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Rebajas de enero con TDAH: tu cerebro ve un 70% y pierde los frenos

Un 70% de descuento desactiva tu córtex prefrontal. Con TDAH, las rebajas son una trampa de dopamina con tarjeta de crédito.

tdah

Un 70% de descuento. Letras rojas. Cartel enorme. Tu córtex prefrontal acaba de irse a tomar un café.

Con TDAH, las rebajas de enero no son una oportunidad. Son una trampa de dopamina con tarjeta de crédito. Y tu cerebro, el muy traidor, ya está sacando la cartera antes de que tú puedas decir "no lo necesito".

Porque no lo necesitas. Eso ya lo sabes. Lo sabías antes de entrar en la tienda. Lo sabías antes de abrir la app. Lo sabías mientras metías tres cosas en el carrito. Y lo vas a saber cuando llegue la factura de la tarjeta en febrero. Pero entre "lo sé" y "lo hago" hay un abismo del tamaño de un centro comercial en rebajas.

¿Qué tiene un descuento que hace que tu cerebro TDAH pierda el control?

Dopamina. Así de simple y así de jodido.

Tu cerebro con TDAH tiene un sistema de recompensa que funciona con sus propias reglas. La dopamina, ese neurotransmisor que te dice "esto mola, quiero más", en un cerebro neurotípico se libera de forma regulada. Un poquito aquí, un poquito allá, suficiente para motivarte sin volverte loco.

En tu cerebro con TDAH, la dopamina es como el agua en una tubería vieja. O no sale nada, o sale a presión y te empapa entero.

Y un descuento del 70% es un chorro a presión directamente en el centro de recompensa.

Piensa en lo que pasa cuando ves esas letras rojas. No piensas "voy a valorar si necesito esto". Piensas "me lo llevo". Es instantáneo. Es automático. Es tu cerebro diciendo "esto me da placer ahora mismo y ahora mismo es lo único que existe". Porque para un cerebro con TDAH, el ahora es lo único que existe. El futuro es un concepto abstracto que vive en algún lugar entre "ya lo pensaré" y "me da igual".

El córtex prefrontal, esa parte del cerebro que se supone que frena los impulsos, evalúa consecuencias y dice "espera, ¿de verdad necesitas unas terceras zapatillas de running si no corres?", en tu cerebro funciona a medio gas. Y cuando le pones delante un estímulo tan potente como unas rebajas, directamente se va de vacaciones.

La trampa del "me estoy ahorrando dinero"

Esta es la mejor. La historia que tu cerebro se cuenta para justificar lo injustificable.

"Costaba 200 y me lo he llevado por 60. Me he ahorrado 140 euros."

No. Te has gastado 60 euros en algo que no necesitabas. No te has ahorrado nada. Te has gastado dinero que no tenías presupuestado en un objeto que no estaba en ninguna lista. Pero tu cerebro es un abogado brillante cuando se trata de defender sus impulsos. Busca argumentos, encuentra lógica donde no la hay, y te convence en 0,3 segundos de que estás haciendo una inversión inteligente.

Y si tu relación con el dinero ya es complicada por el TDAH, las rebajas son gasolina en una hoguera. Porque no es solo un impulso. Es un impulso con validación social. Todo el mundo compra en rebajas. Es "lo normal". Es "lo inteligente". Y tu cerebro usa esa validación como excusa perfecta.

El patrón que se repite cada enero

Semana 1: rebajas. Compras. Euforia. Dopamina. "Qué chollos me he pillado."

Semana 2: llegan los paquetes. Abres uno, dos. El tercero lo dejas en la entrada sin abrir. Porque la dopamina ya no está. La dopamina estaba en el acto de comprar, no en el objeto. El objeto es solo el envoltorio vacío de un subidón que duró 30 segundos.

Semana 3: miras la cuenta del banco. Sientes un nudo en el estómago. "¿Cuánto me he gastado?" La cifra te sorprende. Siempre te sorprende. Porque cuando comprabas no estabas sumando. Tu cerebro no suma en modo impulso. Tu cerebro en modo impulso solo sabe decir "sí".

Si alguna vez has hecho compras a las 3 de la mañana con el móvil en la cama, sabes exactamente de qué hablo. Ese momento en el que tu fuerza de voluntad está bajo mínimos, la pantalla brilla en la oscuridad, y tu dedo pulsa "comprar" como si tuviera vida propia.

Semana 4: culpa. Vergüenza. "Soy un desastre con el dinero." Y a veces devoluciones. Pero devolver requiere organización, plazos, empaquetar, ir a correos. Y si algo no se lleva bien con el TDAH son los trámites con fecha límite. Así que la mitad de las cosas se quedan. Sin usar. Sin devolver. Ocupando espacio. Como esas suscripciones que olvidas cancelar y que llevan meses cobrándote sin que te enteres.

Tres frenos que puedes poner antes de que tu cerebro los quite

No te voy a decir "no compres en rebajas". Es como decirle a alguien con TDAH "solo concéntrate". Inútil.

Lo que sí puedes hacer es meter obstáculos entre el impulso y la tarjeta.

La regla de las 48 horas. Lo metes en el carrito pero no compras. Esperas 48 horas. Si pasadas esas 48 horas todavía lo quieres, lo compras. Lo que descubrirás es que el 80% de las veces ni te acuerdas de lo que habías metido. Porque no lo querías. Querías el chute de dopamina de meterlo en el carrito. Y eso ya lo tuviste gratis.

Una cifra antes de salir de casa. Antes de entrar en la tienda o en la app, decides cuánto vas a gastar. Lo escribes. En el móvil, en un post-it, donde sea. Y cuando llegas a esa cifra, paras. No es fuerza de voluntad. Es una decisión tomada en frío cuando tu córtex prefrontal todavía estaba en su puesto. Porque en caliente, ya sabes lo que pasa.

Elimina la fricción cero. Las compras impulsivas son fáciles porque están diseñadas para serlo. Un clic. Compra directa. Tarjeta guardada. Tu trabajo es añadir fricción. Quita la tarjeta guardada del navegador. Desinstala las apps de tiendas. Desactiva las notificaciones de ofertas. Cada segundo de fricción que añades es un segundo en el que tu córtex prefrontal tiene oportunidad de volver de su café y decir "eh, para".

No eres irresponsable. Tu cerebro tiene un freno de mano flojo.

La gente que no tiene TDAH no entiende lo que es vivir con un cerebro que dice "sí" a todo lo que brilla. No entiende que no es falta de disciplina. Que no es ser caprichoso. Que no es no saber gestionar el dinero. Es tener un sistema de frenado que funciona a ratos. Y las rebajas son el test de estrés definitivo para ese sistema.

Lo que sí puedes hacer es dejar de machacarte por ello y empezar a diseñar tu entorno para que te proteja de ti mismo. Porque la fuerza de voluntad es un recurso finito, y el tuyo se agota más rápido que el de la media. No es justo. Pero es lo que hay. Y funciona mejor diseñar barreras que rezar para ser fuerte.

Las rebajas de enero se acaban. Tu cerebro sigue funcionando así. La diferencia es que ahora lo sabes. Y saberlo, aunque no lo parezca, ya es el primer freno.

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