Suscripciones que olvidas cancelar: el impuesto invisible del TDAH
Gym, Netflix, apps que usaste dos días. El cerebro TDAH se suscribe en el pico de entusiasmo y luego olvida. El impuesto invisible que pagas cada mes.
Abrí el extracto del banco un domingo por la tarde y me quedé mirando la pantalla sin entender qué estaba viendo.
Headspace. Audible. Una app de hábitos que ni reconocía. Otro cargo de algo que ponía "Premium" y un nombre en inglés con logo de cohete. El gimnasio. Una plataforma de meditación distinta a Headspace porque, por lo visto, en algún momento decidí que necesitaba dos.
Setenta y cuatro euros. En servicios que no había usado ese mes.
Ni ese mes ni el anterior.
Ni, si soy honesto, en los últimos cuatro meses.
Setenta y cuatro euros que se iban solos, cada mes, sin hacer ruido, mientras yo seguía creyendo que "controlaba mis gastos".
¿Por qué te suscribes a todo y no cancelas nada?
La respuesta corta es: porque te suscribiste en el pico de entusiasmo, y cuando el entusiasmo bajó, tu cerebro ya había pasado a otra cosa.
La respuesta larga es que el TDAH te hace especialmente vulnerable a este bucle en concreto.
Cuando descubres algo nuevo, cuando una app te parece la solución a todos tus problemas, cuando el gym de tu barrio tiene oferta de enero, tu cerebro suelta un chute de dopamina enorme. La novedad es una de las pocas cosas que activa de verdad el sistema de recompensa del cerebro con TDAH. Y en ese pico, suscribirte parece la mejor decisión de tu vida.
Headspace va a cambiar tu relación con el estrés.
El gimnasio va a ser diferente esta vez.
Audible te va a hacer leer por fin todos esos libros.
Tu cerebro lo cree de verdad. No te está mintiendo a propósito. En ese momento, en ese pico, es genuino.
El problema llega tres días después, cuando la novedad se evapora. El cerebro con TDAH no mantiene el interés sin estimulación constante. Y una app de meditación, pasada la emoción inicial, es aburrida. El gym, sin la motivación del primer día, es un compromiso. Audible, cuando no estás en el pico, es una lista de libros que miras desde lejos.
Y cancelar, claro. Cancelar ya lo harás mañana.
El impuesto que nadie ve
Hay una frase que me quedó grabada cuando empecé a pensar en esto: estás pagando por la versión de ti que querías ser.
No por lo que eres. Por lo que ibas a ser.
El tú que medita cada mañana. El tú que va al gym tres veces por semana. El tú que lee un libro al mes escuchando Audible mientras cocina. El tú organizado, el tú tranquilo, el tú productivo.
Ese tú existe en el momento de suscribirte. Después desaparece. Y las suscripciones se quedan.
Con el TDAH y el dinero pasa algo muy concreto: tu cerebro prioriza lo inmediato y no puede sentir el futuro como algo real. Así que la idea de "ya cancelaré" no genera urgencia. No hay dolor presente. El cargo ya pasó. La próxima renovación es dentro de un mes. Un mes es el futuro, y el futuro no existe.
Así que lo dejas.
Y al mes siguiente lo dejas otra vez.
Y así.
Esto no es un problema de organización. Es un problema de cómo tu cerebro gestiona el tiempo y la memoria prospectiva, que es la habilidad de recordar hacer algo en el futuro. Una habilidad que el TDAH machaca bastante.
El mismo mecanismo que hace que tengas la bandeja de entrada con miles de emails sin leer es el que hace que no canceles el plan Premium de una app que usaste dos días en marzo.
Cuánto suma, exactamente
Este es el ejercicio que más duele.
Coge el extracto de este mes y suma todo lo que tenga pinta de suscripción. Spotify, Netflix, HBO, Amazon Prime, el gym, Headspace, Audible, Adobe, cualquier cosa con un cobro recurrente.
Ahora tacha lo que hayas usado esta semana.
Lo que queda es tu impuesto TDAH.
Para mucha gente son entre 50 y 150 euros al mes. Más de 1.000 euros al año. No en un gasto grande y visible. En goteo constante, invisible, de cosas que en algún momento parecieron importantes.
Y lo peor no es el dinero en sí. Lo peor es que ni te das cuenta. No lo sientes. No hay una decisión de gastarlo. Simplemente se va.
Es diferente a meterte en deudas por un impulso, que al menos tiene un momento claro donde dices "quiero esto". Las suscripciones zombi no requieren ninguna decisión activa. Solo requieren que no hagas nada. Y no hacer nada es exactamente lo que el TDAH te facilita cuando algo no genera urgencia inmediata.
Tres cosas que funcionan (sin requerir disciplina perfecta)
No te voy a decir que te organices mejor. Ya sé que eso no funciona como consejo aislado.
Lo que funciona es reducir la carga cognitiva al mínimo. Que el sistema trabaje por ti, no al revés.
Revisión trimestral en el calendario. No mensual, que es demasiado frecuente y te da pereza. Trimestral. Cuatro veces al año. Un evento fijo, con alarma, que diga "revisar suscripciones". Solo necesitas 20 minutos: abres el banco, buscas los cobros recurrentes, y cancelas todo lo que no hayas usado. Si no está en el calendario como evento real, no existe. Tu cerebro necesita el ancla externa.
Tarjeta virtual con límite para suscripciones. Algunos bancos permiten crear tarjetas virtuales. Crea una con un límite mensual razonable, solo para suscripciones. Cuando llega al límite, los cobros fallan y te avisan. De repente tienes visibilidad de lo que se está yendo sin tener que mirar el extracto línea a línea. La fricción del límite hace el trabajo que tu memoria prospectiva no puede hacer.
App de seguimiento. Hay aplicaciones como Blobby, Bobby, o Subtrack que se conectan con tu banco o donde introduces las suscripciones a mano. Te muestran cuánto gastas en recurrentes y cuándo se renueva cada una. El problema con el TDAH y las suscripciones es de visibilidad: lo que no está frente a ti no existe. Una app que te lo pone todo junto lo hace existir.
No es magia. Es poner barreras donde tu cerebro tiene puntos ciegos.
La versión de ti que querías ser
Lo de las suscripciones no es un fallo moral. No eres irresponsable. No eres malo con el dinero.
Eres alguien cuyo cerebro se emociona mucho con las posibilidades y luego tiene problemas para mantener la emoción cuando la novedad desaparece. Eso no es un defecto de carácter. Es cómo funciona el TDAH.
El problema es que vivimos en un mundo donde esa característica tiene un coste mensual exacto y automático. Que las empresas saben perfectamente que cuanto más difícil sea cancelar, más gente no cancela. Que los periodos de prueba gratuitos están diseñados para aprovecharse del olvido.
No es que te hayan engañado. Es que el sistema está diseñado para cerebros que recuerdan revisar estas cosas. El tuyo no. Y hasta que no lo veas así, no vas a hacer nada al respecto.
La versión de ti que quería meditar, leer y hacer ejercicio tres veces por semana no existe. Nunca existió de esa forma.
Pero la versión de ti que cierra el grifo de 70 euros mensuales que se van a ningún sitio, esa sí puede existir.
Solo necesita un recordatorio en el calendario y 20 minutos una vez cada tres meses.
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