajar incluso cuando no les apetece porque su cerebro tiene un mecanismo que dice "no me apetece, pero lo hago igualmente".
Tu cerebro no tiene ese mecanismo. O lo tiene averiado.
Tu motivación depende de cómo te sientes en ese momento exacto. No de lo que sabes que tienes que hacer. No de las consecuencias de no hacerlo. De cómo te sientes. Punto.
Es como un barco sin ancla. Cuando el mar está tranquilo, navegas fenomenal. Cuando hay tormenta, no puedes hacer nada. Y la tormenta viene cuando le da la gana.
¿Es normal que tu humor dicte tu productividad?
Hasta cierto punto, a todo el mundo le pasa. Nadie rinde igual un lunes que un viernes. Nadie rinde igual con dolor de cabeza que sin él.
Pero hay una diferencia entre "hoy estoy menos motivado" y "hoy literalmente no puedo arrancar y no sé por qué". Si la diferencia entre tu mejor día y tu peor día es un abismo, si tus compañeros rinden más o menos parecido todos los días y tú vas de un extremo a otro, eso ya no es "normal".
Eso es un sistema de regulación emocional que no funciona de forma estándar.
Y en adultos con TDAH, esto es pan de cada día. La desregulación emocional no está en los criterios oficiales del DSM-5 pero sí está ampliamente documentada por investigadores como Russell Barkley. Las emociones se viven con más intensidad, cambian más rápido y afectan directamente a la capacidad de trabajar.
O sea que no es que seas inconsistente. Es que tu rendimiento está atado a un sistema emocional que funciona a su manera.
¿Qué haces con los días malos?
Te lo digo por experiencia: intentar forzar un día malo a convertirse en un día bueno es como intentar que llueva empujando las nubes. No funciona y te agota.
Lo que sí funciona es tener dos modos de trabajo.
Modo bueno: tareas que requieren creatividad, decisiones importantes, cosas que necesitan tu cerebro al 100%. Esas las haces cuando estás bien.
Modo malo: tareas mecánicas, repetitivas, que no requieren pensar mucho. Ordenar archivos. Contestar emails cortos. Cosas que puedes hacer en piloto automático.
La trampa es intentar hacer tareas de modo bueno en un día de modo malo. Ahí te frustras, no avanzas, y acabas peor de lo que empezaste.
Y mira, a veces el día malo es tan malo que no puedes hacer ni las tareas mecánicas. Y está bien. No te digo que te lo tomes libre como si nada. Te digo que machacarte por algo que no controlas no va a hacer que rindas más. Solo va a hacer que te sientas peor.
¿Puedes al menos predecir los días malos?
Más o menos. No con exactitud, pero sí con patrones.
Yo he aprendido que después de un día de hiperfoco intenso - de esos de 12 horas sin parar - al día siguiente soy inútil. Mi cerebro gastó todo el combustible y necesita recargarse.
También he aprendido que los lunes me cuestan más si no tuve rutina el fin de semana. Que si como mal, duermo peor, y si duermo peor, rindo peor. Que la inconsistencia tiene patrones aunque no lo parezca.
Pero aun con esos patrones, hay días que no puedes predecir. Y ahí la única opción es tener flexibilidad. Si tu trabajo te lo permite, claro.
El problema es que la mayoría de trabajos no te lo permiten. Te esperan constante. Te esperan estable. Te esperan rindiendo como los demás todos los días. Y cuando no cumples esa expectativa, la conclusión es que eres vago o inconsistente.
No lo eres. Tu rendimiento funciona con otras reglas. Y cuanto antes lo entiendas, antes puedes dejar de castigarte por algo que no elegiste.
Si esto te suena demasiado familiar, no te quedes con este artículo como única referencia. Habla con un profesional. Un psicólogo o psiquiatra que pueda evaluar si hay algo más detrás de esa montaña rusa.
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