Procrastino ir a dormir cada noche aunque esté agotado

Llevas horas muerto de sueño pero sigues mirando el móvil. No es falta de voluntad. Tiene nombre y tiene explicación.

Son las 2 de la mañana. Tienes que levantarte a las 7. Llevas desde las 11 pensando "en diez minutos me voy a la cama".

Ya van seis "diez minutos".

No tienes ni idea de qué estás haciendo con el móvil a estas horas. Haces scroll por nada. Cambias de app. Vuelves a la misma. Cierras el móvil. Lo vuelves a abrir. Y en algún rincón de tu cabeza hay una voz que dice "para, que mañana estás muerto". Y no paras.

Eso tiene nombre. Se llama procrastinación del sueño. Y no tiene nada que ver con no querer dormir.

¿Por qué procrastinas ir a dormir si estás agotado?

A ver, porque esto es lo que no cuadra, ¿no?

Cuando procrastinas una tarea, tiene cierta lógica. La tarea es aburrida, la evitas. Tiene sentido, aunque sea una mala idea. Pero esto es diferente. Estás agotado. Quieres dormir. No tienes nada mejor que hacer. Y aun así, no te mueves.

Es como si tu cuerpo dijera "necesito dormir" y tu cerebro dijera "sí, ahora voy" y luego no fuera. Una y otra vez.

Lo que está pasando es esto: tu cerebro está buscando el único momento del día en el que nadie le exige nada. El trabajo ya terminó. Las obligaciones ya terminaron. Por fin eres libre. Y aunque estés muerto, hay una parte de ti que no quiere renunciar a esa libertad. Aunque la uses para ver vídeos de gatos o hacer scroll por cuentas de gente que no conoces de nada.

Los psicólogos lo llaman "procrastinación del sueño por venganza". La venganza es contra el día. Porque el día fue largo, exigente, lleno de cosas que tenías que hacer. Y ahora reivindicas el tiempo tuyo aunque te cueste el sueño de mañana.

Es irracional. Lo sé. Pero tiene sentido si entiendes cómo funciona el cerebro cuando está en modo supervivencia.

El problema del tiempo libre que llega tarde

Esto me pasaba a mí constantemente. Y tardé bastante en entender qué era.

Terminaba el día con la sensación de que no había hecho nada para mí. Había trabajado, había resuelto cosas, había estado disponible. Pero nada de todo eso era mío. Era para el trabajo, para el proyecto, para lo que tocaba.

Y a las 11 de la noche, por fin, nadie me necesitaba.

Pues mira, te diré lo que hacía: cualquier cosa menos dormir. No porque esa cosa fuera tan buena. Sino porque era mía. Elegida por mí. Sin que nadie me dijera qué tenía que hacer con ese rato.

O sea, no estaba disfrutando de verdad. Estaba resistiendo. Resistiendo el momento de cerrar el día y reconocer que volvería a empezar mañana.

Y aquí está la trampa: el cansancio no ayuda. De hecho, empeora las cosas. Porque cuando estás agotado, tu capacidad para tomar decisiones racionales baja a cero. La parte de tu cerebro que dice "esto es una mala idea, vete a dormir" se va apagando. Y la parte que dice "un vídeo más, uno solo" se queda encendida y funcionando de maravilla.

Es como intentar frenar con los frenos gastados. Cuanto más lo necesitas, menos te responden.

Cuando el problema no es solo cansancio

Mira, hay algo que me parece importante decir aquí.

Si esto te pasa de forma sistemática. Si llevas meses, o años, sin poder irte a la cama a una hora razonable aunque quieras. Si sientes que tu cabeza sencillamente no sabe desconectar al final del día. Si eso que he descrito de "busco libertad aunque no la disfruto" resuena mucho... puede que haya algo más debajo.

La dificultad para regular el sueño, para hacer la transición entre actividades, para "apagar el cerebro" a voluntad, es uno de los síntomas menos conocidos del TDAH en adultos. No el más famoso, que ese sigue siendo el niño que no para quieto en clase. Pero sí uno de los más frecuentes.

A mí me lo explicó mi psiquiatra y fue de esas veces que piezas que no encajaban de repente encajan todas a la vez.

No estaba procrastinando el sueño porque fuera indisciplinado. Estaba procrastinando el sueño porque mi cerebro tiene un problema real con la regulación del tiempo y la transición entre estados. Cuando está en un modo, le cuesta salir de ese modo. Da igual que ese modo sea "trabajar" o "ver el móvil en el sofá". El cambio no es fácil.

Y la consecuencia de dormir mal, claro, es que al día siguiente no puedo concentrarme si no he dormido bien. Que es otro tema que tengo escrito y que seguramente te resultará muy familiar.

Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Si sospechas que algo así puede aplicarte, habla con un psicólogo o psiquiatra. Pero sí tiene sentido saberlo para dejar de culparte solo a ti.

Lo que a mí me ha funcionado (y lo que no)

Voy a ser honesto. No hay una solución que resuelva esto de golpe.

Lo primero que probé fue la disciplina bruta. Pongo la alarma de "hora de dormir" en el móvil a las 11. La silenció mi propio yo del futuro. Con alegría, además.

Luego probé el clásico de "nada de pantallas una hora antes". Duró tres días. Porque el problema no era la pantalla, era que no tenía nada que hacer en esa hora que no fuera mirar el techo y pensar en cosas que me estresaban.

Lo que sí ha ido ayudando, y te lo digo sin promesas de que a ti te vaya a funcionar igual, es entender el mecanismo. Saber que eso que hago a las 2 de la mañana no es placer real. Es resistencia. Es una forma de decirle al día que todavía no ha ganado.

Cuando lo veo así, puedo preguntarme: ¿qué necesito realmente ahora mismo? ¿Que el día no haya ganado? ¿O dormir para que mañana no sea un desastre?

Y a veces esa pregunta funciona. Y a veces no. Es lo que hay.

También me ha ayudado entender que el autocuidado, incluido el dormir a tiempo, es algo que tiendo a procrastinar en general. No es solo el sueño. Es ducharme. Comer bien. Hacer ejercicio. Todo eso que sé que es bueno para mí y que mi cerebro pospone como si no fuera urgente.

Spoiler: es urgente. Pero el cerebro que procrastina no maneja bien la urgencia de las cosas que no tienen consecuencias inmediatas.

El ciclo que se retroalimenta

Aquí está el problema gordo de verdad.

No duermes bien. Al día siguiente estás agotado. El día cuesta el doble. Te sientes más desbordado, más frustrado, más sin tiempo. Al final del día necesitas más tiempo tuyo. Procrastinas más el sueño. No duermes bien.

Y vuelta a empezar.

Es un ciclo, y los ciclos no se rompen con fuerza de voluntad. Se rompen con palancas en los puntos correctos. Y el primer punto correcto es entender qué está pasando de verdad, no solo decirse "soy un desastre y necesito más disciplina".

Porque como le pasa a mucha gente a la que le cuesta todo más que a los demás, el problema muchas veces no es la cantidad de esfuerzo. Es que se está intentando con las herramientas equivocadas.

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